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El héroe Abaroa del carajo

Fue uno de los defensores del Puente del Topáter que eligió morir en su tierra cuando podía haber migrado.

Eduardo Abaroa Hidalgo, a la edad de 41 años ha pasado a la inmortalidad por su coraje y valentía, su negativa a rendirse en el Puente del Topáter y sobre todo por su famoso carajazo dirigido a los militares chilenos.

Eduardo Abaroa Hidalgo, a la edad de 41 años ha pasado a la inmortalidad por su coraje y valentía, su negativa a rendirse en el Puente del Topáter y sobre todo por su famoso carajazo dirigido a los militares chilenos.

La Razón (Edición Impresa) / Pablo Michel, historiador

00:00 / 26 de marzo de 2017

No es fácil comprender cómo los bolivianos de la segunda mitad del siglo XIX entendieron en su tiempo los conceptos de nacionalidad y patriotismo (no patrioterismo ni chauvinismo) como ciudadanos de un país que tenía muchas limitantes, con apenas 54 años de existencia, sin vinculación caminera ni ferrocarriles, sin telégrafos, con un desconocimiento casi total del resto de los territorios bolivianos, con constantes luchas políticas, con una población cuyo analfabetismo llegaba al 78% del total y donde los indios ni siquiera eran considerados bolivianos. Un país que 38 años antes estuvo a punto de ser desmembrado por el Perú; que apenas construía su sentido de nación boliviana y que se reconocería como tal muchas décadas después, en pleno siglo XX.

No es fácil de comprender cómo en este adverso contexto geográfico, sociocultural y económico, la generación boliviana de la Guerra del Pacífico estuvo a la altura moral y espiritual de este tremendo desafío histórico. Y claro, existieron también los “bolivianos” antibolivianos, los que nunca se identificaron como tales y que buscaron simplemente favorecer sus intereses… hacer el vil negocio, la minoría.

Pero hoy (para alegría mía) escribo sobre un boliviano a carta cabal, un ciudadano común y corriente que estuvo a la altura del desafío patriótico… y que por supuesto dudó como todo hombre, pero cuya decisión al final lo colocaría como el ícono boliviano por excelencia de la Guerra del Pacífico y la reivindicación marítima: el ciudadano Eduardo Abaroa Hidalgo. Y claro que tuvo detractores… y hasta hoy, para vergüenza nuestra como sociedad… y no faltaron aquellos que hicieron referencia al héroe como “que solo era un terrateniente rico que únicamente defendía sus tierras”. Y claro que defendía sus tierras; obvio, pero también defendía su genuina noción decimonónica de “patria boliviana” o “nación boliviana” o como se quiera. Del grupo numeroso de terratenientes y empresarios bolivianos asentados en Antofagasta, Mejillones, Tocopilla, Cobija y Calama, la mayor parte no participaría en la célebre defensa del pueblo de Calama, se harían a un lado y con el tiempo se volverían chilenos. Abaroa… no.

Grupo de civiles bolivianos que encabezaron la resistencia en Calama. Al centro izq. con fusil en ristre, Severino Zapata; al centro con revólver en mano, Eduardo Abaroa; al centro der., coronel Ladislao Cabrera.

Eduardo Abaroa Hidalgo, a la edad de 41 años, ha pasado a la inmortalidad por su coraje, valentía, su negativa a rendirse en el Puente del Topáter y sobre todo por su famoso carajazo dirigido a los militares chilenos: “¿rendirme yo?, ¡que se rinda su abuela, carajo!”. Sin duda alguna, esta respuesta en el fragor de la batalla representa el ímpetu, el coraje y la rabia contenida por la felonía del gobierno chileno que ordenó la usurpación a los territorios bolivianos y peruanos… y es excelsa.  Pero, yo me quedo con la otra frase dicha por el mismo Abaroa días antes de su muerte, la poco conocida, la que los profesores de los colegios no la cuentan; la que el héroe boliviano dijo con la claridad de mente y tranquilidad de espíritu: “esto es Bolivia, soy boliviano y aquí me quedo”.

“Esto es Bolivia, soy boliviano y aquí me quedo” es una frase contextualmente abierta y atemporal, se aplica a cualquier realidad o época en Bolivia. ¿Acaso Abaroa entendería perfectamente que el lugar de su nacimiento debería ser también el de su muerte?; todo indica que así fue.

La carta encontrada en el museo del ferrocarril Antofagasta-Arica en 1987, que fue escrita por el propio Abaroa y dirigida a Ladislao Cabrera (el jefe y organizador de la defensa de Calama) fechada el 18 de marzo de 1879 (cinco días antes de la defensa), muestra que don Eduardo no participaría en la defensa, pero que en su calidad de hombre respetable y económicamente acomodado contribuiría para la dotación y equipamiento de los rifleros civiles bolivianos que defenderían el pueblo. ¿Qué pudo pasar para que Abaroa cambie su decisión y participe en la defensa de Calama? Serían cinco días cruciales donde el héroe del Topáter tomaría varias determinaciones:

Abaroa es considerado el máximo héroe de la Guerra del Pacífico.

1. No abandonar Calama como muchos otros bolivianos de su misma condición social y económica lo hicieron.

2. Casarse (mediante poder conferido a un amigo) con su mujer, la señora Irene Rivero, con la que ya vivía varios años atrás y tenía hijos.

3. Una vez casado, arreglar y ultimar los detalles de su testamento y dejar muy claro el asunto de sus herederos y última voluntad.

4. Hacer entrega total de su hacienda a la causa patriótica para la campaña, para que pudiesen disponer como mejor crean los jefes de la defensa.

5. Finalmente, imprimir en su imprenta miles de panfletos con contenido patriótico y llamado a las armas. No olvidemos que Abaroa también poseía concesiones mineras y era propietario de un pequeño periódico llamado El Eco de Caracoles, donde se anunciaba la venta de materiales y herramientas para la minería y actividades comerciales del sector; también la vida social era reflejada en este periódico de tiraje mínimo.

6. Por decisión del jefe de la defensa don Ladislao Cabrera, Abaroa se convertiría en el líder de la columna de 15 patriotas armados con rifles y revólveres, y además se le confiaría la defensa del reducto más complejo y donde existiría fuego nutrido: el puente Topáter. También conformarían una Junta Patriótica de emergencia por voto ciudadano; esta junta estaría compuesta por Ladislao Cabrera, Eduardo Abaroa, Fidel Carrazana y Andrés Lizardo Taborga.Calama, marzo 18 de 1879

Señor Don Ladislao Cabrera Calama Apreciado amigo:

Mi hermano Ignacio i mi familia queremos contribuirle con los siguientes alimentos para la tropa i las bestias caballares i mulares.

1 quintal de azúcar

1 quintal de arroz

20 libras de fideos

30 libras de charque

1 quintal de papas

10 libras de sal

2 barriles de pan desharinado

1 quintal de cebollas

5 kilos de café negro

10 amarros de tabaco

23 amarros de papel de hilo

10 cargas barriles de agua para tomar

20 arrobas de pasto y cebada para los caballares

9 turriles de pólvora

1(ilegible) con un revolver

10 libras de (ilegible) Ruégole me avise usted para ayudarle en cualquiera menester para organizar la defensa del pueblo antes de mi partida sin titubeos para que mande usted a su amigo atentamente su seguro servidor

Eduardo Avaroa

  • Copia fiel del original

Es importante notar que sobre el mismo hecho armado del día domingo 23 de marzo en Calama no existen grandes relatos documentados en la historiografía boliviana, pues el resto de los defensores sobrevivientes que participaron en la acción tuvieron que retirarse de los puntos que defendían. Ladislao Cabrera se dio cuenta de que todo estaba perdido, ordenando así la inmediata retirada de los sobrevivientes que en un inicio sumaban aproximadamente 135 hombres. Por esta razón los detalles y relatos de la muerte de Abaroa y la columna encomendada a él fue registrada por corresponsales chilenos, pues ellos vieron el final de la resistencia boliviana. Al respecto… la carta fechada el día 26 de marzo de 1879 escrita por el corresponsal chileno Félix Navarra se refiere a este episodio con las siguientes palabras: Calama, 26 de marzo de 1879“En el vado del Topater se habían realizado por ambas partes prodigios de valor. Avaroa el animoso jefe boliviano encargado de la defensa de ese punto, viose acribillado de heridas...” “cual el noble gallo inglés que muere en la arena de la rueda sin dar un grito ni rendirse... el desprecio a la vida que se le ofrecía en cambio de su vasallaje y murió como mueren los bravos invocando a la patria... …Siete de ellos cayeron exánimes entre zanjas y los chilcales… … a pesar de nuestra victoria… nuestros ánimos están mal impresionados. La sangre de nuestros hermanos pesa sobre nuestros pechos y ahoga el júbilo y la alegría. La heroica resistencia de nuestros enemigos infúndenos cierta desazón, pues prevemos la gran cantidad de sangre que será necesario verter antes de obtener el triunfo definitivo… … La dirección del ataque poco nos satisface y pensamos con cierta tristeza en los prodigios de valor que necesitarán desplegar nuestros soldados cuando llegue el día de sostener una gran batalla… si contra un poco más de un centenar de hombres tuvimos que batirnos varias horas, que pasará cuando nos enfrenemos al ejército regular?...   Félix Navarra, corresponsalAños más tarde, durante el juicio instaurado en la ciudad de Sucre a los supuestos responsables de la mala conducción de la guerra, aparecería este importante testimonio escrito por el propio Ladislao Cabrera:“los días pasaban sin que el Prefecto del departamento ni el Comandante General se hubieran situado el primero en Cobija y el segundo en Tocopilla, remitiendo a Calama ningún recurso de guerra. Lejos de eso en Cobija se detuvieron 9 quintales de pólvora fina que remitían a Calama los patriotas Manuel Morris y el coronel Juan Balsa. De los 10 quintales remitidos solo se recibió en Calama uno. Los 9 restantes se detuvieron con la frace: ¿para que el Dr. Cabrera necesita tanta pólvora?... con un quintal le sobra. Nueve quintales de pólvora fina habrían servido para la defensa de los tres puentes sobre el río Loa, donde tuvo lugar el combate” … “En la mañana del 23, destinado a la defensa del puente Topater con el coronel Lara, mientras se atendía al otro puente, Carvajal, Avaroa con 12 rifleros que se le dieron, entre estos Marquina, atravesó el río sobre unas vigas de madera y se batía en el campo enemigo, defendido por los escombros de un rancho. Se le hizo contramarchar de tan temerario arrojo y se le intimó perentoriamente, que su puesto era la defensa del puente. Ahí murió, después de haber consumado los 300 tubos que su rifle tenía de dotación. Avaroa era un gran tirador de rifle que hasta cazaba picaflores… mientras tanto ¿Qué hacía el Gobierno mientras se preparaba con tan escasos elementos la defensa de Calama? Ocultó la noticia de la ocupación de Antofagasta por más de ocho días por razones fútiles y rehusó conceder permiso a los coroneles Julián María López y Ramón González, generales ahora, que solicitaron reiteradas veces para ir al auxilio de Calama. El General Daza no permitió que los cuerpos de ejército mandados respectivamente por López y González, regimiento Húsares y batallón Illimani se pusieran en marcha sobre Calama. Decía: Cabrera es un ambicioso que solo se propone hacer bulla.” Ladislao Cabrera, La Paz, 1896.Copiado del “expediente concerniente al juicio instaurado al expresidente Hilarión Daza por traición a la patria”, Daza sería sobreseído.        Este esclarecedor relato del organizador de la defensa de Calama nos debe motivar a pensar y reflexionar sobre la improvisación e irresponsabilidad del gobierno de entonces y el país en su conjunto. Daza no quiso mandar tropas a Calama porque no quiso quedarse sin ejército en La Paz temiendo un posible golpe de Estado. En lo personal, hasta el día de hoy no entiendo cómo los creadores de las “leyendas negras” contra Daza han tratado de usar más el asunto del famoso episodio de la “retirada de Camarones”, donde hubo una corresponsabilidad de Daza e Ignacio Prado (presidente del Perú y comandante supremo del ejército aliado) y no así un hecho mucho peor y más condenable como “el abandono y negativas de auxilio a los patriotas de Calama”, esta es sin duda (en mi criterio) la mayor mancha de Daza y su gabinete… abandonarlos y luego declararlos héroes; como también lo haría Salamanca con los defensores de Boquerón, 53 años más tarde… y así, así.

  • Defensores

Al respecto, el Cnl. Julio Díaz Arguedas (importante historiador militar boliviano de la primera mitad del siglo XX) se refiere en su clásico análisis militar que los defensores de Calama hicieron más de lo que tenían que hacer, soportando un fuerte combate por más de tres horas, sin tener experiencia militar ni de conjunto. Sobre el ejército chileno también menciona que fue una diferencia numérica lo que les dio la victoria, pues en lo militar cometieron muchas fallas como las cargas de caballería durante el ataque inicial en los pasos del río, cuando se suponía que la caballería debió operar al cortar los caminos a Chiu Chiu y Cobija… el no hacerlo permitió que muchos bolivianos escapen dirigidos por Ladislao Cabrera. Estos sobrevivientes se enrolarían en las Guardias Nacionales y los destacamentos de Voluntarios que participarían en las batallas futuras. Debió ser la artillería chilena la que inicie el ataque y así eliminar o captura a los 135 bolivianos; concluye su análisis militar Díaz Arguedas.

Sobre la frase: “esto es Bolivia, soy boliviano y aquí me quedo”, la misma ha sido registrada en la obra de don Roberto Querejazu, aunque no había exactitud en las fuentes; sin embargo, en 1999 se encontraron en la ciudad de San Francisco en los Estados Unidos y por casualidad los testimonios del diario de Fidel Carrazana, del cual también habla otro excombatiente de Calama, don Andrés Lizardo Taborga, en su diario de campaña. En su breve relato, Carrazana muestra la decisión de Abaroa de no abandonar Calama cuando ya tenía su equipaje y pertenencias listas en varias carretas para salir rumbo a Potosí, donde su familia lo esperaba; pero cuando las noticias y testimonios llegaron a su periódico relatando los atropellos del ejército chileno mientras tomaban paulatinamente pueblos y villas bolivianas, Abaroa cambiaría de planes y se quedaría, saliendo de Caracoles a Calama para ponerse a órdenes de Cabrera. La frase fue escuchada por Fidel Carrazana y tres de sus empleados, los cuales también participarían en la defensa. El más joven de ellos, Justo Oropeza, también moriría en domingo 23 de marzo. Esta hermosa frase sería enterrada en el olvido y no sería recordada hasta hoy como el famoso “carajazo” dicho sobre el Puente del Topáter.

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