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Alberto Alandia. Las zapatillas se las calzó casi a los 21 años y a los 25 logró ganarse un lugar en la carrera de Danza del Teatro Colón de Buenos Aires. En breve, será parte del show de despedida de Eleonora Cassano. Bailarín.

La Razón (Edición impresa) / Mabel Franco

00:00 / 02 de diciembre de 2012

Arte es lo que respiró desde niño Alberto Alandia. En su familia hubo un muralista, Miguel Alandia Pantoja, su tía es la   pianista Mariana Alandia y “mi abuelo, Alberto, fue un gran abogado que como cantante se pagó los estudios”. Pero fue su hermana menor, María Fernanda, quien lo atrajo a la danza.

“Me enseñaba pasos de ballet, jazz... Y descubrí que me gustaba más que cualquier otra cosa”.

El joven, que para la danza clásica puede no serlo a los 21 años, de todas maneras acudió al Ballet Oficial de Bolivia y fue admitido. Un poco, porque es difícil para este arte contar con varones, y mucho por el estado físico y decisión de Alberto.   

Pronto surgieron dificultades en la institución, que se fue quedando sin ítems y sin futuro cierto. “Junto con mi novia (la también bailarina Tatiana Inofuentes) partimos a Buenos Aires con nuestros ahorros”. Hace tres años y medio de ello y hace dos que, luego de vencer pruebas exigentes, fue admitido en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, en la Carrera de Danza de la que prevé egresar en 2015.

“En esta profesión tienes que estar consciente de tu cuerpo todo el tiempo: bendecir su anatomía, cuidarlo, trabajar para que dure”, describe este paceño por teléfono con un innegable tono porteño.

“Nunca hablé como paceño, más bien tuve siempre una entonación neutra”, se explica y de inmediato dice que extraña los subebajas de su ciudad, el aire frío en los pulmones —cuenta que habla de La Paz y del país con quien puede— y la comida, “porque yo como equilibrado, sano, pero no me mato de hambre”.

“Algo vieron en mí”, se dice sobre el camino que se le ha abierto en Buenos Aires. No sólo en el instituto, también para obras y trabajos paralelos. De hecho, ahora mismo, en medio de una primavera de 25 y 35°C, con lluvias y hasta frío algunos días —“cuando parece La Paz”— está ensayando intensamente para el show que se ofrecerá al pie del Obelisco, en la despedida de Eleonora Cassano. Él y Tatiana quedaron entre los 40 bailarines elegidos de entre cientos, informa  contento.

Sobre el futuro, en el panorama más bien lejano (15 años), Alberto piensa en volver al país para formar a nuevas generaciones de bailarines. Él halla que el nivel básico que se ofrece en Bolivia es muy bueno; lo que falta es el superior, la actualización. Y a ello piensa contribuir toda vez que él haya bailado tanto como quiera y pueda.

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