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Ellas

Macarena Inostroza. Chilena, hace más de un año también boliviana. Ha vivido en los Yungas y ahora pasa unos meses en la Isla de la Luna. Trabaja las energías femeninas para conocerse mejor. Madre en ciernes

La Razón (Edición impresa) / Mabel Franco

00:00 / 21 de octubre de 2012

Sus aretes, grandes, coloridos, llaman la atención al paso. Pero apenas ella, dándose cuenta de las miradas, sonríe, los adornos pasan a segundo plano.

Macarena Inostroza, chilena, es lo que se dice “sociable”. Mira directo a los ojos del extraño y entabla conversación.

Hace un año y tres meses “que soy boliviana”, revela. Se refiere a que lleva ese tiempo viviendo en Coroico (Yungas), con la intención de instalarse —a estas alturas, así ya debe ser—en la Isla de la Luna.

Artesana de joyas, masajista, cosmetóloga y lo que haga falta, Macarena vive con lo indispensable. Si dinero es lo que falta, vuelve a Chile, “donde tengo muchas clientas y trabajos por hacer”, para retomar entonces el viaje que debe ayudarla a encontrarse a sí misma, a vaciarse y llenarse de renovada energía.

En este momento de su vida, y como nunca antes había sentido, cree estar lista para ser madre. En ese trance se encuentra y por ello acudió a la isla, en el lago Titicaca, que se asocia con la energía femenina.

Una semana en el lugar, antes del 21 de septiembre, equinoccio de primavera, le bastó para decidirse: “viviré entre los isleños (unas 25 familias) por dos meses; trabajaré con los niños en temas ecológicos, tal como hice en Yungas”.

Macarena sintió ya la fuerza de la naturaleza en la isla, capaz de atemorizar al más valiente. “Cayó un granizo que ni te imaginas lo que es”.  

Pero esta mujer está empeñada en encontrar algo más de lo que su vida en Santiago le ofrece. Otra gente, con igual inquietud, “y la necesidad de reconocerse aborígenes, es decir, hijos de la tierra”, la motiva. Y hay más mujeres en su mismo afán. “Cuatro de ellas nos reunimos en Santiago y nos preguntamos, ¿qué pasa con la espiritualidad femenina en Chile? Para averiguarlo, hicimos un llamado esperando la respuesta de, quizás, unas 40 personas.  Se presentaron 150 y entre todas asumieron el compromiso de buscar respuestas.

Dice Macarena que trabajar su espiritualidad le permite entablar de manera más sana una relación con lo masculino. Lo que le facilita también comandar, “amorosamente, conscientemente”, su sexualidad. Y entonces, la maternidad se le abre como una posibilidad para la cual siente, al fin, está dispuesta.

Hago joyas, soy cosmetóloga, masajista y lo que haga falta. También doy talleres para enseñar a los niños temas de ecología; que entiendan que de ellos depende que el mundo sea  mejor. Y en este momento me siento al fin lista para la maternidad’.

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