Escape

Un día de suerte

El desafío de practicar cinco deportes extremos en una sola jornada en Chuspipata (Coroico), a través de Vertical Route.

Libertad. El momento preciso en que pareciera que no hay ninguna cuerda que ata el cuerpo y que solo queda volar. Foto.  Fotos: Gentileza vertical Route

Libertad. El momento preciso en que pareciera que no hay ninguna cuerda que ata el cuerpo y que solo queda volar. Foto. Fotos: Gentileza vertical Route

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R.

00:00 / 02 de abril de 2017

Freddy es optimista. Después de tomar la fotografía de uno de los visitantes que está empezando a cruzar el puente tibetano, sostiene con la mano izquierda su teléfono celular e intenta guardarlo en el bolsillo trasero, pero siente que su seguridad se desvanece como la neblina que rodea Chuspipata cuando nota que su aparato telefónico ha caído a un barranco de más de 40 metros. Pese a ello, sabe que será un día de suerte.

A casi dos horas de viaje de La Paz se encuentra el lugar ideal para practicar cinco deportes extremos en una jornada. Se trata de Vertical Route, una aventura que incluye el vértigo del rapel, una inquietante caminata en el puente tibetano, ascensión por peldaños que cuelgan de una roca lisa, el apasionante recorrido en zipline y un inolvidable vuelo al despeñadero en salto libre o rope swing.

Freddy Aparicio nació y creció en la Mina Chojlla, en una familia en la que era el único varón, el mimado y a quien no dejaban si siquiera salir de su casa, hasta que un buen día decidió emigrar a Tipuani, municipio conocido por su potencial aurífero. Todo le iba relativamente bien, pero en uno de aquellos partidos de fútbol para el desestrés, su mejor amigo cayó al río al intentar recoger la pelota y la corriente se lo llevó para siempre, ante la impotencia de sus compañeros. El destino hizo que Freddy se trasladara al sur, a Suapi, a seguir buscando oro, hasta que recaló en la comunidad Villa Ascención, donde iba a iniciar el sueño que se haría realidad.

Quedarse un momento y tratar de repetir el zipline es un privilegio que los más osados pueden hacerlo.

Después de cruzar un sendero de tierra que colinda con antiguos rieles que iban a conectar La Paz con los Yungas, la ruta de Vertical Route se yergue como la más amplia de estas actividades en Bolivia. Al llegar, los guías arman a los visitantes osados con arneses, mosquetones, cuerdas y cascos, con el fin de que la experiencia sea lo más segura posible. Después de una breve charla, el primer turista desciende 15 metros suspendido solo con una cuerda, en rapel. Maleza, piedras pequeñas y grandes, todo ello forma parte del cálculo para saber dónde se pisa, hasta llegar a la superficie, donde espera el puente tibetano.

La idea de organizar este circuito empezó a mediados de la década de los 2000, cuando la entonces Prefectura de La Paz presupuestó $us 180.000 para llevar a cabo los estudios y comenzar con los trabajos. No obstante, ese dinero tuvo que ser destinado a ayudar a familias afectadas por intensas lluvias, que dejaron deslizamientos de tierra y caminos intransitables.

Luego de descender con el rapel, los turistas deben pasar por el puente tibetano, alineado por tres cuerdas: una que sirve de superficie para caminar y las otras dos para sostenerse con las manos. El inicio no es sencillo, ya que balancear el cuerpo sobre un cable requiere de concentración, en especial para evitar los movimientos pendulares. Son 30 metros de distancia, que pueden durar “toda una vida”.

No hay que pensarlo mucho, lo importante es tomar impulso y saltar.

Algún tiempo después del fracasado apoyo de la Prefectura paceña, Freddy buscó la ayuda de Usaid (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), que envió especialistas para que estudiaran el plan, que concluyó con que no era factible hacer una ruta debido a que el camino es empinado, por lo que no se podía practicar ciclismo de aventura.

En esta jornada especial no hay tiempo para reponerse de la emoción de haber caminado 30 metros sobre una cuerda, ya que el guía quita uno de los mosquetones para colocarlo en un cable que forma parte de un circuito de escaleras para subir 100 metros de altura. El ejercicio es relativamente sencillo: atravesar los escalones de metal hasta donde alcanza la correa, luego quitar el mosquetón y ponerlo en la siguiente parte de la ruta. Es menester también centrar la atención en lo que se está haciendo, más aún cuando, en ese momento, como consecuencia de la neblina, no se puede observar la superficie.

El plan de crear un sitio turístico contó con el empuje decisivo de Didac Cabanillas, un catalán con más de 18 años de experiencia en la instalación de emprendimientos deportivos extremos, como canyoning, zipline, escalada, vías ferratas o circuitos de puentes colgantes. A pesar de los cientos de derrumbes en la zona y del alto costo de las horas de alquiler de maquinaria pesada, Freddy continuó el proyecto, hasta que, en febrero de 2011, tuvo la dicha de ver materializado el trazo hecho por Didac. La alegría era inmensa y merecía ser compartida, así que para la inauguración invitaron a pobladores y al entonces embajador de Gran Bretaña en Bolivia, en agradecimiento por la ayuda recibida. Empero, a la hora indicada, cayó una lluvia intensa que opacó el acto.

A emoción de cruzar 30 metros sobre un cable como única superficie.

La segunda parte del ascenso a través de escalones tiene una altura de al menos 300 metros. Al finalizar, el guía desprende otra vez el mosquetón para asegurarlo en el siguiente desafío: el zipline, que consiste en una polea suspendida por cables montados en un declive, diseñado de tal manera que la persona se deslice de un lado a otro. En cierto momento la velocidad es tal, que parece que resulta difícil controlarlo, pero los responsables se encargan de que la llegada sea tranquila, mientras los atrevidos sienten el corazón latiendo como nunca.

Todo inicio es complicado. Vertical Route no fue la excepción, ya que había días en que solo había un par de clientes. “Tienes que ir aunque sea con uno, porque ese uno contará su experiencia a su amigo”, reflexionaba Didac a Freddy sobre el proyecto que tiene como objetivo beneficiar a las comunidades San Juan de la Miel y Villa Ascensión, aunque en la actualidad solo 10 familias están inmersas en los trabajos de limpieza de la ruta y de los derrumbes. Éstas reciben un porcentaje de las ganancias.

Fabricio Pedriel admite que tuvo fortuna al hacer el depósito para participar en esta jornada de Vertical Route. La mejor manera de celebrar un año de enamorados con Ximena Contreras era compartir cinco deportes extremos en un día, así es que Fabricio —el último día para hacer la reservación— salió de su trabajo y corrió hacia el banco para presentar el depósito. Se acercaban las 16.00, hora de cierre de las sucursales bancarias, y su temor era no llegar a tiempo. De hecho, el policía ya estaba cerrando la puerta, pero lo dejó entrar como último cliente. Tuvo suerte.

El tiempo es cambiante. Por un momento, los rayos del sol atraviesan las nubes y se posan en los aventureros de fin de semana; pero para la última prueba, como si el destino quisiera otorgar un poco más de suspenso, la niebla avanza amenazando con envolver toda Chuspipata. Después del último descenso mediante rapel, la ruta prepara el final que la mayoría espera: el rope swing, columpio de cuerda o salto libre, en el que una cuerda suspendida aparentemente en el cielo es la única garantía para hacer un brinco al vacío níveo, donde apenas se ven algunas ramas de árboles.

Una piedra es la marca donde los pies deben apoyarse antes de saltar. Puede ser de frente o de espaldas, es igual, porque el miedo es el mismo. Es necesario hacer el conteo regresivo, dejar de pensar un momento y brincar lo más lejos posible. En ese par de segundos pareciera que no existen cuerdas, que la libertad se convierte en vuelo. Que es un día glorificado.

A propósito, a Freddy se le pregunta si se siente un hombre con suerte. “No con suerte, sino bendecido por Dios”, responde, ya que después de tanto bregar ha sacado adelante un proyecto que casi nadie apoyaba, y porque cuando bajó los 40 metros del barranco halló intacto el teléfono con el que saca fotografías del Vertical Route.

Una fila de visitantes asciende la vía ferrata en medio de la roca.

Fotos: Gentileza vertical Route, Marco Fernández.

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