Escape

La imagen de las 12.000 perlas

La virgen de guadalupe de Sucre es de las más ‘ricas’ del continente

La Razón / Gemma Candela

00:08 / 15 de enero de 2012

Entre la plata y los adornos que recubren la imagen del altar, asoman el rostro y las manos de María, así como los de su hijo, Jesús. Estas partes casi ocultas, por lo ostentoso del revestimiento, son los únicos vestigios de lo que fue, originalmente, esta figura venerada por los habitantes de Sucre, la patrona de la capital de Chuquisaca: la Virgen de Guadalupe.

Las efigies religiosas de los altares suelen ser estatuas; sin embargo, en este caso, se trata de una pintura que el monje jerónimo Fray Diego de Ocaña plasmó con óleo sobre un lienzo, allá por 1601. El cuadro estuvo expuesto en uno de los laterales de la catedral sucrense y, a pesar de su disimulada ubicación, empezó a atraer a decenas de devotos que se detenían ante éste a entregarle sus rezos y peticiones.

Así fue creciendo la popularidad de esta Virgen morena inspirada en su homónima de la región española de Extremadura, donde inclusive hay un monasterio que lleva su nombre. Los feligreses le traían ofrendas que prendían afanosamente en el lienzo. Tantos eran los adeptos a su imagen y tan numerosos los obsequios, que la tela, finalmente, se rasgó y se rompió.

En 1784, se encargó al mejor orfebre de la época, José Alcalá, hacerle a la Virgen un enchapado en plata repujada. El artista recuperó lo que pudo de la pieza original (las manos y el rostro de las dos deidades) y el resultado final, una combinación de planchas de plata y oro, es lo que hoy luce en el altar de la capilla del templo sucrense.

La representación llegó hasta esta ubicación también en el siglo XVIII. El oratorio de la catedral se construyó para albergar la tumba del obispo Vergara, quien se percató de la veneración que generaba la pintura y pidió que se colocara en el altar de su capilla, presidiendo su descanso.

Allá está custodiada por sus progenitores celestiales, Santa Ana y San José, presentes en los laterales, y por un retablo en la parte superior donde aparecen San José y el Niño.

Todo el conjunto es de estilo neoclásico, interrumpido por una línea de focos de colores que hay sobre la figura principal y que ya no se prenden, precisamente, porque rompen con la armonía de la obra. La gran cantidad de joyas que la cubren la han convertido en una de las vírgenes más ricas del continente. Hoy es parte de la visita al Museo Eclesiástico de la también denominada Ciudad Blanca, que se encuentra dentro de la catedral de la capital.

Donaciones centenariasDesde 1601, el manto de este ícono religioso ha ido acumulando donaciones. Tiene alrededor de 12.000 perlas engarzadas sobre las chapas de metales preciosos, y también ha recibido condecoraciones como el Cóndor de los Andes, otorgado por el ex presidente Jaime Paz Zamora (1989-1993); el Gran Mariscal de Ayacucho, el título de Protectora de la Fiscalía de la Nación y, según la leyenda, también lleva sobre su manto el título de Generala de doña Juana Azurduy de Padilla (la medalla que luce con los colores de la bandera argentina).

No está estimado el valor económico del lienzo y de las piezas que engalanan a la patrona de Sucre. “Es muy difícil poder saber ello. El valor es espiritual, artístico, histórico”, manifiesta la administradora del Museo Eclesiástico, Pompeya Patzy. “Es invaluable”. Por ello, hay un sistema de seguridad que protege la querida imagen, ya que en 1978 hubo un intento de robo y, aunque el móvil pareció apuntar al repositorio y otras de sus reliquias, se tomaron todas las medidas para evitar que los devotos sucrenses se queden sin su Señora.

La historia cuenta que la fe por esta representación mariana se expandió por el territorio americano conforme fue avanzando la conquista española, entre los siglos XVI y XVIII, pues muchos de los colonizadores provenían de la región de Extremadura, donde el culto a esta figura católica es mucho más antiguo. Algunos manuscritos señalan que el creador de su imagen es San Lucas, por lo que su origen se encontraría en el siglo I de nuestra era.

La leyenda dice que la estatua de cedro fue enterrada junto al santo, y que éste fue trasladado en el siglo IV desde Acaya, en Asia Menor, hasta Constantinopla. De allí fue llevado por el cardenal Gregorio a Roma, en 582. Ocho años después, este religioso se convirtió en Papa y en un ferviente creyente de la Virgen, y se encargó de expandir la imagen en la capital del Imperio. Desenterrada por un pastorDe allí viajó a Sevilla, puesto que el papa Gregorio se la regaló al arzobispo de la ciudad española, San Leandro. La efigie fue venerada en la principal iglesia de la urbe, hasta la invasión árabe del siglo VIII. Fue así que huyendo del avance de las tropas enemigas, algunos clérigos sevillanos abandonaron la zona llevándose consigo reliquias, entre ellas la de la Virgen, que ocultaron en los márgenes del río Guadalupe, al sur de la sierra de Altamira, en la provincia Cáceres, de Extremadura.

Cientos de años después, a principios del siglo XIV, un pastor del lugar llamado Gil Cordero (también conocido como Gil Santamaría de Albornoz) perdió una de sus vacas y, al ir a buscarla, la encontró ahogada en el arroyo. Al hacer el amago de arrancarle la piel y marcarle la señal de la cruz en el pecho, el animal revivió. De pronto, la Virgen se apareció y le pidió que excavara la tierra para hallar su imagen. El hombre obedeció y encontró una talla de cedro del siglo XII que era una representación de la Madre de Dios, de piel negra.

La aparición igual le encomendó que levantara allí mismo una ermita para que se le rindiera culto, que el pastor construyó sobre su humilde morada. El edificio se convirtió, con el paso de los años, en santuario de la que fue bautizada como Nuestra Señora Santa María de Guadalupe y actualmente alberga el cadáver de Gil Cordero. Luego vino el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, de los monjes jerónimos, desde donde muchos religiosos partieron hacia América con la finalidad de cristianizar a los pueblos indígenas.

La abadía no sólo fue importante por los monjes que salieron de sus muros, sino por los famosos peregrinos que ha recibido a lo largo de los siglos. Los literatos ibéricos Lope de Vega y Carpio y Miguel de Cervantes y Saavedra, y los conquistadores Cristóbal Colón (estuvo cuatro veces antes de zarpar hacia el nuevo continente) y Hernán Cortés son algunos ejemplos de los ilustres visitantes de la Santa Señora.El Museo Eclesiástico de Sucre El ataviado lienzo de la Virgen de Guadalupe es la primera parte de la visita al Museo Eclesiástico que la Iglesia tiene en la capital chuquisaqueña. Atravesando el patio, se llega a la antigua capilla de San Juan de Mata, que se reconvirtió en la sala de exposición de los tesoros religiosos de varios templos sucrenses, como Felipe Neri o Las Mercedes, además de los pertenecientes a la catedral de la capital.

Cálices, coronas, custodias, crismeos, charolas, jarras, relicarios, pinturas... son algunos de los objetos litúrgicos que los visitantes pueden observar, todos realizados en plata y datados en el siglo XVIII. También hay sillones, camas mortuorias y una copia de la Sábana Santa de Turín (Italia), la tela de lino que muestra la imagen de un hombre con marcas y traumas físicos propios de una crucifixión, aquella que, según investigadores, pudo ser llevada por Jesucristo en su entierro.

Una de las joyas del repositorio es el cuadro La Virgen con el Niño y San Juanito, de Bernardo Bitti (siglo XVI), el monje jesuita nacido en Italia que terminó sus días en Lima, y que fue el introductor del manierismo italiano en Bolivia. La capilla alberga también otras pinturas, como La Circuncisión, del mismo autor, así como obras de Leonardo Flores y anónimos flamencos. Ser la sede del Arzobispado de La Plata ha facilitado que estos tesoros hayan llegado y se hayan quedado en territorio sucrense.

Del cuidado de la Virgen de Guadalupe se encargan no sólo los párrocos, sino la Legión de María de Sucre. Para su aniversario, que se celebra cada 8 de septiembre (día en que, según la fe cristiana, nació la madre de Dios), alrededor de 100 comparsas folklóricas venidas de los departamentos cercanos desfilan en su honor. En la céntrica plaza 25 de Mayo se celebra una misa a la que acuden autoridades civiles y religiosas. Al finalizar, una imponente procesión acompaña tan importante fecha para los devotos de la imagen que llegó de muy lejos para instalarse muy cerca, o muy dentro, del corazón de los sucrenses.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia