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Flor de Coroico

La Alcaldía, empresarios y Boltur unen fuerzas para ampliar el flujo de visitantes nacionales y extranjeros al municipio.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 17 de mayo de 2015

Cuando pasaba las vacaciones de invierno en su natal Coroico, el pequeño Gonzalo admiraba el paso raudo de los coches de carrera en la Vuelta a los Yungas. Estaba tan encandilado por el deporte tuerca, que prometió que algún día iba a participar en esta competencia. Tiempo después, Gonzalo Jiménez cumplió su objetivo: llegó a ser reconocido en el país al haber ganado, entre otras, la Integración del Oriente, el Gran Premio Nacional de Automovilismo (cuando unía los departamentos de Pando y Tarija) y la Vuelta a los Yungas en varias ocasiones.

Siempre ligado al área automotriz, en la actualidad es dueño de una empresa de compra-venta de automóviles en La Paz y también es propietario del hotel Jazmines, uno de los más hermosos del municipio ubicado en la provincia Nor Yungas. “En Coroico he pasado los momentos más felices”, manifiesta Gonzalo, quien se enorgullece de que sus antepasados hayan pertenecido a este pueblo. “Es el cariño al lugar lo que me ha motivado adquirir un hotel.Quería convertirlo en el mejor y lo estoy logrando”, asegura el empresario.

Kilómetro y medio antes de arribar al pueblo de Coroico, en una de las sinuosidades del camino de tierra se alza una pared de piedra pintada de blanco, con un arco también pétreo que invita a ingresar a los Jazmines. Nada más al llegar a esta posada se siente la tranquilidad del paisaje bucólico, con el sonido del arroyo que pasa al lado de la infraestructura y aves que vuelan o descansan sobre la diversidad que brinda este paraje de la cordillera Oriental andina hacia el Amazonas.

Gonzalo, que viste un polo anaranjado, al igual que el personal que atiende a los huéspedes, espera, al costado de una de las dos piscinas, a la comitiva de periodistas que llegó con Boliviana de Turismo (Boltur) y les asegura que “no se arrepentirán de la visita”. No se equivoca. Para empezar, los visitantes reciben un vaso con el tradicional yungueñito, hecho con frutas que se producen dentro de la propiedad. Es una gran bienvenida.

Cuando sienten la llegada de algún vehículo o de personas extrañas, una jauría de pastores alemanes ladra desde un costado del estacionamiento del hotel. Se trata de una pareja de perros que cuida el alojamiento y sus cinco cachorros, que juegan en un rincón de aquella estancia. Gonzalo explica que los animales forman parte de una promesa que quiso cumplir con su hija Daniela, quien falleció debido a una extraña enfermedad. “A ella le encantaban los perros, tenía su pastor alemán fuera de la casa y su poodle adentro”, recuerda.

“El destino quiso que mi hija se convierta en el ángel que guía mi camino” en busca de su serenidad y de los visitantes que se alojan en los Jazmines, emprendimiento que está a punto de cumplir 13 años, dice Gonzalo. “El hotel es un lugar mágico donde se puede sentir paz y tranquilidad, desde donde se tiene una vista espectacular del paisaje. Me costó mucho en la parte económica, pero esto me está ayudando a sobrellevar el vacío tan grande por la pérdida de mi hijita”, dice el corredor que ahora está inmerso en la competencia por atraer a más turistas a Coroico.

Trabajo en equipo

En este emprendimiento no se puede trabajar de manera aislada, así que Gonzalo, dueños de otros hoteles, el Gobierno Autónomo Municipal de Coroico y Boltur se propusieron aumentar la cantidad de turistas a esta región. “Nos falta trabajar de manera corporativa, no solo desde el municipio, sino también con el Gobierno central y la Gobernación, porque se debe dar mayor apoyo al turismo”, comenta el amante de los fierros.

Según René Toro, director de Turismo de la Alcaldía, al año llegan aproximadamente 100.000 visitantes al pueblo yungueño, en especial durante los feriados, pero la meta es que el flujo aumente más. “Queremos fortalecer este destino porque se dinamiza la economía de la región”, afirma Lourdes Omoya, gerente de Boltur, empresa que coadyuva a Coroico a través de la venta de paquetes turísticos.

La temperatura ambiente, con un promedio de 20 grados, es ideal para meterse en la piscina de más de diez metros de largo, desde donde existe una vista única de los Yungas, con el fondo que muestra parte de la cordillera Real y el nevado Mururata.

En cuanto a la gastronomía, la especialidad de la casa es  el chairo yungueño, una sopa preparada a base de guineo picado en lugar del chuño. El plato fuerte es pollo a la campesina, carne cocida en un horno de barro con puré de papas, con el sabor especial que solo Coroico puede brindar. Con solo estirar el brazo se puede bajar alguna fruta que crece en la posada. Naranjas, mandarinas, plátanos, palta... “El desayuno es jugo de naranja con maracuyá, acompañado con papaya y plátano que se producen en la propiedad; el café es totalmente orgánico y colado como lo hacían nuestras abuelitas”, cuenta el anfitrión, quien resalta que la comida natural es la característica de los Jazmines.

Las habitaciones dobles y simples, que se encuentran en el edificio principal, tienen ventanales que permiten observar los cerros bañados de bosque. Las cabañas también son cómodas y amplias, con un estilo rústico y atractivo, y con sendas empedradas en medio de platanales y otra variedad de plantas, además del rojo intenso de los jazmines que abundan en el lugar y que dan nombre a este establecimiento.  Toro señala que a este municipio se puede llegar desde La Paz en dos horas y media, a través de una carretera asfaltada y segura durante todo el año. “También tenemos una oferta de servicios diversificada, con más de 60 establecimientos hoteleros, desde los más básicos hasta los más sofisticados”, agrega. Y es que Coroico brinda una variedad de ofertas para los visitantes, como  las rutas guiadas a través de cafetales o cocales, caminatas por caminos precolombinos, arte rupestre en la comunidad de Fariñas, petroglifos en Quelcata y la visita a la exhacienda de Gonzalo Sánchez de Lozada, que fue expropiada por el Estado y ahora es manejada por la comunidad de Chijchipa.

Después de recorrer las calles aún tranquilas del centro del pueblo y beber algo refrescante, el turista puede tomar un taxi y dirigirse a la Poza del Vagante, un grupo de fosas naturales de piedra por donde se puede disfrutar del agua tibia proveniente del río que baja del cerro Chijchipa. Media hora de viaje en vehículo es suficiente para llegar a las cascadas de San Félix, San Jacinto y Cochuna, donde se puede observar y sentir la caída de agua de más de ocho metros de altura como un gran velo cristalino.

Lo que antes fueron senderos peligrosos y en algunos casos inaccesibles, ahora son  centros turísticos que tienen sendas mejoradas, con señalización, miradores, refugios, baños ecológicos, parqueo para vehículos y vestidores para entrar en las piscinas rústicas hechas de piedra.

En un costado del ingreso a la cascada Jalancha, Mario Quispe, poblador de San Félix, explica que los comunarios se turnan en la administración del sitio.

“Antes era un lugar pendiente, solo se podía entrar con pita (soga)”, cuenta Mario, quien informa que el ingreso a la cascada cuesta tres bolivianos, dinero que se destina al  mejoramiento de las áreas colindantes con las cascadas, como la ampliación del camino o la construcción de las piscinas.

A un lado de las gradas que conducen a las sendas que llevan al fenómeno natural, Cristina, esposa de Mario, invita a los visitantes mandarinas que guarda en un saco de tela, en una muestra de la hospitalidad de los habitantes del pueblo coroiqueño. Gonzalo reconoce que existen problemas en aquella ciudad intermedia, como los desechos que originan los visitantes y los pobladores, y la terminal de buses que no es utilizada de forma masiva, lo que causa que en la plaza principal se generen atolladeros de minibuses que buscan recoger a los pasajeros.

Ante este panorama contrastado con el paradisíaco lugar que se puede visitar, el expiloto de automovilismo reafirma que es necesaria la coordinación entre autoridades regionales, nacionales y el pueblo, para continuar en esa carrera por ser la capital boliviana del turismo.

Leyenda de Coroico

Coroico guarda entre sus habitantes leyendas que explican el surgimiento de este municipio de la provincia Nor Yungas.

Una de ellas señala que el pueblo donde actualmente se encuentra el centro de las actividades es relativamente nuevo, debido a que antes había una antigua comunidad que ahora se denomina Coroico Viejo o Kory Huayku.

Se cuenta que en aquel pueblo encantado se organizaba la fiesta en honor de la Virgen de la Candelaria. “En la fiesta participaban chiriguanos, mukululus, moseñadas y chunchus”, cuenta René Valencia, secretario general del Gobierno Municipal de Coroico.

Durante una misa, en medio de las celebraciones, una cholita empezó a sentir los dolores habituales de una mujer embarazada. Al final del rito eucarístico, la mujer había parido seis pequeñas serpientes en la puerta de la capilla del pueblo antiguo. La gente que estaba presente en ese lugar sintió miedo, por lo que surgió la idea de quemar a los reptiles.

René relata que el marido de la cholita advirtió de que si mataban a sus “hijos” iba a maldecir a todo el pueblo.

Cuando los habitantes quemaron a las serpientes, en ese momento el cielo se llenó de nubes oscuras y empezó a llover, mientras que la gente que quería escapar se convirtió en piedra.

En ese panorama de ruinas —según comenta René—, la Virgen de la Candelaria se convirtió en paloma, voló y se posó donde ahora se encuentra la iglesia de Coroico.

“Hasta hoy existen testimonios de que se escucha el repiqueteo de campanas a las once de la noche”, dice René.

Hotel Jazmines

El hotel Jazmines se encuentra a un kilómetro y medio antes de la llegada al pueblo de Coroico en Nor Yungas. Para más información se puede visitar la página web jazmineshotel.com, en Facebook a través de Jazmines Hotel Coroico o llamar al teléfono 2229967 y al teléfono celular 71943711.

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