Escape

De vuelta en la escena. ‘Gory’ Patiño activa su ser teatral.

El comunicador formado en la UCB, con una maestría en Cine lograda en Los Ángeles, lo tiene claro: el teatro le hacía falta.

La Razón / Mabel Franco

00:00 / 23 de septiembre de 2012

Rodrigo Patiño volverá a pisar un escenario teatral luego de 12 años de haber dejado este tipo de actuación. Su último papel, representado en el Teatro Municipal de La Paz a principios de 2000, fue el de un joven soldado camba perdido, como tantos bolivianos, en la Guerra del Chaco. El dramaturgo y director Carlos Cordero le confió ese papel de la obra Urania Films y luego le recomendó para una beca del Centro Latinoamericano de Investigación Teatral (Celcit), que llevó al joven paceño a Buenos Aires durante ocho meses.

Formado en la carrera de Comunicación Social de la Universidad Católica Boliviana, Patiño había realizado audiovisuales que respaldaron su currículum a la hora de solicitar, de vuelta en La Paz, la beca Fulbright. De manera que hizo maletas nuevamente, en 2003, y se fue a Estados Unidos para especializarse en puesta en escena para cine, movimiento de cámara y guión. En el norte se quedó ocho años y decidió retornar a La Paz en 2011.

En el año transcurrido, Gory, como le dicen los amigos, ha dedicado sus esfuerzos al campo de su especialidad: la imagen, la publicidad, la televisión, el cine. En marzo último, durante el Festival Internacional de Teatro de La Paz (Fitaz 2012), acudió a varias funciones y el actor que en esencia es Patiño añoró el retorno.

Por fortuna, para él y para quienes conocen su talento —que sorprendía ya al público del festival estudiantil de teatro, que se organizaba en los 90 y del que su establecimiento, el colegio Alemán, era clave—  sus pares no le habían olvidado.

Percy Jiménez, que en sus inicios teatrales compartió las emociones de enfrentar al público con Gory, estaba buscando un actor para completar el elenco de la obra Shakespeare de Charcas, una migración del texto clásico, Ricardo III, a la realidad boliviana. La productora Mariana Vargas le comentó sobre las ganas de actuar del antiguo compañero, así que Jiménez lo convocó “y pude seducirlo”.

En Shakespeare de Charcas, Gory encarna al hermano de la virreina, ése que trepa en las escalas del poder por sus influencias y no por mérito propio. “Es un gran actor, muy sensible e intuitivo”, afirma el director. “Es un placer tenerlo; él entendió rápidamente mi forma de trabajo, que es más de un realismo psicológico que de imagen o composición. Yo apelo a la psicología humana para entender por qué el deseo, el temor, por qué se contradicen y de qué impulsos nacen”. Pues a ello se ha enganchado el actor que “todo el tiempo ha estado proponiendo cosas, trayendo detallitos nuevos para su personaje y en el teatro eso es algo que se agradece mucho”.

No se vaya a pensar que Gory Patiño llegó ante Percy desprovisto de instrumentos. Antes había acudido al taller de actuación para cine que dictó Marcos Loayza en la Cinemateca Boliviana y estuvo calentándose con papeles en la gran pantalla: aparece en Insurgentes (Jorge Sanjinés) y es parte de Norte estrecho  (Omar Limbert Villarroel), proyecto por estrenarse y que tiene las actuaciones de Luis Bredow y la mexicana Carmen Salinas.

Además, que Gory volvería a pisar tablas era una decisión tomada. Antes de la llamada de Percy Jiménez, ya adquiría forma otro proyecto que se prevé llegará a escena a fin de año: Arte (Jazmina Reza), una reflexión sobre la amistad.

El campo profesional en el que se desenvuelve Gory es la publicidad. Dirige comerciales que se trabajan sobre todo en Santa Cruz, si bien él radica en La Paz.

Especialista en dirección de guión, un proyecto suyo ha logrado el financiamiento de Ibermedia para el desarrollo de una película que tendrá las actuaciones de Cristian Mercado y Juan Carlos Aduviri, entre otros. En tales circunstancias y porque una cosa lleva a otra ha tenido que gestarse Arte, la obra que unirá los talentos de Gory, Cristian y Luigi Antezana, todos bajo la dirección de Fernando Arce, otro joven que estuvo formándose en EEUU y que, por ejemplo, actuó en la película La cacería del nazi (Laurent Jaoui).

Y se podría seguir enumerando los nudos de las redes que se han ido tejiendo y que unen a mucha gente de una generación —de la que es parte Patiño—, que se ha tomado en serio la profesión que en general, en el país, solía ser un oficio para el tiempo libre.

Una de las impresiones que tuvo Gory durante el Fitaz es la de una presencia de actores y grupos de estilos muy diversos. Y, como no sucedía cuando él empezaba, “hay temporadas largas, una programación anual y público, sobre todo joven”.

Todo ello no hace sino motivar al artista que se dice: “Tengo que seguir aprendiendo”.

Los Ángeles, donde vivió y trabajó más de una década, “es una ciudad ingrata con el teatro”. Por eso fue dejándolo. “Sin embargo, creo que es una tontería plantear distancias entre la actuación del cine y la teatral. Hay gestos más sutiles en un caso, hay que dosificar la voz; pero en esencia es lo mismo”. Para probar sus palabras, está el ejercicio propio: “pese a todo, el teatro es algo de lo que no me había olvidado”.

La prueba de fuego se aproxima. Shakespeare de Charcas se estrenará el 4 de octubre en el coliseo del colegio Franco Boliviano. El nerviosismo, inevitable, salió a relucir en el ensayo con público realizado hace una semana. Pero el diálogo con actores de la talla de Pedro Grossman parecer ser ya esa escuela que está buscando Gory Patiño, quien se percibe en medio de una relación —la de Jiménez y Grossman— que compara “con la de Scorsese y De Niro”.

Cristian Mercado es el amigo con quien más afinidades personales y de actuación dice sentir el actor y cineasta. Con Luigi Antezana la relación es, en tal sentido, más nueva, pues data de fines de los 90, cuando ambos actuaban bajo las órdenes de Cordero. El tiempo de conocerse ¿determina el grado de amistad?

No es un tema que preocupe a los implicados en la vida real, claro, pero podría servir de plataforma para darle sentido a los personajes de Arte, según lo siente Gory Patiño.

En la pieza —que ha sido puesta en escena de Francia a México, de Estados Unidos a Argentina, en unos 30 países y con actores de la talla y/o fama de Ricardo Darín, Alan Alda, Alfred Molina o Héctor Bonilla—, el tema que cautiva al actor es el de los alcances de la amistad.

“¿Quién es más tu amigo? ¿El que conoces desde la niñez pero que ahora no tiene nada en común contigo o el nuevo con quien de pronto hallas más afinidades?”, se pregunta Gory.

El momento de la gran ola

La trama en Arte se desata por un cuadro que uno de los personajes, Sergio, adquiere a un precio exorbitante. Su viejo amigo Marcos cree que es un absurdo, pues la obra es una superficie en blanco y no más. Iván, otro amigo, puede que crea lo mismo, pero no lo va a decir delante de Sergio...

En fin. Ya llegará la hora de hablar de esta puesta que dará continuidad a las ansias de representar de Gory. Porque dirigir, “no, por ahora prefiero ponerme en manos de otros directores; yo me manejo mejor detrás de una cámara”.

Lo más cercano, en todo caso, es Shakespeare de Charcas, obra en la que comparte con Teresa Dal Pero, Kike Gorena, Patricia García, Paola Oña, Mauricio Toledo, entre otros. De paso, se alegra de que el festival intercolegial “que nos catapultó a muchos” esté recobrando fuerza, “pues si empiezas a los 16, estarás haciendo teatro hasta los 80”.

“Hay tanto de donde escoger, en cuanto a actores hoy en día, que da gusto. También para cine y publicidad —si las agencias contratan a más profesionales nacionales y si los clientes aceptan ideas creativas”. Lo que tiene claro el profesional es que “la ola es enorme, sólo queda que nos subamos para surfear”.

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