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Arbustos de vida

El MMAyA fue el promotor de la campaña de forestación ‘Mi Árbol’, como una forma de incentivar al cuidado del medio ambiente.

Plantines. Desde octubre de 2015 hasta abril de 2016, y después de un arduo y constante trabajo, el MMAyA superó los objetivos previstos y logró sembrar 6.025.755 plantines en más de 80 municipios de los nueve departamentos.

Plantines. Desde octubre de 2015 hasta abril de 2016, y después de un arduo y constante trabajo, el MMAyA superó los objetivos previstos y logró sembrar 6.025.755 plantines en más de 80 municipios de los nueve departamentos. Foto: Omar Saravia

La Razón Digital / Eliana Zegarra

00:00 / 09 de mayo de 2016

Antiguamente, se creía que los árboles tenían propiedades mágicas y espirituales. Muchas tradiciones sobre los árboles (como el de “tocar madera” para la buena suerte) se originan de antiquísimas creencias que recuerdan lo sagrado de la naturaleza de los bosques.

A lo largo de los siglos, diferentes civilizaciones los han venerado, como al árbol del Bodhi, más conocido como el Gran árbol de la Vida. Cuentan que Buda (fundador de la doctrina filosófica y religiosa del budismo) se sentó bajo este árbol por muchas semanas para lograr la iluminación. Los fieles aseguran que en sus raíces, tronco, ramas y fruto se puede encontrar la paz duradera. En la cultura aymara también se respeta y venera a los árboles. Rosa Paucara de Condori, mamat'alla (autoridad femenina) del Cantón Compi Tauca de La Paz, afirma que la naturaleza, además de poseer muchas utilidades, también es muy poderosa. “Todo árbol, toda planta es sagrada, sirve para algo siempre, por eso hay que cuidarlas”, señala esta mujer indígena de trenzas largas y tullmas (adornos de hilo para las trenzas), vestida con varias enaguas, pollera y quien ha reemplazado su típico sombrero borsalino por uno de tela, de esos de ala ancha que se utiliza para trabajar en el campo. Doña Rosa, junto a sus compañeras, disfruta de un apthapi (costumbre de compartir alimentos entre los miembros de una comunidad), luego de haber plantado árboles en el municipio paceño de Chúa Cocani.

Al igual que esta señora de las cuatro décadas, más de 1.000 personas participaron de las jornadas de forestación de la campaña “Mi Árbol” 2015-2016, actividad impulsada por el Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA).

Es abril de 2016 y el sol asoma tímidamente por el horizonte. Desde octubre de 2015, esta cruzada por la Pachamama reunió a 25.250 voluntarios a escala nacional, entre estudiantes de unidades educativas y universidades, deportistas, artistas independientes, organizaciones de mujeres, de empresas privadas, miembros de grupos ecologistas, de las Fuerzas Armadas, de la Cruz Roja, autoridades gubernamentales, departamentales y municipales y vecinos de las comunidades que se beneficiaron con las plantaciones.

Como todos los vegetales, los árboles también tienen una época ideal para ser plantados, es por ello que el MMAyA desarrolla esta actividad entre el último y el primer trimestre de cada año (temporada de lluvias en el país). Desde 2012, se han sembrado miles de hectáreas con especies nativas y comerciales: molles, queñuas, olmos, kiswaras, jarcas, ceibos, taras, jacarandás, pinos radiata y ciprés, entre otros, dependiendo del tipo de suelo de cada lugar. Esta gestión, “Mi Árbol” logró 6.801,5 hectáreas plantadas en toda Bolivia.

“Si no protegemos a la Madre Tierra podemos morir. Nuestra Pachamama está herida y está sufriendo, por eso necesita que la cuidemos. Con esta actividad, el ministerio está confiando en ustedes para que motiven con este compromiso a más personas a cuidar el medio ambiente”, dice la ministra de Medio Ambiente y Agua, Alexandra Moreira, a los voluntarios y asistentes a las plantaciones. Moreira también es la promotora de la campaña educativa ambiental “Mi Madre Tierra, Mi Futuro”, la cual, a través de sus personajes Suri y Chapu, busca sensibilizar y concientizar a los menores con mensajes reflexivos, sobre la importancia de preservar nuestros ecosistemas con el fin de combatir el calentamiento global.

Prosperidad

El 3 de octubre de 2015, el MMAyA dio luz verde a esta actividad en el municipio de Tiraque, comunidad Villa Junín Bajo del departamento de Cochabamba.

“Ese sábado iniciamos la forestación con lluvia. Los comunarios del lugar vaticinaron que esta iniciativa iba a ser exitosa porque la lluvia es símbolo de prosperidad. La Pachamama así lo dice. El compromiso era de cinco millones de arbolitos y hemos cumplido y superado la meta”, dice el viceministro de Medio Ambiente, Gonzalo Rodríguez.

Entonces el marcador empezó a correr. “Mi Árbol” tenía una meta: llegar a los cinco millones de plantines en todo el territorio nacional. Seis meses más tarde, desde octubre de 2015 hasta abril de 2016, el MMAyA superó la meta prevista y logró sembrar 6.025.755 plantines en los nueve departamentos del país, en más de 80 municipios. “Estoy muy feliz porque los arbolitos son los pulmones de nuestro planeta. La naturaleza es nuestra amiga y debemos cuidarla”, expresa Sofía Araoz, una pequeña voluntaria del municipio de Chúa Cocani, mientras le explica a sus compañeros los pasos que deben seguir para plantar un árbol adecuadamente.

Sofía es parte de la “Red Oxígeno”, un movimiento impulsado por el MMAyA y dirigido por jóvenes que se dedican a la protección del medio ambiente, quienes además de participar de las actividades de forestación y reforestación y realizar el seguimiento a las zonas forestadas, se capacitan en temática ambiental tanto en el ámbito urbano como rural. “En este tiempo he visto que muchos jóvenes no solo quieren saber más sobre el tema, sino que han estado buscando formas de convertirse en acción y respuesta a la problemática ambiental en sus propios barrios. Ver iniciativas individuales y colectivas nos motiva e inspira a seguir trabajando para generar espacios en los que estas personas pongan en práctica sus conocimientos, capacidades y competencias al servicio tanto del medio ambiente como de su país en general”, cuenta la responsable de la Red Oxígeno, Mariana Aramayo.

Cumplida la tarea, los voluntarios se dirigen a los buses para volver a sus hogares. Están seguros que los beneficios de los árboles que acaban de plantar favorecerán a muchos seres vivos, de la misma forma que sus acciones legarán un mundo mejor para las nuevas generaciones.

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