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Ellas

Norma Campos. La cultura es su vida. Adora su trabajo, cuyos logros la llenan de satisfacción. Le hubiera gustado dedicarse a la fotografía o al baile pero, asegura, no tiene los atributos para ello. Gestora cultural.

La Razón / Gemma Candela

00:00 / 06 de enero de 2013

Toda su vida ha estado entregada a la cultura, algo que nunca imaginó de niña. Ahora, si no se dedicara a ella, cree que no trabajaría: ama su profesión.

El primer empleo cultural de Norma Campos Vera, paceña que no quiere declarar su edad, fue en el Museo Nacional de Arte (MNA). Y de casualidad. Acababa de salir bachiller, buscaba trabajo y encontró uno como administrativa en la institución artística. Unos días antes de comenzar, entró por primera vez a la casona de la calle Comercio. No olvida el impacto que le causó el patio.

Mientras estaba en el MNA, inició sus estudios de Economía, carrera que terminó ya trabajando en lo que hoy es el Ministerio de Culturas. El tener cabeza, manos y pies metidos en varias actividades a la vez, es algo que la caracteriza.

Poco después de entrar al ente público, se puso al frente de la sede boliviana del organismo internacional Unión Latina. Mientras Culturas fue cambiando de rango y de cabeza, Norma permaneció más de 15 años.

Mujer de extremos

Aunque lo suyo sea la gestión cultural (tiene una maestría que obtuvo en la Universidad Andina y que perfeccionó con cursos en el extranjero), y diga que no tiene talento para las artes, ella es creadora, a su manera. Casi cada proyecto en el que trabaja se ha parido en su mente, como el Encuentro sobre Barroco, la Bienal Internacional de Arte Siart o el Encuentro Internacional sobre Comunicación y Cultura.

En 2012, gestionó el envío de artistas bolivianos a las Olimpiadas del Arte 2012 de Nottingham, en Reino Unido. Fueron 16, de todas las disciplinas. “Ha sido la delegación más numerosa de Sudamérica. Ésa ha sido la satisfacción de este año”. Cada proyecto que culmina se convierte en regocijo para Norma.

Ahora está al frente de la fundación Visión Cultural, de la que también es creadora. Allí tiene parte de su colección de ángeles; el resto, está en casa. Uno de ellos es un pequeño colgante que lleva en el cuello.

Le gusta la música rock y la clásica. “Mi vida es toda un extremo”. Tiene muchas satisfacciones, pero también le suceden cosas duras, explica. En el último tiempo, la muerte de su padre, un secuestro exprés y un accidente de tráfico. Al amanecer, tras el choque, miró el auto destrozado y pensó: “Estoy viva”.

Desde entonces, trata de dedicar más tiempo a los suyos que, por suerte, entienden que Norma es una mujer que vive por y para la cultura.

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