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Ellas

Tatiana Sánchez Pacheco. Con una mochila llena de lápices y hojas, y un sombrero contra el sol, ella se instala en una banca de El Prado, cada domingo. Dibuja a los niños y así puede criar a su pequeño Teo. Artista plástica

La Razón (Edición impresa) / Miriam Chávez

00:00 / 07 de octubre de 2012

El no mover la mano derecha no frena a Tatiana Sánchez Pacheco para cumplir con su profesión: artista plástica. Dibujo, pintura, caricatura salen de su mano izquierda con soltura.

 “El dibujo me gustó desde muy niña”, recuerda, mientras el sombrero plomo que la protege la ayuda también a esconder alguna lágrima que el pasado le provoca.

A los 18 años entró a la Carrera de Artes de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y allí aprendió a apreciar la obra de los grandes, que para ella son, ante todo, El Greco y Vincent van Gogh.

“Empecé con dibujos a bolígrafo, micropunta y lápiz” y pronto destacó entre sus compañeros, como certifican un Diploma de Honor y el Primer Premio en Pintura del XIII Salón Anual de la carrera. Por ese entonces también trabajaba en una imprenta diseñando tarjetas y sus trazos llegaron a semanarios educativos.

Sin embargo, un aneurisma cerebral la sorprendió en 2004 —su suspiro hace volar a las palomas que pululan por El Prado, en una de cuyas bancas Tatiana instala su puesto de trabajo—; empezó con un dolor agudo de cabeza, los médicos me dijeron que varias células murieron”.

Ese accidente le paralizó por completo el lado derecho del cuerpo. Durante más de dos semanas fue casi un vegetal. A fuerza de fisioterapia recuperó parte del movimiento corporal y facial.

Tatiana, lo dice con una sonrisa, abraza la vida con entusiasmo. Esa vida se llama también Teo, su hijo de siete años que es “el motor de mis días”. Quedar embarazada “fue lo mejor que me ocurrió” y el retoño (que lleva el nombre del hermano de Van Gogh) aprecia ya el arte.

En 2007, apremiada por problemas familiares y económicos, salió  a buscar dinero: hizo caricaturas de los niños en el parque Laikacota, “y con ese dinero ya podía solventar los gastos cotidianos”.

Hoy aprovecha las ferias dominicales de El Prado. “Me acomodo en cualquier lugar” y no importa cuán inquieto sea el niño, la caricatura sale en 15 minutos.

“Empiezo por los ojos, hago la nariz y sigo el contorno del rostro”. En su casa, en El Tejar, hace retratos más elaborados que también le generan ingresos.

En el oficio, “a veces hay dinero y a veces no”, pero es lo que Tatiana sabe y quiere hacer.

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