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Encomio del huayño

‘Esta forma musical de repetición por secciones con su pulsación cardinal en una corchea y dos semicorcheas ha sido concretizada y está relacionada con la organología aymara/quechua’.

Foto: El papirri

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La Razón (Edición Impresa) / El papirri

00:00 / 04 de abril de 2016

Tengo entendido que se han nombrado en los últimos años a varios productos artísticos e históricos bolivianos como patrimonio cultural. En cuanto al arte popular, tengo entendido que se declararon patrimonio cultural boliviano a varias danzas: el tinku, la morenada, el caporal, la saya afroboliviana, los tobas, la diablada, el pujllay, los ch’utas. Eso está muy bien, así tenemos un arma legal para defendernos de plagios y que el mundo reconozca el origen de estos productos artísticos, es decir dónde, en qué territorio y cultura fue creada esta danza y música. No sé si el huayño fue declarado patrimonio cultural boliviano, si es así van a disculpar y si no, igual sirven estas ideítas.

El huayño (o huayno, en Perú) es producto musical de las milenarias culturas aymara y quechua. Nació antes de la llegada de los españoles, el origen se localiza en el territorio que hoy incluye a Bolivia y Perú. Es un género matriz, que por sus bondades ha creado nuevos géneros y subgéneros. Así como el son, un género matriz que ha procreado la bachata, la salsa, la rumba, el chachachá, nuestro huayño ha dado a luz a decenas de géneros y subgéneros. Esta forma musical de repetición por secciones con su pulsación cardinal en una corchea y dos semicorcheas ha sido concretizada y está relacionada con la organología aymara/quechua. La tarkeada es un huayño. También la mohoceñada, la sicureada y la pinkillada. El caporal mestizo es hijo del huayño. El huayño en Vallegrande genera al k’aluyo. El huayño cochabambino es ahora un fenómeno del espectáculo mediante el Festipollera anual. La tonada tupiceña es un huayño lleno de luz. Los huayños potosinos hacen vibrar a sus charangos en sus cuerdas de metal, en Oruro la diablada desemboca en un huayño o cacharpaya: “Ya va a salir el tren, caballero, ya va a salir el tren”. El huayño se expande hacia el sur y forja al carnavalito: el Humahuaqueño, carnavalito del norte argentino, es un huayño mundial. Así como el blues, género matriz, madre y padre del jazz y del rock and roll, el huayño sigue reproduciéndose hacia el norte y engendra al célebre huayno peruano. Las virtuosas manos del guitarrista doctor Raúl García Zárate hacen llorar a los huaynos de Ayacucho, que se expresan también en sentidas arpas. El huayno engendra la tristemente famosa música chicha, que a su vez engendra a la cumbia villera. En cuanto a el samba, es otro género matriz que engendra el samba canción, el samba reggae, el samba enredo, el pagode, la bossa nova. De ese nivel fundamental es nuestro huayño, que en territorio aymara es sostén de la kullawada y de la llamerada. Llorando se fue, éxito folklórico que mediante plagio derivó en la Lambada, es un huayño. Como Chuquiago Marka y Boliiivia… todos huayños, éxitos de Los Kjarkas.

El año pasado se declaró patrimonio cultural boliviano a la cueca. Acá se quiebra el origen como principio patrimonial (el origen de la cueca se lo disputan aún Perú y Chile) y se plantea más bien el principio patrimonial del desarrollo de identidad. El género —de origen ajeno— se desarrolla con identidad en Bolivia, lográndose una cueca boliviana con más de 100 años de identidad y raigambre que ha generado sólidas cuecas regionales bolivianas. No sucede esto con la “diablada chilena”, pues es sencillamente la diablada orureña trasladada vía migración boliviana, apropiada sin desarrollo de identidad. Lo mismo pasa con la  “morenada peruana”.

Por eso, cuidado que a un voluntarioso diputado del Chaco se le ocurra nombrar patrimonio boliviano a la “chacarera boliviana”, caeríamos en el mismo error de apropiación sin desarrollo de identidad, la chacarera en Bolivia es la misma nomás —con algunas caóticas especificidades coreográficas— que la de su origen en el Chaco argentino: aún no cuaja su identidad.

Volviendo al tema, en cuanto a mí, he compuesto huayños potosinos con zapateadita más, como Bien le cascaremos, huayños hacia el k’aluyo como Hoy es domingo, huayños paceños como Hasta ahurita. Mi canción Alasita también tiene de madre al huayño. Otros menos conocidos son mis huayños Wiphala, la Imilla burguesa y últimamente tengo ganas de que La guacataya tenga una versión huayño-cumbia villera.

Valga nuestro homenaje al huayño, género matriz que sigue pariendo géneros y subgéneros, y también barbaridades musicales de gran éxito comercial que hacen mover el cerquillo a jóvenes, señoritas, mayorcitos y señoras. Como a las propias madres, tal vez porque está en todo lado, parece que a nuestro huayño no lo vemos ni valoramos. Hey dicho.

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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