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Ellas

Yolanda de Retamozo. Cuando a su hijo le diagnosticaron afasia, la exmaestra de escuela decidió hacer lo imposible para ayudarlo a comunicarse de nuevo; hoy preside una fundación que apoya a otras personas como Irving. Madre.

La Razón (Edición impresa)

00:00 / 04 de noviembre de 2012

De Medicina no sabía nada. Pero tuvo que aprender. Su hijo Irving sufrió un accidente cerebro-vascular en 2003 y dejó de manejar el lenguaje, de comunicarse,  además de sufrir una parálisis parcial. “Afasia”, diagnosticaron los profesionales y Yolanda Fernández de Retamozo decidió que no iba a quedarse esperando respuestas, las iba a generar.

La maestra de escuela, hoy jubilada, se puso a estudiar temas de neurofisiología, de fisioterapia, de lo que hiciera falta. Leyó mucho, escuchó más. Causas, tipos de afasia, tratamientos. Pero sobre todo se dejó llevar por su instinto y por los conocimientos que había adquirido junto a chicos de básico a los que educó durante largos años, en La Paz y Potosí.

Quería ayudar a ese hijo que tantas alegrías le había dado cuando, mucho antes de cumplir el año, dijo “mamá”, cuando se puso a leer y escribir, cuando salió bachiller, cuando obtuvo el título de economista... Que todo eso se perdiera no era algo que una madre pudiese tolerar sin más. De manera que, valiéndose de señas y dibujos, optó por guiarle nuevamente a reconocer vocales y luego palabras.

La Fundación Boliviana de Afasia, que preside en La Paz la exprofesora, lleva el nombre del hijo: “Irving Retamozo”, y brinda ayuda a otros jóvenes y adultos que sufren las consecuencias de un accidente o un trauma en el cerebro. Ella en persona, cada martes y viernes, participa de las clases de rehabilitación de más de 16 personas, entre las que se cuenta Irving. Este hombre, hoy de 41 años, puede sentir no sólo que él recupera algo de lo que perdió, sino que su caso, por la voluntad de su progenitora, ayuda a dar esperanzas de una vida digna a otros pacientes.  

“La mejor recompensa que tengo es ver sonreír a mi hijo y a otras personas como él cada vez que capturan el sentido de una letra; así soy feliz”, sonríe a su vez serenamente.

Su labor cotidiana es coordinar las actividades de rehabilitación: ejercicios corporales (gimnasia), de lectoescritura y manualidades. Especialistas fisioterapeutas, psicólogos e instructores apoyan las labores de la fundación.

Yolanda, por lo demás, es un ama de casa que cuida de su familia: esposo, hijos y nietos.

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