Escape

La casa del futuro

The Biotope Boutique House es una casa de huéspedes que tiene un invernadero con plantas que emergen de tubos.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 31 de julio de 2019

Desde hace unos años, los edificios florecen como matorrales en Calacoto. Cual si fuera una competencia, las infraestructuras son cada vez más amplias y más altas, como escudos que se encargan de esconder los rayos del sol, en una zona con cada vez más cemento. Hay excepciones. Una de ellas está en la intersección de la calle 24 y avenida Montenegro, una casa de 300 metros cuadrados donde hay 13 habitaciones cómodas, un local de café orgánico boliviano y, fundamentalmente, un invernadero futurista, donde crecen aproximadamente 2.400 productos comestibles. Sí, todo ello en 300 metros cuadrados.

“Por mucho tiempo se ha creído que plantar cemento es desarrollo, por eso hemos crecido alejados de la naturaleza”. A tres cuadras de la iglesia de San Miguel Arcángel —en la zona Sur de La Paz—, una vivienda de rejas guindas y paredes de piedra se deja vencer por enredaderas que sobresalen hacia la calle.

A unos metros del ingreso, Lindsay Téllez —propietaria y gestora de The Biotope Boutique House— conversa con los primeros invitados mientras muele granos de café de Samaipata para preparar un expresso. Comenta que su inquietud por crear un hogar que sea amigable con el medio ambiente surgió hace casi dos años, con el objetivo de que la naturaleza se apropie y adueñe de las paredes.

“La parte fundamental para tener un ambiente ideal y que esté acorde con la supervivencia es la producción de nuestros propios alimentos”, dice. En lugar de talar árboles para poner cimientos, Téllez decidió reestructurar la vivienda.

Al cruzar el umbral cafetero, en el lado izquierdo está un comedor amplio, donde además de jugo de frutas y marraquetas crocantes se disfruta de quesos Flor de Leche que, al igual que la casa de huéspedes, es una empresa que produce sus alimentos de manera artesanal y ecológica.

En el lado derecho, el otro ambiente parece llevar al futuro. De una arboleda de tubos oscuros cuelgan verduras, hortalizas y algunos frutos. En este pequeño ecosistema, los colores son intensos. Por un lado, están los caños negros —como troncos de una selva— con plantas de color verde casi fluorescentes, mientras que en la parte superior se observa el ingreso tibio del sol acompañado en los costados por luces violeta. “Se puede cultivar de cualquier forma, con cualquier método, lo importante es tener una producción sana”, asegura Téllez, quien pese a que le dijeron que no se podía mezclar lechugas con tomates cherry, descubrió que se puede controlar las plagas de manera natural, con plantaciones de cebollas y ajos.

El invernadero —que se encuentra en 30 metros cuadrados— tiene tubos de casi tres metros de altura, donde hay macetas con una diversidad de vegetales y que no utilizan tierra, sino arena, turba y compost que se obtiene de los desechos orgánicos de la cocina. Cada cierto tiempo se escucha la circulación del agua y de compost líquido a través de los tubos, que completan el circuito del biotopo; es decir, el espacio cuyas condiciones ambientales permiten que se desarrolle una determinada comunidad de seres vivos.

Afuera, por un pequeño canal circula el agua que fue usada en las duchas, lavamanos y lavandería, que primero pasa por un proceso de filtración para culminar en una fase de biodegradación con totora. “Es un proceso continuo dentro de la vivienda”, sostiene la creadora del espacio.

A unos pasos está el jardín convencional, donde crecen betarragas, nabos, rabanitos y cebollas. En los rincones hay carpas solares pequeñas, donde se producen cilantro, apio, perejil, menta y otras hortalizas de hoja. “Generalmente hay baja producción debido a las bajas temperaturas, pero con las carpas se pueden obtener plantas”, explica Ruth Bonifaz, ingeniera agrónoma encargada de los jardines.

“Queremos que las personas que se alojan con nosotros compartan la responsabilidad con el medio ambiente y sean conscientes de la preservación de la naturaleza en la ciudad”, comenta Téllez. Por ello, para generar conciencia sobre el medio ambiente, las habitaciones de la casa de huéspedes recuerdan al salar de Uyuni, una bocamina de Potosí o la tranquilidad de Samaipata, desde donde se puede volver a practicar la agricultura en una casa que apuesta por otro desarrollo.

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