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El coleccionista de sapos

Cerca de 3.000 objetos alusivos de distintos países, de todo tamaño y material, se exhiben en un consultorio.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose

00:00 / 14 de diciembre de 2014

Alrededor de 3.000 batracios parecen observar a todo aquel que llega a consulta médica. Sapos y ranas por doquier: en las paredes, en el piso, en vitrinas, sobre las mesas y los escritorios del lugar. De peluche, cerámica, yeso y de todos los materiales imaginables. Esta colección digna de un museo anfibio se encuentra ubicada en plena avenida Arce, en el despacho médico de Ricardo Udler, un reconocido médico ginecólogo-obstetra.

La colección se inicia más o menos a principios de 1987, después de que Udler realizara su especialidad y trabajara durante muchos años en Alemania, y decidiera volver a Bolivia. “En la fiesta de despedida que me hicieron en el hospital, mis colegas me regalaron adornos de estos animales y otras personas, en menor cantidad, me dieron chanchitos. Pregunté cuál era el significado, y me indicaron que los sapitos y ranitas eran para la suerte; y los chanchitos, para la prosperidad”.

Cuando llegó a suelo boliviano, puso encima de su escritorio 22 de estos ornamentos de distintos tamaños. “Empecé a trabajar en Bolivia y bueno, parientes, amigos y pacientes veían mi pequeña colección que estaba en la mesa y de pronto venían y me regalaban un sapo, otro me regalaba una rana, y así la muestra fue creciendo”.

Este atiborramiento consta de   una caja de kleenex, donde se plasma las imágenes de sapos, lapiceras, una maceta, cuadros y hasta el teléfono que tiene la forma del batracio. En las vitrinas también se aprecian algunos trabajados en oro, plata, brillantes, de cristales Swarovski, musicales y de varias partes del mundo. Sapitos artesanales, de cobre, de metal, de madera, entre otros.

“Tengo un sapito de madera hermoso que me regalaron en el oriente de nuestro país, pero con una cara un poco agresiva. Poco después, la misma persona me trajo otro sapito que tenía una expresión contraria al anterior, y me dijo que siempre tenían que estar juntos, porque uno es el bueno y el otro es el  malo, y el bueno era el que tranquilizaba al malo”.

Al ver este enorme muestrario, una de sus pacientes, francesa ella, le hizo notar que no era posible que con semejante colección no tuviera ni una sola rana viva. Es por ello que al poco tiempo, Udler recibió en su oficina a un mensajero que traía dos peceras con ranas francesas albinas.

“Son ranas totalmente acuáticas, que están 24 horas en agua. Se les da comida de peces, y las peceras, que se las lava dos veces por semana, están oxigenadas. Algunas veces saltan de la pecera y cuando caen al piso se ponen rojas y si no se las vuelve a poner al agua inmediatamente, se mueren”, explica. En Alemania —donde Udler hizo su especialización por cinco años y otros cinco se quedó a trabajar—, estos anfibios son sinónimo de buena suerte, al igual que la creencia que se tiene en muchos países latinoamericanos.

Volver a casa

A pesar de que su mayor colección se encuentra en su consultorio, en su hogar conserva dos sapos de piedra comanche, cada uno de aproximadamente 400 kilos, además de algunos otros —que no pasan de diez— que tienen una representación muy particular para él: fueron regalos de sus tres hijos. “Por eso he preferido dejar esos, que son muy pocos, en mi casa”. En 1987, Udler regresó a Bolivia por cuestiones familiares. Sin tener la certeza de cómo le iba a ir en su país, después de haber vivido diez años en Alemania, instaló su consultorio.

Al poco tiempo, realizó una de las primeras fertilizaciones in vitro de una paciente a quien le dio tratamiento en Brasil, donde a su vez hizo una especialidad en reproducción asistida. En 1988 ese bebé nació en Bolivia. En 1992,  junto con el ya fallecido Luis Kushner López, también médico, realizó la primera fertilización in vitro en La Paz y hacia 1993 nació el primer bebé producto de ese procedimiento pionero y calificado “de altura”, en sintonía con la altura a la que se halla esta urbe.

A partir de ahí se hizo infinidad de tratamientos de reproducción asistida en la clínica alemana Fertivida. “Tenemos muchos, pero muchos nacimientos producto de tratamientos contra la infertilidad, de inseminación artificial, de fertilización in vitro ya con técnicas de reproducción asistida más avanzadas, y tenemos infinidad de nacidos vivos, de embarazos únicos y de embarazos múltiples”.

 Udler, además de obtener el título de médico en Argentina y la especialidad en Ginecología, Obstetricia y Cirugía en Alemania, tiene una especialidad en Auditoría Médica en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), y como hobby hizo, en un centro holístico de Chile, una subespecialidad de Hipnosis Clínica.

Hace cuatro años es presidente del Círculo Israelita Comunidad Judía de Bolivia. Su mamá, franco-belga, pero de religión judía, llegó a este país escapando del holocausto que se dio durante la Segunda Guerra Mundial, entre 1942 y 1945. Sus abuelos paternos, por su parte, emigraron de Rusia a la Argentina en 1913, época de los programas antijudíos de los países de Europa. Años más tarde, su padre nació en la tierra del tango y en una visita a Bolivia, conoció a su madre y se casaron.

Ésa es la ascendencia de este ginecólogo, quien tiene pacientes a los que les resulta indiferente su afición, aunque hay otros que jamás volvieron por su aversión a estos animales. En cuanto a su descendencia, tiene tres hijos: dos varones nacidos en Alemania y una mujer que abrió los ojos por primera vez en el lado occidental de Bolivia. “Mi hijo mayor, Daniel Enrique, vive en Israel y se dedica a la parte de Resolución de Conflictos y Relaciones Internacionales; el del medio, Claudio Mauricio, radica en Panamá y estudió Diseño Gráfico y Diseño de Modas; y la última, Francis Joselyn, radica en Nueva York, Estados Unidos, es una psicóloga de la Economía y psicóloga de la Comunicación”. Ricardo tiene como pasatiempos caminar y nadar. Su esposa y él comparten la casa con una perrita y aves, además de sus sapitos.

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