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Mi querido Ecuador

 ‘Mi amigo Carlitos (...) se salvó de milagro. (...) Ahora solo quiere morirse. Su esposa y sus dos niñas están en la lista de fallecidos’.

Foto: El papirri

Foto: El papirri

La Razón (Edición Impresa) / El papirri

00:00 / 02 de mayo de 2016

No tengo ánimo de escribir nada. Para qué. Son más de 25.000 hermanos y hermanas ecuatorianas que viven todavía deambulando, sin techo ni hogar; niños descalzos piden agua en las carreteras, las canchas de fútbol son ahora desolados cementerios. La imagen de Manta, puerto pujante abierto al mundo, me recuerda las fotos que vi en el museo de la bomba atómica de Nagasaki. Conozco bien estos entrañables pueblos de pescadores de la cariñosa costa ecuatoriana. He perdido amigos auténticos que en momentos difíciles me alegraban el día y traían a mis urgencias laborales sus queridas voces costeras: “Te estamos esperando, Papirri, no te olvidej de traer un singanito”. Uno de ellos, Don Germán, hermoso negro de Mompiche, bello lugar a pocos kilómetros de Muisne, epicentro del terremoto, vendía unos cocos deliciosos en la playa y me contaba mañanas enteras sus historias de mares y mujeres. Viudo, con 73 años y 12 hijas, me hacía reír con sus anécdotas, éramos felices mirando el mar y pelando cocos. La tierra se lo tragó a las 19.00 horas del sábado 16 de abril de 2016.

Entonces, ¿qué cosa voy a escribir? De Milton no sé nada, lo llamo hace una semana desesperadamente. Una vez al mes llegaba su entrañable encomienda cargada de camarones y bichos marítimos con antenas, para su amigo boliviano. Nosotros le mandábamos la nuestra con pollos y frutas. Pasamos juntos el Año Nuevo de 2013 y 2014, para nuestra soledad migrante la mesa de Milton al borde del mar en la bella playa de Canoa nos regalaba una familia navideña.

Matrimonio amable de Riobamba, habían puesto todos su ahorros en el humilde y digno hostal “Luna y Sol” donde fuimos felices. Milton cantaba Bien le cascaremos mientras regaba las flores. Ambos están incluidos en la lista de hasta ahora 100 desaparecidos. Los atardeceres de Canoa con el sol anaranjado al frente y el mar arremangado quedarán siempre en mi alma. Hoy todo está destruido.

¿Qué más puedo escribir? Que somos unas pobres pulgas saltadoras. No somos nada. Nos salvó Pedernales, el rayo tembloroso venía a Quito y Pedernales se puso al frente. Pedernales, puerto mágico con sus pelícanos afeitando un mar de subida, poblado de amores sagrados y prohibidos, nos recibía generosamente a los quiteños (soy uno de ellos) que huíamos del ruido urbano y en tres horas respirábamos sus costas de sal. Hoy es un pueblo fantasma.

¿Qué quieren que les cuente? Ya… está bien. Bolivia aporta con su solidaridad, 50 rescatistas llegaron encabezados por el Ministro de Defensa y ayudaron a levantar con toda su adhesión al pueblo de Calceta, a dos horas de Manta. Los despidieron con lágrimas de agradecimiento. Evo Presidente llega en estos días a apoyar a su amigo y compañero Rafael. En el peor momento económico llegó la tragedia. Las carreteras, hospitales, escuelas del milenio, nuevitas, construidas por esta revolución de la alegría con amor, lucidez, honradez y esperanza, se cayeron, se partieron, son polvo retorcido. Llega la nueva carga solidaria de Bolivia con 150 ataúdes ecológicos. Los jóvenes dejan sus clases y universidades y se van de voluntarios a luchar por la vida de los otros. Parece que se jodió todo, menos la fe. Con la gente de nuestra embajada hicimos carpas, compramos litros de agua, recibimos donaciones de compatriotas y las entregamos. Puedo contar que el temblor me agarró en un quinto piso de departamento, parecía que un enorme diablo lo sacudía, buscaba algo con sus garras torpes en el edificio, el piso del depto se agitaba en olas de terror, mi vecina viejita se desmayó, la bajamos por las gradas, en el parque la atendió un vecino médico. La parca nos está rondando, se escucha su olor pestilente, no nos deja dormir con su amenaza constante, con su risa sarnosa y sus tormentosas 700 réplicas.

A mi amigo Carlitos, el pescador de Jama, se le cayó un hotel encima pero se salvó de milagro, es parte de los 17.000 heridos. Lo fui a ver al hospital. Ahora solo quiere morirse, su esposa y sus dos niñas están en la lista de los hasta ahora 660 fallecidos. Somos unas pobres pulgas saltadoras. Pulgas que jodimos el planeta.

Solo deseo que mi amado Ecuador levante la cabeza y continúe, con toda la dignidad posible. Una vez hice una canción apoyando una campaña por el medio ambiente, allá por 2008. Para alargar esto, pongo un poco de la letra de aquella Plegaria a la madre tierra: Madre nuestra que estás en la tierra / Santificada es el agua / Que puebla tus venas / Helechos gigantes / Vicuña encendida de vida / Madre tierra: Ten piedad de nosotros. Madre tierra que estás en el cielo / Santificado es el aire / Que ofrecen tus bosques / Venados altivos / Sajama infinito de cielo / Madre tierra: ten piedad de nosotros.

El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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