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Pedro Jiménez. De pequeño, jugaba a ser artista y su escena favorita era la bendición en el templo, por las voces magníficas de las monjas y el cura girando con una solemnidad ‘tremenda’. Hermano lasallista

La Razón / Estefanía Pacheco

00:00 / 13 de enero de 2013

Radiante podría ser una buena palabra para describir al hermano Pedro Jiménez en su relación con los demás. Sonriente, casi siempre, y con las manos en constante movimiento,  este hijo de Riberalta enciende, sí o sí, el ambiente que le rodea. Teatral sería otro adjetivo para el educador del colegio La Salle, creador del festival intercolegial Indivisa Manent, un espacio que alienta en los jóvenes el amor por las artes escénicas.

Al iniciar la secundaria, recuerda aquel periodo de su vida, viajó a Trinidad para estudiar en La Salle. “Me quedé con la boca abierta por la disciplina, el nivel de estudio, la cordialidad de los hermanos que acompañaban a los alumnos, jugando fútbol, en la misa, en el coro”. No es que todo fuese celestial, “también peleaban; tenemos la idea de que los hermanos son tranquilos, pero, como todo ser humano, tenemos errores”. Y una gran familia con la que lidiar, “pues si Dios no nos dio hijos… el diablo nos dio sobrinos”, se ríe con ganas.

Sus padres, en principio, no querían un hijo cura, menos que tuviese que irse al noviciado de dos años en Córdoba, Argentina. Único hijo varón y con tres hermanas mayores ya casadas, los tíos le ofrecieron dinero para que estudiase lo que quisiera. El segundo problema era más íntimo: él quería dedicarse a Dios, pero también deseaba ser artista, ¿cómo podría conjugar la religión y el teatro, un arte que se cree exhibicionista?

Fue su madre quien le ayudó a decidirse: “Bueno hijo —le habría dicho—, te vamos a apoyar; al final, la felicidad de una mamá y un papá es ver feliz a su hijo”. Listo. Agarró sus maletas y se despidió, pero pronto lloraría mucho por la soledad que sintió.

Al volver a Bolivia, ya era hermano. Como tal, ingresó a la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz para estudiar Literatura. Se encontró entonces con el director de teatro Eduardo Cassís y así pudo abrazar esa otra vocación y aplicar cuanto aprendería también en su misión de educador.

Hoy, el hermano Pedro enseña teatro y oratoria a los estudiantes de secundaria del colegio La Salle. Y una vez al año, convoca a alumnos de otros establecimientos para el Indivisa Manent. Algunos teatristas que hoy dan vida a la actividad artística en La Paz, comenzaron en esos encuentros.

“Los chicos sueñan, todos lo hacen, el problema es cuando se olvidan de soñar y entonces beben o pierden el camino. El teatro ha dado a muchos de mis alumnos un sentido en sus vidas”, afirma y se pone serio. “Empieza como una diversión y te agarra porque te rescata”, sonríe.

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