Escape

Ellas

Nina Uma. Canta y compone rimas que hablan de cambio, de derecho a una vida en la que sea posible elegir. Rapea para su bebé, en quien también piensa ahora cada vez que aporta a construir un futuro ‘chala’ (bueno). Hiphopera.

La Razón (Edición impresa) / Mabel Franco

00:00 / 09 de diciembre de 2012

La hiphopera paceña que crea en El Alto ha ayudado a terminar de romper el hielo al inicio del Entretejer Bolivia, encuentro que reunió en Cochabamba a una treintena de creadores y gestores dispuestos a avanzar hacia una Cultura de Red. En medio de las reflexiones, las aspiraciones planteadas por la gente, Nina expresó las suyas crítica pero festivamente. “Lo descubrí por casualidad”, dice acerca del poder de la canción. “En 2007, mi compañero (el fallecido Abraham Bojorquez, de Ukamau y ké) tenía que cantar en un evento sobre el agua”.  Revisó los documentos que le enviaban y se le ocurrió componer un tema. “El día que se lo di, él me salió con que no iba a participar”. Frustrada, “le pedí que me diese pautas para cantar yo, que qué siempre podía ser”. En una semana  se preparó y debutó en un octubre de hace ahora cinco años.

“Me va bien”, afirma la mujer que lleva a su hijo de algo más de un mes como si fuese una extensión de su cuerpo. “Cantar ayuda a romper barreras y a plantear temas sobre los cuales es importante debatir”, dice.

 Nina, cuyo nombre de bautizo se ha perdido bajo el elegido como artista y activista, trenza sus cabellos en decenas de rastas que luego reúne en una maraña separada del rostro por una colorida pañoleta. Imposible que pase desapercibida.

Cuenta que estudió en el colegio Hugo Dávila, que egresaba de Informática cuando comenzó a trabajar con chicos de la calle. “Me movió el piso, me interpeló acerca de la necesidad de conectarme con la realidad, de intervenir”. Así llegó a Wayna Tambo, de El Alto, entidad que trabaja justamente para intervenir en la vida de la sociedad desde la cultura.

“Es interesante lo que se hace desde el Wayna —en cuya radio trabaja, además de cantar—, pues luchamos de manera  permanente, como no se podría con marchas y huelgas”.

Su hijito, acunado desde el vientre con el paskananita de las abuelas y el hip hop, no la distrae del trabajo. “Al contrario, él me da fuerzas para seguir luchando, pues si no hago las cosas para que el mundo sea mejor, no tendrá dónde vivir dignamente, no podrá comer sano ni ser libre. Estoy donde tengo que estar. Trabajo y vida no son cosas separadas”. Y en el Wayna “estamos construyendo y criando vida y mi canto es parte de esa construcción”.

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