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El caballero de la noche asciende

Cine

El caballero de la noche asciende

El caballero de la noche asciende

La Razón

00:00 / 05 de agosto de 2012

1. Fue una decepción para muchas personas. Yo sigo confundido. Hay que tomarla como lo que es: la película más representativa de nuestra década, así como El señor de los anillos fue el broche de oro de los 90. Ninguna película de superhéroes será sin este Batman, y así lo demuestran las reseteadas películas como Spider-Man o Superman.

2. Pelea de estudios. Cuando se estrenó The Dark Knight, su competencia fue Iron Man. Dos estilos muy distintos. Iron Man apostaba por el cine de entretenimiento, emociones sin mucho sentido, acción medio boluda y secueleable. La de Nolan era una película sobre la destrucción gratuita y la locura. El caos se hacía atractivo por el personaje del Guasón, que se robaba cada escena con su histrionismo. Este año, la competencia se hizo más encarnizada. Iron Man no era suficiente y lo tuvieron que combinar con Hulk, Thor, Capitán América y un arquero equis cuyo superpoder es la buena puntería. ¿El atractivo de la película?  Las secuencias de acción, la destrucción de una ciudad, Hulk como comedia. Parece que Warner  (el estudio encargado de hacer Batman) temió perder en la batalla, tal vez también Nolan. Dejaron el tema de la locura para retomar el de los villanos moralistas de proceder fundamentalista y procedencias asiáticas. “Ciudad Gótica es la cuna de la corrupción y destrozarla dará el ejemplo”. Batman se levanta y se levanta y se levanta de nuevo, Cristo en loop. La película termina como la de los vengadores, extrañamente. El héroe se enfrenta cuerpo a cuerpo con una bomba atómica, la lleva donde no pueda causar daños. El espacio exterior, el mar.

3. Si bien las escenas de Bane, especialmente la primera pelea, son impresionantes, la película es la menos oscura de la trilogía. La más gigante también. Batman líder de policías, Batman la estatua. El prometido infierno al que baja no es sino un balneario de viejos caritativos muy decentes, hábitat de reos coristas. Gilmar  Reynaldo G.

Películas en pocas palabras

Vuelve Sebastiana (cine boliviano)

Este documental argumental data de 1953. En aquellos años, Bolivia empezaba a fortalecer uno de los aparatos de propaganda más importante que el país recuerde: el Instituto Cinematográfico Boliviano. Fue entonces que, al margen de esta dependencia estatal, Jorge Ruiz realizó junto a Augusto Roca, y con guión de Luis Ramiro Beltrán, Vuelve Sebastiana. El mediometraje de Ruiz es un primer acercamiento a las culturas originarias de la nación. La historia de una niña que nació en el pueblo Uru, uno de los más antiguos de América Latina, permite que el espectador se acerque al lado más humano y contradictorio de la realidad social: aquí se reconocen diferencias y se comprenden similitudes. Vuelve Sebastiana, además de ser una obra fundamental y fundacional en la filmografía nacional, se convierte en un documento antropológico y sociológico. Esta película es uno de los hitos en la carrera de Ruiz (fallecido el reciente 24 de julio) y es inevitable mencionarla cuando pensamos en el cine boliviano. Claudio Sánchez

Naked (cine independiente)

En una época que puede reconocerse como la del posthatcherismo, Jeremiah (David Thewlis) huye de Manchester tras haber abusado de una prostituta, en el film de 1993 de Mike Leigh. Sin previo aviso, llega a casa de su exnovia en Londres y se dedica a recorrer los bajos fondos de una ciudad desolada e inhóspita. En su trayecto, este profeta nihilista (trasunto contemporáneo de Hamlet) se explaya en irónicos soliloquios sobre la decadencia y desazón de su tiempo. En cierto episodio, se refiere al efecto mariposa: una pequeña perturbación de cualquier sistema puede desencadenar consecuencias desproporcionadas. El diálogo es una alusión a las causas de la situación desastrosa del film, tal vez un mero ajuste financiero del gabinete thatcherista, pero es también un modo de articular lo particular con lo global: la situación desarraigada del cínico protagonista es la condición básica de un mundo carente de sentido, regido por la ley del más apto y tan lleno de sonido y furia como el marginal Jeremiah. Pedro Brusiloff

Cría cuervos (cine clásico)

Ana no cree en la bondad e inocencia de los niños. Para ella, la niñez ha sido un periodo largo y triste: la muerte de su madre, después de una dolorosa enfermedad, y de su padre militar, en la cama con su amante, configuran la atmósfera en la que ella desenvolverá los más terribles y enternecedores recuerdos. El film de Carlos Saura cuenta la historia de la pérdida, la muerte como un fantasma que no desaparece y el juego siniestro de lo que es posible, del tiempo como una serie de capas a través de las que se camina, día tras día, sin poder escapar de ellas. La infancia como tema fundamental se configura a través de una arriesgada composición temporal de la escena y de la puesta en abismo de la memoria, que se actúa porque se ha perdido. No se trata del trauma que se genera después de la muerte, sino de la invención de un lugar para la pérdida, aunque este lugar sea en verdad el tiempo, el murmuro de una canción: hoy en mi ventana brilla el sol, mi corazón se pone triste contemplando la ciudad, por qué te vas... Mary Carmen Molina E.

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