Escape

Ellas

Cristina Esquivel. Emprendedora, pasó de ser operadora de una compañía de taxis a conducir el suyo propio. Colabora con el colectivo Mujeres Creando, transportando a chicas que llegan a La Paz. Taxista y tucumanera.

La Razón (Edición impresa) / Gemma Candela

00:00 / 23 de diciembre de 2012

Una noche, Cristina Esquivel (39) iba al volante de su taxi, buscando clientes por el estadio, en La Paz. Recién salida de un boliche, se subió al coche María Galindo, la fundadora del colectivo Mujeres Creando. “Yo era fans de María”, cuenta. Empezaron a conversar y, al final, la conocida feminista acabó proponiéndole colaborar con el grupo.

De eso hace ya seis años. Cuando llega alguna chica de otro país a La Paz y reserva plaza en el albergue de Mujeres Creando, Cristina es la encargada de ir a recogerla.

Trabaja de radiotaxista independiente por las tardes. Los jueves, viernes y sábado, además, se pasa toda la noche manejando. “Es duro y riesgoso”, afirma. Al menos, opina, ahora hay menos machismo que antes en el sector, y se lleva bien con sus compañeros de profesión, hombres casi todos. Con ellos pasa los ratos muertos de las largas noches de fines de semana, charlando y pijchando coca por el estadio, mientras aguarda clientes.

Lleva 15 años en el oficio. Antes, trabajaba en una tienda, luego pasó a ser operadora de una empresa de radiotaxis. “Pero el sueldo no era muy bueno”. Y, como siempre le ha gustado conducir, se hizo con un auto para ganar el sueldo.

Sus cuatro hijos han pasado tiempo junto a ella recorriendo las calles de la ciudad. El mayor ya sabe conducir y la pequeña, de sólo cuatro años, también quiere hacerlo.

Ahora compagina el taxi con la venta de tucumanas. Acaba de adquirir un puesto de venta frente al Teatro Municipal, donde está por las mañanas. Luego, se escapa un rato a casa a fin de cocinar para ella y su familia, para después colocarse en el asiento del piloto de su taxi, tapizado con tela de cuadros.

Se reserva algún rato para pasar por la Virgen de los Deseos, la cafetería de Mujeres Creando, y conversar con las amigas. Durante sus trayectos en coche, Cristina aprovecha para fichar paredes en las que las grafiteras del colectivo puedan plasmar una de sus contundentes frases. Luego, las lleva hasta allí y vigila que no las vea la Policía.

Hace 35 años que la taxista salió de su pueblo, Sorata. Una vez al año, a veces cada dos, mete a su familia en el auto y va a hacer una visita. Ni entonces descansa: cultiva maíz y lacayote en las tierras de su papá.

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