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10 formas de hacerse el sueco

Guía para visitar desde la encantadora Estocolmo hasta una reserva vikinga  y conocer la cultura, la gastronomía y el buen gusto del país escandinavo.

La Razón / El País

02:30 / 28 de julio de 2013

Más allá de Ikea, la multinacional mobiliaria, existe un estilo sueco: el de su paisaje y sus ciudades; el de su gastronomía y su peculiar cultura. Éste es un viaje al norte entre vikingos y lapones, senderos y pistas de esquí, museos a tutiplén y miles de islas y lagos, diseñadores que triunfan en todo el mundo y jóvenes chefs que reinventan la tradición sueca.

1 Islas, museos y diseño en Estocolmo

Lo primero, imprescindible, inevitable (e inolvidable) es visitar la capital del país, sobre todo las sinuosas calles adoquinadas de Gamla Stan, el centro histórico. Estocolmo es una ciudad que se apoda a sí misma belleza sobre el agua, pero no es presunción, sino la pura realidad. Su aspecto no defrauda: sus abundantes y relucientes canales reflejan la oblicua luz del norte en edificios con tonos tierra.

Además, es una ciudad llena de museos, magníficos restaurantes y miles de tiendas. Estocolmo es pasarela, sala de exposición y cocina de investigación a la vez.

Para los viajeros de paso tiene otras muchas ventajas, como un eficaz transporte público, habitantes que hablan varios idiomas y hoteles de diseño. Es una ciudad accesible y fácil de explorar a pesar de su peculiar distribución en 14 islas conectadas por 57 puentes que, a priori, puede resultar complicada.

Puestos a seleccionar experiencias imprescindibles, recomendamos: estudiar un naufragio (y de paso la historia sueca) en el Vasamuseet, pasear por el evocador Gamla Stan y el Palacio Real, visitar la Suecia en miniatura en el museo al aire libre de Skansen, ir de bares de estilo bohemio en Södermalm, comprar en las boutiques más chic de Biblioteksgatan o navegar en ferry por el archipiélago de Estocolmo.

2 Los senderos del Norte

Los paisajes naturales del norte son uno de los mayores atractivos del país, y aunque la temporada es relativamente corta, merece la pena ir a las tierras vírgenes septentrionales aunque sólo sea por la experiencia de transitar sus preciosos senderos. En su mayoría, los senderos suecos están bien cuidados y con refugios oportunamente instalados a lo largo de ellos. Hay miles de kilómetros de rutas señalizadas por todo el país, el sueño de todo excursionista.

Algunos lugares concretos en los que aventurarse son los senderos de Kungsleden y Padjelantaleden, el Parque Nacional Sarek y el Parque Nacional Tyresta, al sureste de Estocolmo. O una propuesta especial: el Sendero Ártico, un proyecto común de Suecia, Noruega y Finlandia, situado por encima del Círculo Polar Ártico. El recorrido, de 800 kilómetros en total, empieza cerca de Kautokeino (Noruega) y termina en Abisko, ya en Suecia.

3 Auroras boreales y fenómenos árticos

Las manifestaciones que han dado fama al norte de Suecia —una natural y otro artificial— se encuentran más allá del Círculo Polar Ártico. Ningún fenómeno natural puede compararse a las auroras boreales, las luces que cambian de color y bailan en el cielo nocturno del invierno ártico (de octubre a marzo). El Hotel de Hielo, un humilde iglú transformado en palacio, se inspira en la naturaleza cambiante de las luces del norte y se recrea de forma diferente cada invierno. Está al este de Kiruna y ha pasado a ser una rareza internacional que todo el mundo visita.

La capital del ártico sueco, Kiruna, es también famosa por la célebre saga de novela negra sueca de Åsa Larsson, aunque en realidad debe su existencia al depósito de mineral de hierro más grande del mundo. En verano acude mucha gente a contemplar el Sol de Medianoche, uno de los grandes espectáculos naturales del mundo. Aquí se observa desde finales de mayo a mediados de julio.

4 En ‘ferry’ a la Edad Media

La ciudad portuaria hanseática de Visby justifica por sí misma el viaje en barco a la isla de Gotland, en pleno mar Báltico, entre Letonia y Suecia. Es fácil sentirse en plena Edad Media entre sus robustas murallas medievales que encierran calles adoquinadas, casas de cuento de hadas alfombradas de flores y hermosas ruinas en colinas con impresionantes vistas al mar Báltico. Las murallas, con más de 40 torres y unas espectaculares ruinas de iglesia, son el sueño de todo fotógrafo de viajes.

Los mercaderes de los siglos XII y XIII construyeron fabulosas iglesias en esta bonita isla, Patrimonio Mundial de la Unesco, de las que se conservan cerca de un centenar. Hoy miles de turistas llegan para disfrutar de sus encantadoras ruinas, remotas playas, idílicos senderos para recorrer en bicicleta o a caballo, extrañas formaciones rocosas, excelentes restaurantes y su animada vida nocturna en verano.

Su mayor evento es la Semana Medieval (la primera o segunda semana de agosto), que anima el casco viejo de Visby con disfraces, recreaciones y mercados. Entre los monumentos que pueden verse en Gotland destaca el Tjelvars grav, un conjunto en forma de barco de la Edad del Bronce, así como la iglesia de Gothem, una de las más impresionantes de la isla.

5 Cine en Fårö

Los cinéfilos y amantes de la naturaleza quizá prefieran ir más al norte, hasta Färo, terruño de Ingmar Bergman. Aquí se pueden recorrer los senderos que rodean esta hermosa isla barrida por el viento. El ferry a Fårö, con frecuentes salidas, es gratis para coches, pasajeros y ciclistas. Los que llegan hasta aquí recomiendan la puesta de sol en Långhammarshammaren.

6 La reinvención creativa de la albóndiga

Hace muchos años que Suecia dejó atrás las monótonas fuentes de pescado y patatas. La gastronomía sueca, humilde y saludable, se ha renovado en los últimos tiempos a partir de la experimentación. Los mejores chefs del país, jóvenes y atrevidos, han adaptado la comida tradicional y, junto a platos clásicos como arenques fritos o albóndigas, se ofrecen platos innovadores con marcada influencia y aspiración internacional. Por supuesto, la renovación más popular es el smörgåsbord, que habitualmente se consume durante las festividades de invierno. Otra de las obsesiones de la nueva gastronomía sueca es la agricultura y la ganadería sostenibles, así como los productos ecológicos, de los que presumen todos los restaurantes, los más modestos incluidos.

Cenar en Suecia es una aventura y toda una experiencia. Dos pistas para descubrir la mejor comida sueca: Mathias Dahlgren, en Estocolmo, y, al norte de Hornavan, Grands Veranda, un rústico granero en medio de la nada que atrae a los gastrónomos suecos gracias a delicias locales como el bistec de reno o la trucha ártica. Y para experiencias gastronómicas originales: ¿por qué no apuntarnos a una búsqueda guiada de trufas en Gotland, o un safari de langostas en la costa oeste?

7 Deporte en Laponia

Los deportes invernales son uno de los principales reclamos de Laponia, la última región de tierras vírgenes de Europa. Para hacer esquí de fondo basta con ponerse unos esquís y salir en cualquier dirección; para descensos sobre la nieve, ya sea heliesquí o snowboard, la mejor opción es Are, la estación de esquí más popular del país, a orillas del lago Åresjön. Se pueden recorrer también páramos árticos en un trineo de perros, haciendo crujir la nieve recién caída, o, si se prefiere, ir motorizado y calibrar durante el trayecto la habilidad de pilotaje sobre la superficie de un lago helado.

Durante los meses más fríos, Laponia es otro mundo: una estepa blanca atravesada por perros huskies y motos de nieve, y salpicada de coloridos mercados de invierno lapón, como el de Jokkmokk que se celebra el primer jueves de febrero hasta el sábado.

8 El Reino de Cristal

Glasriket, el Reino de Cristal, es el tercer gancho turístico más importante de Suecia, después de Estocolmo y Gotemburgo. Allí, en el sureste del país, se pueden visitar una docena de fábricas de vidrio, casi todas de gran longevidad, como la de Kosta, fundada en 1742. En Glasriket se armoniza la destreza y el músculo para producir asombrosas (y también prácticas) obras de arte. Sus sopladores manejan burbujas de cristal fundido hasta elaborar fantásticas criaturas, cuencos, jarrones y esculturas. Se pueden comprar para la repisa de la chimenea o intentar soplarlos uno mismo en centros como los de Kosta, Orrefors, Pukeberg y Johansforg. El Smalands Museum de Växjö permite conocer esta industria con más de 500 años de historia y, como colofón, disfrutar de un cóctel rodeados por las creaciones del artista Kjell Engmar en el bar azul de Kosta Boda Art Hotel.

9 De isla en isla

Los habitantes de Estocolmo no paran de elogiar las islas del archipiélago que comunica la ciudad con el mar Báltico. Este fascinante paraíso de pequeñas ínsulas rocosas, unas cubiertas de frondosos bosques y campos de flores silvestres, otras simples refugios para gaviotas, suscita una habitual discusión sobre su número total. Se estima, no obstante, que son unos 24.000 islotes que cuentan con servicios de ferry y circuitos organizados para ir de uno a otro. Sus hostales, zonas de acampada y otros tipos de alojamiento ofrecen múltiples opciones para pernoctar.

Si se quiere realizar una excursión a una isla poco convencional, una buena opción es ir a las de Åland, que suelen visitarse en excursiones de un día.

Técnicamente, estas islas son finlandesas, pero oficialmente son autónomas, con bandera y cultura propias. En verano hay muchos visitantes, amantes del camping y la bicicleta, que recorren sus iglesias medievales y sus pueblos de pescadores.

10 Los auténticos vikingos

Uno de los planes más apasionantes en tierras suecas es intentar aproximarse a la verdadera cultura vikinga. Al norte de Höllviken se puede visitar la Reserva Vikinga de Foteviken, una evocadora y viviente reconstrucción de una aldea vikinga situada en el lugar donde se libró la batalla de Foteviken, en la bucólica península de Falsterbo, 30 kilómetros al sur de Malmö.

El poblado cuenta con 22 casas de techo de junco rodeadas por una empalizada, componiendo un conjunto admirablemente auténtico, cuyos residentes respetan las tradiciones, leyes y religiones vikingas. Allí están el jefe, el comerciante, el jurado, el escriba… No falta un gran salón lleno de escudos, una mortífera catapulta de guerra y (a la venta) estupendos objetos de artesanía hechos por sus vikingos habitantes. La Semana Vikinga suele celebrarse a finales de junio y culmina en un mercado, con ágiles guerreros entrenándose.

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