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El jach’a jechu

Recuerdo también que en aquel histórico festival el Jechu Durán concursó en la categoría Dúo junto a Emma Junaro,era un dúo impecable.

Foto: Gentileza Manuel Monrroy

Foto: Gentileza Manuel Monrroy

La Razón (Edición Impresa) / El papirri

00:00 / 14 de septiembre de 2014

Aquel 1 de noviembre de 1979 La Paz estaba en llamas, los tanques disparaban en la Garita, jóvenes caían sangrantes en la Plaza del Estudiante, los milicos en traje de guerra y con caras de brea se ensañaban contra el pueblo. Se había recuperado levemente la libertad luego de casi una década de banzerato, pero la democracia estaba debilucha. La ultraderecha fascista no quería dejar el poder y encabezada por el coronel Natusch Busch masacraba, la Central Obrera Boliviana se declaraba en emergencia, las ambulancias chillaban. Nosotros, changos recién bachilleres, nos lanzamos a las calles a tirar naranjazos a los tanques: más de 100 muertos, cientos de heridos, los paramilitares ávidos anunciaban el garciamezaso. Esa realidad feroz fue el entorno del I Festival de la Canción Social Universitaria realizado en el Paraninfo de la UMSA a fines de 1979. Recuerdo que me temblaban las rodillas cuando me aceptaron para participar representando a la Facultad de Derecho, recuerdo en la primera fila al jurado, Cergio Prudencio, Julio César Paredes, César Junaro, calificaban serios, el Paraninfo estaba repleto.

Entonces ingresa al escenario el cantautor chuquisaqueño Jesús Durán representando a la carrera de Sociología y canta una canción sobre las barricadas de noviembre, con un texto que emocionaba hasta las lágrimas, tratando el tema sin facilismos, con una prosa de luz. ¡Qué mejor canción para el momento! Yo en mis 18 años temblaba detrás del escenario, pues no sabía qué cantar. El maestro de ceremonias, Fernando Lozada, entonces, me anuncia con  voz de FM y le casco Dialéctica de la flecha a la bala, canción que nunca más canté. (Pero el Jechu sí la recordaba pese a su infarto y embolia de 2003. En nuestro último encuentro de 2008, en el camerino del Teatro Modesta Sanjinés y vía su cuadernito, me pidió que la cantara. Era un concierto del Papirri y Sobrevigencia, el Jechu estaba joven, rebosante, intacto, me emocionó verlo así, no podía hablar, pero sonreía, siempre sonreía).

Recuerdo también que en aquel histórico festival el Jechu Durán concursó  en la categoría Dúo junto a Emma Junaro, era un dúo impecable, se deberían haber casado esos dos, che, se querían mucho. Cantaron la canción Jallalla, una joya de la cancionística boliviana cuyo texto lúcido  reivindicaba el cerco aymara: “Con el viento en la garganta el Julián Apaza, grita por la pampa, canta pachamama/ Sembrando su causa el Willka Zárate camina/ Deja su semilla de quinua encendida…”. Poesía hermosa, música de fuego, compromiso vital, el Jechu reivindicaba al movimiento indígena mientras los izquierdistas bolivianos de la época cacareaban a la Harnecker. Dicen los que saben que el dúo también cantó la cueca Óscar Alfaro, no me acuerdo bien, pero sí recuerdo la melodía y un poco de la letra: “Óscar Alfaro de la raíz, asciende y sube hasta el soool”… Ésa era la magia de las canciones del Jechu, te entraban por el oído y se quedaban para siempre en el alma, como verdades eternas, como oraciones de infancia. Entonces, el jurado dio el veredicto del festival: primer lugar en categoría Cantautores: Jesús Durán… segundo lugar: Manuel Monroy Chazarreta… nos abrazamos  levemente, él me veía desde la terraza de los que saben de verdad y me hacía volar el cerquillo. En febrero del 80 viajamos juntos a Santa Cruz representando a La Paz en el Festival Nacional de la Canción Social, nos alojaron en un hotelito céntrico. Una noche antes del evento, la Juventud Cruceñista dejó un sobrecito en la recepción, decía que estallaría una bomba en cualquier momento “pa loj comunitaj de mierda”; el gerente nos sacó a los empujones, con el Jechu salimos en pijamas a la calle, (la Emma en camisón estaba bien, che), al parecer los bomberos detectaron el proyectil, no pasó nada, pero ya no pudimos dormir: los organizadores del Movimiento Jenecherú nos llevaron a sus casas. Al día siguiente tocamos en un local abierto, esos de carnaval cruceño. Y el Jechu arremetió con Los Igualitarios, un taquirari furibundo que decía más o menos así: “Andrés Ibáñez llegaba valiente/repartiendo los chacos y los machetes/ prematuro socialista, entre los desposeídos/luchando por abolir la servidumbre de los orientales llanos”. Ésta sí era la verdadera bomba, pensé, mientras lo aplaudía.

Llega el 84 con la obra patrimonial del Jechu Durán, Explicación de mi país, y la creación del Taller de Música Arawi. Recuerdo la visión mágica de la tremenda kullawada El repatriado, que es la mirada del Jechu volviendo del exilio y que además es un bello homenaje a La Paz. Luego, en los 90 nos perdimos de vista, el Jesús le metió full a la sociología y la academia se lo llevó a USA. Pero sus canciones siguieron sonando por siempre dentro mío: la ternura de Overol azul, Manuel Asencio Padilla florecido en el rotundo De Jumbate, y esa cueca brava Siglo XX que nos sigue estremeciendo: “Vienen todos los que faltan, vienen todos los caídos, los que nunca fueron muertos, los que viven renacidos”.

Hoy partiste, cóndor Jechu. Alto vuelo, Jach’a Jechu, luminosidad de los olvidados, sabio cancionista de la Guerra del Chaco, sencillo poeta de las warmis, lúcido músico de los mineros, poeta fino del Churuquella, Jesús nuestro de la canción boliviana, seguro nos encontraremos por alguna nube de los Andes extensos y me recibirás con tu sonrisa de siempre, con tus ojitos de llockalla bandido y tu fibra de puma guerrero.

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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