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Las energías de La Isla de la Luna

El turismo se aviva en la comunidad de Coati

La Razón (Edición impresa) / Mabel Franco

00:00 / 30 de septiembre de 2012

Cada vez más, el turismo místico, gnóstico, elige como destinos a las islas del Sol y de la Luna. Para el 21 de diciembre se teme ‘una invasión’.

El turismo esotérico, místico, gnóstico o espiritual tiene en el lago Titicaca varios destinos, algunos de ellos —quizás los más importantes—, las islas del Sol y de la Luna, en Bolivia.

El 21 de septiembre, equinoccio de primavera, diversos grupos de buscadores de nuevos sentidos, de energías de algún tipo que deben ayudarles a encontrarse consigo mismos, se vieron faz con faz en la Isla de la Luna o Coati. Chilenos, uruguayos, españoles, peruanos, estadounidenses, brasileños, bolivianos... Algunos con ropas blancas de pies a cabeza, ellas con faldas multicolores hasta los tobillos, otras con pañoletas largas atadas a la cabeza, unos con sandalias o descalzos, todos coincidieron, en el centro del Iñac Uyu, con el acto del Koya Raymi organizado por los comunarios aymaras.

Apthapi, la Red de Turismo Comunitario del lago Titicaca y la Asociación de Turismo Comunitario Warmi Taqui de Coati invitaron a un grupo de periodistas para presenciar el Festival de Ñustas y Elegidas, tradición quechua del antiguo incario. Los estudiantes del colegio Copacabana, de Copacabana (municipio del cual depende Coati), se vistieron con aguayos y representaron, mediante la danza y algo de teatralización, los días de reinado del Inca que terminaron con la conquista española. En medio se hizo el rito del Koya Raymi (koya, mujer virgen) o fiesta asociada con la espiritualidad femenina, la fertilidad y la siembra.

La Isla de la Luna se encuentra a una hora y media de viaje desde Copacabana, en nave con motor fuera de borda, y a unos 15 minutos desde el puerto de Yumani, en la Isla del Sol. Tiene una superficie de 105 hectáreas de terreno escarpado y surcado por terrazas de cultivo de tiempos prehispánicos.

Las 25 familias que habitan el lugar viven de la agricultura y la pesca. Maíz, papa, oca y haba crecen en esta tierra, así como se crían ovejas y llamas. Del lago se obtiene el pescado: ispis y karachi.

Esos alimentos, en una rememoración de ritos ancestrales, fueron presentados el 21 de septiembre por las mujeres y guardados en vasijas de barro. Luego, en una especie de procesión, las ollas se llevaron, al ritmo de mohoceñadas, hasta el lago que se tragó la ofrenda.

El turismo en esta isla es relativamente reciente, confirma Brisa Uriona, coordinadora técnica del Proyecto Rutas Turismo Comunitario con Calidad Sostenible. Por ello, los habitantes han podido organizar la actividad de manera comunitaria. Y para lograrlo han recibido la ayuda de la CAF y la Fundación Codespa, entidad de la cooperación internacional que gestiona más de 100 proyectos en 17 países de América Latina, Asia y África.

Siete comunidades lacustres forman parte de la Red Apthapi: Challapampa (Isla del Sol), Coati, Sawiña (a 10 min. de Copacabana),  Sampaya (a 45 min. de Copacabana en auto), Pariti, Kewaya y Patapatani.

Lancheros, guías locales, hostaleros, artesanos y gastronómicos han sido capacitados por el proyecto, de tal manera que cada servicio necesario para facilitar la presencia de turistas esté atendido y beneficie a las comunidades.

Coati permite ahora pasar la noche. Hasta hace poco, quien deseaba pernoctar en el lugar llevaba carpas. Hay que tener claro que no existe el concepto del hotel tradicional, sino la posibilidad de que el visitante se integre a la forma de vida de los comunarios. Unas 30 personas pueden quedarse, al mismo tiempo, en la isla y disfrutar del paisaje, la tranquilidad y la hospitalidad local.

Pasado y futuro

La Isla de la Luna fue, según cuenta la historia, el lugar donde se hallaba el Ajllahuasi, el Palacio de las Vírgenes o templo sagrado de Iñac Uyu. Ruinas de esa estructura sirven para los ritos actuales en los que los aymaras recuerdan a los quechuas. El sitio arqueológico está cercado por una malla y para ingresar hay que pagar.

Una vez dentro, los visitantes no tienen restricciones para tocar los antiguos muros. De hecho, los gnósticos, iluminados, místicos y otros ponen las manos en los muros de piedra, cierran los ojos y esperan cargarse de energía. No cuesta mucho imaginarse que con el tiempo y de seguir así, la piedra terminará desgastada.  

Uriona defiende un turismo rural que “respete los valores de la comunidad anfitriona”. La gente de Coati “expone su generosa hospitalidad; recibe a esos turistas con respeto por  sus creencias y espera ser respetada en su intimidad social”.

La avalancha de turistas, movidos por la creencia de que el 21 de diciembre las energías del planeta cambiarán de lugar (de Asia a los Andes) debe ser manejada con  códigos de conducta claros para  evitar impactos negativos en los delicados sistemas insulares, recomienda. Mucho más luego  del 21 de septiembre, cuando una fogata encendida por algún místico estuvo a punto de afectar los cultivos en Coati.

La Organización Mundial del Turismo aboga por la conservación socioambiental y en tal sentido, “aún nos falta mucho por trabajar”, dice Uriona.

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