Escape

Un espacio Magick de encuentro

La magia del lugar está en la decoración, inspirada en los años 30, y por el menú especial. Un espacio que estimula la creatividad.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose

00:00 / 18 de enero de 2015

El ambiente vintage se ve y se respira desde que se atraviesa la puerta de MagicK, un café restaurante cultural, ubicado en Sopocachi. Inspirado en los años 30, el vintage es un estilo elegante, de aire romántico, basado en diseños de estilo antiguo, pero utilizando accesorios vanguardistas y modernos.

Rombos blancos, pasteles y negros en las paredes y en el mostrador es lo que se aprecia al entrar, mientras que el piso de la cocina emula a un tablero de ajedrez, sobre el que el personal se mueve para hacer un jaque mate en la atención al cliente. La idea de la decoración fue del danés Stephan Gamillscheg, quien se inspiró en los circos de los años 30, por lo que uno de los ambientes tiene la misma estructura de una carpa, pintada con líneas horizontales que se alternan entre blancas y azules.

La estética de los 30 enamoró a Gamillscheg porque para él aquella era una época donde fluía mucho el arte, la creatividad y la cultura. “Ese tiempo me inspira mucho”. La primera vez que Gamillscheg llegó a Bolivia, en 2005, lo hizo a través de una Organización No Gubernamental (ONG) de Dinamarca de jóvenes católicos en proyectos con niños del área rural de Sucre. La institución trabajaba en asociación  con una organización de jóvenes.

El grupo estaba conformado por estudiantes que también venían del campo y querían retribuir los estudios que habían obtenido. El grupo se llamaba Yanapakuna, palabra quechua que significa “nos ayudaremos entre nosotros”. En aquella ocasión, el danés se quedó en el país durante cuatro meses. Ya en Dinamarca, el retorno era siempre una constante porque su corazón se había quedado en Bolivia, enamorado de una paceña que conoció en Sucre, quien actualmente, desde hace dos años, es su esposa. Bolivia siempre fue un deseo que giraba en la cabeza del europeo desde sus años escolares, y cuando estudió Ciencias Políticas en Dinamarca enfocó sus investigaciones en el modelo democrático de nuestro país.

Otro aspecto que le llamaba la atención fue el concepto de comunidad. “En Dinamarca se comparte otro tipo de intereses, en cambio en Bolivia se lo hace más en el barrio, en la familia, en el ayllu”.

Es a partir del concepto del compartir que desde el año pasado surgió la idea de crear MagicK. “He visto lo fuerte que es tener un espacio para compartir y para alimentar la convivencia y comunidad donde al mismo tiempo se puedan crear cosas”. El deseo de promover la cultura y hacer comunidad alrededor de ella, donde la gente también se pueda involucrar pudo más y Gamillscheg quedó impactado con el movimiento cultural de La Paz, porque a un par de meses de la inauguración del espacio ya le han llegado varias propuestas  creativas de artistas y creadores.

Sobre el nombre del lugar ubicado en Presbítero Medina 2526, se lo eligió porque para Gamillscheg es una palabra fácil de entender para los bolivianos y para los extranjeros, que son su público meta. “Para mí, la magia puede ser lo que pasa en la taza de café, un sabor intenso y, si es diferente, es interesante”, dice, mientras los aromas frutales del café recién hecho se empiezan a sentir. “También creo que la magia se da sobre todo en el encuentro con nuevos amigos interesantes y a veces en una actuación donde uno se siente casi como embrujado”, resalta y mira el lugar fijamente con sus intensos ojos celestes.

De este modo, el concepto se muestra en todos los aspectos, no solo en el nombre del café, sino también en el estilo del lugar e incluso hasta en el menú.

El amoblado también es parte de la estética, que empezó a tener una perspectiva parisina, casi como de un Moulin Rouge, un cabaret de la capital francesa que ofrecía espectáculos con grandes artistas a inicios del siglo XX.

Los muebles fueron conseguidos en El Alto y refaccionados por las manos del propio Gamillscheg y el papá y el tío de su esposa, quienes les ayudaron a reacondicionarlos al lugar.  Formas curvas y onduladas en colores rojos, cafés y mostazas son las características de los muebles donde la gente se reúne para compartir. “Me parece mucho más bonito reutilizar algo que comprar algo nuevo, tiene más vida, cada cosa tiene y agrega algo de historia al espacio y me encanta”, expresa.

Moulin Rouge se hace presente en este espacio lleno de lámparas redondas y de papel reciclado, de diferentes tamaños y colores que penden sobre el techo. Gamillscheg las consiguió de una decoradora en el Mercadito Pop, justo cuando pensaba ir por algo parecido hasta la India.

Esta decoración, acompañada por paredes rojas y la luz que entra por las grandes ventanas, le da una iluminación particular al espacio, que tiñe el ambiente con colores carmesí. “Siempre me ha fascinado trabajar con la iluminación. Sobre todo después de haber estado en el festival Burning Man, en Nevada, donde se trabaja muy creativamente con esto”.

Pasando el mostrador se encuentra una habitación grande y anfibia, alumbrada por focos cubiertos por sombreros de cholitas. Aquí reina la paz dos veces por semana, gracias a las clases de yoga regulares que se pasan. En otro momento, se inunda de sonidos de bandoneones cada vez que se brindan las clases de tango. Y cuando el sol se pone, los laúdes resuenan al acercarse la hora de la danza del vientre. Para llegar al espacio del lounge, se tiene que subir unas cuantas gradas flanqueadas por paredes tapizadas, a su vez, por decenas de hojas de ¡Aquí está!, una revista argentina de los años 1938 a 1941. “Muchos artículos tratan de los conflictos en Europa, otros de ciencia, moda y estilo, al lado de propagandas de productos como té, helado, entre otros. También lleva varias notas de otros países, es una revista bastante internacional”, explica el anfitrión.

Relajación

Una vez que se pasa por ese pasaje lleno de historia mundial, se llega finalmente al lounge, decorado enteramente con motivos hindúes y persas. Con varios cojines en el piso y colores púrpuras en las paredes que sostienen a Ganesha, uno de los dioses más conocidos y adorados del panteón hindú, que tiene cuerpo humano y cabeza de elefante, este espacio está pensado especialmente para la relajación.

“Cuando viajé con un amigo a Persia e India, nos sorprendió la hospitalidad de la gente de esos lados. Llegamos justo en época del Ramadán, que es cuando los creyentes, por la fe que profesan, practican el ayuno diario desde el alba hasta que se pone el sol. Sin embargo, la gente de allá nos preparaban alimentos solo para nosotros y nos miraban comer”.

De alguna forma, en ese contexto, para Gamillscheg el comer también se volvió mágico. Es por eso que en MagicK se pone énfasis en ello. Por ejemplo, el café que se sirve está inspirado en la cocina nórdica, pero viene de los Yungas bolivianos.

Dentro de los puntajes con los que se clasifica este producto, el café de MagicK está sobre los 85 puntos, lo que lo hace un café de altísima calidad, puesto que si está por encima de los 80, ya es considerado especial. “La clave para un buen café es que no tiene que estar sobretostado, sino en un nivel de tostado donde se sientan todos sus aromas. Eso es lo que le proporciona un sabor dulce y fragancias a veces de frutas... una taza de café casi muy floral”.

El restaurante además es vegetariano y tiene una política ecologista, ya que en lugar de dar plastoformos a los clientes que quieren comida para llevar, se les entrega tapers aumentando Bs 6, que serán devueltos si es que la persona opta por llevarlos. Además de eso, en la cocina no se encuentra nada enlatado ni en conserva, es más, ni siquiera hay un microondas. Hay servicios de almuerzo y de cena, que vienen con ingredientes según la estación para degustar de algo fresco que no necesita de ningún tipo de manipulación química y, por supuesto, de cafetería. Uno de sus productos estrella es el brunch, un neologismo a partir de la unión de breakfast (desayuno) y lunch (almuerzo), que consiste en una comida realizada por la mañana entre el desayuno y el almuerzo.

“El brunch que servimos es realmente mágico porque viene con hartas cosas. Tiene como componentes pan integral y un plato, que se sirve en sartén rústico, llamado tomaticán, que es un huevo criollo con tomate y cebolla, acompañado por verduras al horno. No hay que olvidarse de los quesos de cabra de Tarija, más la mermelada casera, la mantequilla y el humus, una pasta de garbanzos árabe”.

En el paquete también está un plato de frutas de la temporada, más el yogur y el musli casero que ellos mismos hacen, acompañado por un zumo de naranja y café o té a elección. Todo está a Bs 52.

Una melodía del británico Tom Waits parece provenir de un fonógrafo, mientras las curiosidades internacionales de revistas de fines de los 30 están sobre la mesa. Las luces comienzan a bajar y las velas son encendidas para una velada perfecta  al estilo del Moulin Rouge. La máquina del tiempo retrocede en la zona de Sopocachi  en un espacio que emula un aire vintage al puro estilo de Midnight in Paris.

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