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Otro camino a Coqueza, cuando las fotos hablan por sí solas

Incursión de un grupo de fotógrafos al pueblo que se encuentra a orillas del Salar de Uyuni y a los pies del Tunupa.

Postal. En medio del Salar de Uyuni anegado, el fotógrafo limpia el lente de su cámara profesional antes de sacar la imagen de un amanecer que se quedará en sus recuerdos toda la vida. Foto. Pedro Laguna y Federico Ballivian

Postal. En medio del Salar de Uyuni anegado, el fotógrafo limpia el lente de su cámara profesional antes de sacar la imagen de un amanecer que se quedará en sus recuerdos toda la vida. Foto. Pedro Laguna y Federico Ballivian

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R. / La Paz

00:00 / 09 de abril de 2017

Eres tú, el silencio y la montaña”. De esa manera define el fotoperiodista Pedro Laguna el viaje a la localidad de Coqueza, que se encuentra en las faldas del volcán apagado Tunupa y a orillas del Salar de Uyuni, el sitio ideal para conseguir imágenes naturales extraordinarias. Y esa fue la razón principal para que un grupo de fotógrafos profesionales y aficionados decidieran llegar a este lugar por un camino alternativo, para que se encontraran con una especie de maná.

La ruta regular para llegar a Coqueza implica arribar primero al municipio de Uyuni, desde donde se tiene que atravesar el salar para alcanzar el territorio esperado, ubicado a 200 kilómetros de la ciudad de Potosí. Pedro ya visitó el lugar tres veces; mientras que Federico Ballivián, Juan Carlos Bejarano y Omayra Cortés —quienes forman parte del colectivo Photours— lo hicieron en un par de ocasiones. Decidieron regresar pues tenían objetivos claros: viajar por un camino alternativo, escapar de la rutina y la cotidianidad y, principalmente, redescubrir un territorio conocido pero siempre diferente.

El camino se ha transformado en una especie de isla en medio del mar de sal.

En esta época de lluvias es complicado pasar por el salar porque está inundado, así que los vehículos deben avanzar a baja velocidad con el fin de que el líquido no dañe el sistema eléctrico y ocasione que éste quede varado en medio del altiplano blanco. Por ello, en lugar de seguir camino hacia Uyuni, el jeep blanco que los transportó se desvió a la izquierda, hacia Salinas de Garci Mendoza, reconocido como terreno apto para el cultivo de quinua real y donde termina el camino asfaltado. “A mí me gusta más el camino de tierra porque hay más aventura”, afirma sonriente Federico, quien conduce el motorizado.

En cierta parte de la travesía, los amigos se toparon con un camino que se dividía en varios, algunos que conducen a minas y otros que llevan a poblaciones pequeñas que por ahora no son el objetivo principal. Gracias al GPS eligieron la ruta indicada que les llevara a su meta: Coqueza. En Salinas de Garci Mendoza el cielo estaba nublado, pero —para fortuna de los excursionistas— de un momento a otro se despejó y mostró un atardecer fantástico, con un cielo que por momentos se ponía rojo, con el fondo del Tunupa, que ya aparecía al fondo de la postal.

Llamas y ovejas caminan durante una tarde en la que el Tunupa luce su tono rojizo.

Ahí mismo, los fotógrafos recibieron una especie de regalo extra, ya que en ese momento pasaba un rebaño de llamas y ovejas. La experiencia les ha demostrado que deben estar atentos a estas escenas, con la cámara a punto para tomar las fotos. “Redescubrir desde la imagen, desde el color, desde el alma del fotógrafo”, define Pedro el momento en que ello ocurre.

Ubicado al norte del Salar de Uyuni, a los pies del Tunupa se encuentran las poblaciones de Tahua, Jirira y Coqueza. Federico visitó este último pueblo en mayo del año pasado, en época alta de turismo, por lo que había tiendas, comida y alojamiento disponibles casi todo el día; sin embargo, en esta ocasión todo estaba cerrado. En esas condiciones desfavorables se ubicaron en una cancha cercana para instalar sus carpas, aunque les resultó difícil, ya que el viento era de unos 60 kilómetros por hora, tan fuerte que arrancó y rompió la tienda de Juan Carlos, quien tuvo que refugiarse con uno de sus compañeros.

El Portal’, de Francine Secretan, ubicado en Achocalla, en el inicio de la travesía de los fotógrafos aventureros.

La noche no fue nada prometedora, pues el cielo estaba nublado y no se podía ver el horizonte. A la mañana siguiente, los visitantes fueron a buscar comida, y lo que encontraron fue una tienda pequeña a una cuadra de la plaza principal, donde les prepararon arroz con atún, que les sirvió de almuerzo y cena de la jornada anterior, y de desayuno para resistir la jornada.

Lluvias torrenciales que mojan el cuerpo en un par de segundos, vientos fuertes que arrancan hasta el ánimo, una habitación para protegerse del mal tiempo y el frío no amilanaron a los cazadores de imágenes, quienes estaban detrás del espectáculo incomparable de la naturaleza.

Es más, recibieron la bendición de ver el Tunupa pintado de blanco, imagen que muy pocas veces ocurre. El objetivo estaba casi completo, solo faltaba despertar a las tres de la madrugada para esperar el alba dentro del mar salado. En ese momento, antes de sacar la foto, los amigos sintieron esa paz que brinda Coqueza y que solo se puede demostrar con fotos. 

Los colores de los racimos de quinua son intensos, pues están a punto de ser cosechados (foto izquierda). Restos momificados de civilizaciones antiguas descansan en una cueva cerca al Tunupa.

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