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La chola se viste de alta costura: Sigue y marca tendencias

Transparencias, corsés y mantas innovadoras se imponen en la moda de la chola paceña, que lucirá esas galas en la fiesta del Gran Poder.

La Razón (Edición Impresa) / Marcela Arauz

00:00 / 27 de abril de 2014

Vestida de chola, Jhuly Cuentas se siente más bonita. Cada una de esas prendas, cada tela con que están hechas, cada accesorio, cada engranaje de la imagen de la mujer de pollera eleva a un nivel de elegancia a esta veinteañera paceña que cotidianamente usa jeans pero que, para ocasiones especiales, cambia por completo su atuendo: no solo se viste de pollera, sino que encarna a una chola.

“Una pasa desapercibida cuando está ‘de vestido’; es aburrido. Pero de chola, no. De chola una se ve más coqueta”, argumenta contundente. Y confiesa qué es lo que más la seduce: “Ahora hay trajes que no cualquiera puede tener y no cualquiera puede lucir”. Los diseños le dan la razón.

Faldas transparentes, corsés fusionados con blusas, mantas triangulares y con cuello cadete son algunas de las propuestas que predominarán en la moda de la chola paceña este 2014, más osadas que las prendas tradicionales que suele usar la clásica mujer de pollera para vestir elegante.

“Con esos nuevos modelos no solo se hace alta costura, también se logra que las jóvenes estén orgullosas de vestir como chola”, explica Verónica Díaz, dueña de la pollerería y distribuidora de telas Diánara, a media cuadra de la plaza Marcelo Quiroga, en la Max Paredes.

En la última década, la chola paceña se convirtió en la musa inspiradora de cada vez más diseñadoras dedicadas a crear propuestas de moda para la mujer de vestimenta tradicional. Una de sus principales pasarelas es la Entrada del Señor Jesús del Gran Poder, la festividad folklórica más importante de La Paz.

Jhuly es una de ellas desde 2008, cuando ingresó como modelo a Promociones Rosario, una academia de modelaje especializada en cholitas de pasarela fundada por Rosario Aguilar, exconcejal de la Alcaldía de La Paz y quien impulsó la presencia de la mujer de pollera en el ámbito de la moda realizando desfiles desde 2005.

No todos los días se ve a una cholita con un corsé escotado en animal print extendida cual felina en un sillón, coqueta. Pues esa vestimenta es una de las propuestas para el Gran Poder.

“Sucede que la verdadera mujer de pollera es más pudorosa como para usar corsé que una mujer de vestido”, opina Luis Álvaro Chipana, o Luigi, como se dio a conocer gracias a las prendas que hizo como diseñador de Promociones Rosario.

Las propuestas para el corsé apuntan al cuello elevado, con espalda desnuda o escote transparente. Jhovana Illo lució ese diseño y sin dudar expresó que esa prenda en animal print muestra la fuerza de la tigresa que hay dentro de la chola paceña.

Estas modificaciones a la vestimenta no son en sí mismas una agresión a esa imagen, según Milton Eyzaguirre, jefe del departamento de Extensión y difusión Cultural del Museo de Etnografía y Folklore (Musef): “Si hablamos de distorsión, de entrada el traje de chola paceña es una del traje de la mujer española”, del siglo XIX.

La manta es la pieza que más modificaciones trae para este 2014 en la parada, como se llama a todo el conjunto nuevo que compone la vestimenta de una chola: pollera, manta y blusa.

Verónica Limachi comenzó bailando morenada. Fueron sus sugerencias para la vestimenta de las componentes de su bloque las que la llevaron a abrir la tienda de Diseños Danzart, especializada en modelos exclusivos solo para guías de fraternidades o bloques limitados. “No más de 20 personas, por eso no trabajo con fraternidades. Incluso algunos bloques prefieren comprar toda la tela importada para que nadie pueda copiarles”, se regodea esta confeccionista cuyo negocio está a media cuadra de la plaza Garita de Lima.

La manta corsé es una de sus sugerencias. Se basa en una pieza triangular cuyo dorso no tiene la base de tela sino solo cintas que muestran la espalda, como suelen llevar los corsés, pero cuyos tiros para afinar la figura están adelante. Está hecha en tafetán y los adornos son de pedrería. El costo, junto con una blusa que haga juego, puede alcanzar los 2.500 bolivianos.

Danzart puso de moda el año pasado la manta con cinturón, cuya parte central estaba hecha de tiros de cuero. Para este año, Verónica Limachi tiene entre sus propuestas la manta triangular, pieza que rompe con la prenda tradicional.

El cuello está inspirado en los vestidos de gala, pero el modelo se basa en un poncho de tres lados que lleva pedrería trabajada a mano. Cuesta aproximadamente 2.200 bolivianos y está hecho en tafetán americano. La modista considera que puede haber cierto rechazo porque distorsionen la imagen original de la chola paceña, por eso varía “lo mínimo”; la bordadora Luisa Lima —de 56 años y que desde hace 40 trabaja a mano con hilos de seda, en mantas— coincide. “Quiero mantener la tradición, hay mucha diferencia con la mujer de hoy. La manta es un patrimonio, no quiero cambiarle mucho”, advierte.

Pero la más transgresora de las creaciones es la que lanzará Verónica Limachi, se trata de la pollera transparente que hace juego con una manta similar y que lleva juveniles bordados con el dibujo de Hello Kitty. Ambas piezas están trabajadas en seda que, al ser traslúcida, permite apreciar la belleza de la blusa y de la enagua, por debajo de la pollera. Cuesta 2.800 bolivianos a los que hay que añadir los 650 de la enagua, de tela brillante.

Otra particularidad es que retoma el modelo de antaño al ser un poco más larga que las actuales, por la incorporación de más bastas, que son los dobladillos de la prenda que ayudan a que se eleve con el movimiento al danzar. Según Verónica Díaz, este año las polleras llevarán hasta 15 bastas que aumentarán volumen y la alargarán entre cinco y diez centímetros. Díaz recalca que la chola no suele repetir el conjunto de su atuendo, máximo usa cada parada dos veces al año. Los modelos a estrenarse en 2014 le dan razón.

La misma Verónica Limachi busca imponer moda con un diseño de chola paceña basado en el vestido de novia que hizo para Claudia Fernández, la esposa del vicepresidente Álvaro García. Ella lo llama “el vestido de novia vicepresidencial”. El modelo fue adaptado a la perfección: la manta que lleva no rodea el torso sino que se acomoda a la caída de los hombros , por lo que debe ser hecha a medida: no luciría bien si no la lleva la persona para quien fue diseñada.

Esta creación tiene el cuello cadete, la parte delantera llega más abajo del busto y en forma circular baja hasta la cintura. Lo que resalta en esta prenda es el bordado con hilos dorados. Va acompañada de un corsé sin manga que, sumado a los centros o enaguas, los zapatos y la pollera, superaría los 4.500 bolivianos.

Rosario Aguilar es una voz con autoridad para hablar de la moda para chola. En 2005, cuando era concejal, realizó el primer desfile con polleras y mantas, hecho que, según gente que está inmersa en al ámbito de la moda y el folklore, fue determinante para la presencia de la chola en el exclusivo mundo del diseño.

Vestir de chola es un lujo. El año pasado Verónica Díaz confeccionó la manta más cara en sus más de 12 años de diseño. Fue una prenda hecha en tejido de vicuña con aplicaciones de pedrería y de perlas cultivadas traídas de China.  Costaba 15.000 bolivianos por las piezas de nácar, no sintéticas, su valor aproximado es de 60 bolivianos cada una y se requiere al menos de 100 para una prenda de este tipo.

Pero otra forma de sentar jerarquía y marcar tendencia fue la de Los Catedráticos, que en 2011 lucieron mantas pintadas por Mamani Mamani.

Realizó tres piezas para las pasantes, pintadas como si fueran un cuadro: “Es como hacer una obra en un lienzo de 150 por 60 centímetros. Tarda tres semanas, son de alto valor artístico”, dijo el autor, por eso justificó que la más cara haya costado tres mil dólares (unos 20.000 bolivianos).

Un elemento en el que también se impone moda es en el color. Lourdes Quispe es la dueña de La Novedad, un negocio que, como la mayoría de las distribuidoras de telas para trajes de chola, está en la avenida Baptista, a una cuadra del Cementerio General. Según ella, los colores que se impondrán en 2014 serán muy intensos, casi fluorescentes, como el verde limón, el naranja y el morado.

Este elemento ha sido determinante en los cambios por los que ha pasado la vestimenta de la chola paceña, ya que era más conservadora al momento de elegir los colores: solía lucir tonos sobrios como el azul, el borra de vino o el salmón.

Rossmery Castro, dueña de la pollerería La Elegancia, añade que para este año la tendencia es más artesanal, con conjuntos con base en un solo color y bordado simple. Verónica Díaz vaticina que se hará a un lado las confecciones en telas floreadas.

Pero adquirir telas originales requiere una prolongada coordinación entre confeccionistas, distribuidores y representantes de cada fraternidad del Gran Poder. Los administradores de los negocios planifican la importación del género desde noviembre para entregar las confecciones entre abril y mayo, poco antes de la fiesta.

Es en diciembre cuando deben iniciar su gira por Asia, primero India para la adquisición de materiales novedosos y luego  China y Corea del Sur. María Sanga, dueña de la distribuidora de telas Justina, cuenta que luego del periplo de fin de año vuelven  con las muestras de nuevos diseños para que los representantes de las fraternidades elijan o añadan detalles al material.  

Luego, se envía esa última muestra al país de donde procede el producto elegido para que sea elaborada la cantidad necesaria a fin de abastecer la vestimenta de cientos de bailarines. En enero comenzaron las recepciones en cada fraternidad, que es como se denomina a la primera fiesta importante de la gestión, y pocas semanas después, llegaron a La Paz las telas desde Asia, mantas ya terminadas para ser lucidas en Gran Poder; en algunos casos, con el paso previo por una pasarela.

“Es difícil enseñarles a modelar como cholitas, hay que ejercitar el movimiento con cuidado, porque en un giro se debe mostrar enaguas, polleras, bordados, mantas, blusa, joyas y zapato”, detalla Aguilar.

Eso es lo que exponen sus modelos, no solo la exuberancia de la mujer de pollera, también prendas elaboradas con una visión de alta costura. Todas coinciden en que estas confecciones para 2014 no son solo para bailar en la fiesta más imponente de los Andes, son diseños elegantes y seductores acordes con sus fuente de inspiración.

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