Escape

EL jucumari en situación vulnerable

El 70% de la población mundial del oso andino se encuentran en Perú y Bolivia.

La Razón (Edición Impresa) / Micaela Villa

00:00 / 22 de febrero de 2015

Muy pocas veces se deja ver pues prefiere vivir bajo su misterio en los Andes tropicales, desde Venezuela hasta el sur de Bolivia, e incluso el norte de Argentina.

Es solitario, aunque de cría se desarrolla bajo el cuidado de su madre. Tiene una mancha blanca o de color marrón claro alrededor de los ojos, como si usara gafas, en algunos casos esta mancha les cubre gran parte del rostro y parte del pecho... es el oso andino u oso de anteojos (Tremarctos ornatus).

Animal fuerte en apariencia, pero según la Wildlife Conservation Society (WCS, o Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre) en Bolivia —basándose en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)— se encuentra en estado vulnerable. Otros lo conocen como jucumari, se alimenta principalmente de hierbas y frutos silvestres, no obstante de manera oportunista puede consumir alguna presa animal. Este plantígrado (que apoya completamente la planta del pie para andar) de cabeza redondeada y hocico corto tiene el pelaje negro, aunque los hay de color marrón.

Nidifica en árboles o cuevas y es la única especie de oso en América del Sur.

“El jucumari es (un animal) simbólico, es sumamente hermoso, es de importancia para muchas personas y la gente que convive con él, es una especie emblemática y representa de manera muy linda a los Andes tropicales”, señala emocionado Robert Wallace, director del Programa de Conservación del Gran Paisaje Madidi-Tambopata de la WCS, quien después de 20 años de búsqueda, en 2012 por fin pudo apreciar la magnificencia de un oso de anteojos que se puso frente suyo y al cual inmortalizó en una fotografía.

Estudios

Debido a que no se contaba con la suficiente información de este animal, y solo existían estudios del biólogo norteamericano Bernard Peyton —uno de 1980 y otro de 1990—, en 2000 se iniciaron otras investigaciones sobre su hábitat a través de las señales (pelos, heces, marcas de arañazos, huellas de pisadas) que dejaba en el bosque montano (semihúmedo).

En 2008 fue necesario establecer un grupo de trabajo para evaluar su estado de conservación, conocer su distribución actual y determinar las áreas de conservación prioritarias. Es así que en noviembre de 2014, WCS publicó “Unidades de Conservación Prioritarias del Oso Andino en Bolivia y Perú”. El libro fue el resultado del “Taller Binacional sobre la Distribución y Estado de Conservación del Oso Andino en Bolivia y Perú”, que contó con la colaboración de al menos 30 expertos entre bolivianos y peruanos que dominan la vida de este animal. Es en ambos países donde más se desarrolla el oso andino. “La idea fue juntar a los expertos para que puedan analizar el estado y la situación del oso, son animales muy difíciles de estudiar, es un gran desafío y la comunidad científica con esfuerzos como éstos (investigación) está tratando de avanzar en la difusión de la información que se tiene”, dijo Wallace. ¿Dónde vive el oso de anteojos? El mamífero se extiende por Los Andes, desde Venezuela hasta el sur del país, e incluso quizás al norte de Argentina. Bolivia y Perú representan casi el 70% de la distribución mundial de esta especie (ver infografía), porcentaje que también alentó a realizar la investigación.

Los osos ocupan un área de casi 607.257 km2 (100%) en ambos países, tres cuartas partes de esa área en el Perú, es decir 462.252 km2 (76%) y una cuarta parte en Bolivia, 145.004 km2 (23,8%). No se tiene la cantidad exacta de su población, sin embargo en lo que respecta a las áreas de conservación analizadas por los profesionales binacionales y utilizando trampas-cámaras —metodología de estudio en la cual se utilizan dispositivos automáticos para capturar imágenes fotográficas de animales— se pudo establecer que existirían aproximadamente 10.000 osos, es decir tres osos por cien kilómetros cuadrados. La cantidad puede elevarse incluso a 24.500, hallándose siete osos por cien kilómetros cuadrados.

A diferencia de hace tres décadas, en el país existen áreas donde ya no se encuentran a los jucumaris dentro del rango de su distribución, como en las sabanas secas de Apolo (al norte de La Paz) y en las inmediaciones de los límites departamentales entre Cochabamba y Santa Cruz, lo que representa 1.606 km2. Otros 59.199 km2, de los 607.257 km2 (100%) que ocupan representan áreas donde ningún experto pudo confirmar su presencia o ausencia. El estudio señala que esta desaparición se debió a la influencia o huella humana, entendida como un impacto a los ecosistemas terrestres: densidad poblacional, infraestructura (carreteras, ferrocarriles) y otros. “(Personalmente) me tomó 20 años ver al oso en vivo, no es lo mismo que estudiar a los monos porque a ellos los podemos ver mientras caminamos por el monte (están en los árboles) y se puede estimar su población, este elemento no funciona para los osos”, contó el director del Gran Paisaje Madidi-Tambopata. Entre los peligros que existen y en caso de no contar con medidas ecológicas que mantengan y apoyen su conservación, estos mamíferos pueden presentar algunas amenazas, como incendios de gran magnitud que afecten su hábitat y conflictos entre humanos y vida silvestre.

“Hay dos temas importantes, uno es el tema de su propio medio ambiente, el oso andino necesita conectividad dentro de las poblaciones, visitar diferentes valles y hacer sus propios movimientos. También el peligro de si su hábitat está muy fragmentado por procesos de destrucción. No quiero decir que se deba tener un espacio para osos y otro para la gente. Hay que saber convivir con ellos”, dijo el experto. Los osos viven entre 2.500 m.s.n.m y 4.200 m.s.n.m., preferentemente en bosques nublados. Un macho grande puede llegar a pesar de 150 kilos a 200 kilos.

En el taller binacional en Lima, los expertos identificaron siete Unidades de Conservación del Oso Andino (UCO), equivalente a 49.890 km2 en los dos países. “La idea de la publicación es enfocar los esfuerzos de conservación sobre el oso en estos lugares, volver a analizar la distribución del oso andino”. De las siete UCO, una se extiende desde el Sur del Perú hasta el noroeste de Bolivia, abarcando las áreas protegidas de Apolobamba, Pilón Lajas y Madidi. Otra comprende las áreas protegidas de los parques nacionales Cotapata, Isiboro Sécure y Tunari, entre los departamentos de La Paz y Cochabamba. Otra unidad está centrada en el Parque Nacional Carrasco y el parque Amboró, entre Santa Cruz y Cochabamba.

Es en esta área donde la expansión de la frontera agrícola representa una amenaza para la especie. Una última UCO incluye a las áreas protegidas nacionales de Aguaragüe, Iñao y Tariquia, y las áreas protegidas municipales de Parabano y Serranía-Sararendo en los departamentos de Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija. A diferencia de las anteriores, esta UCO no presenta niveles altos de influencia humana. En cuanto a los osos andinos, al menos en Bolivia y Perú, sus poblaciones se encuentran todavía bien conservadas, sin embargo, en la medida que se intensifiquen los grandes proyectos de infraestructura y de caminos en los Andes tropicales, es previsible que esta situación cambie en la próxima década y que se genere un deterioro ambiental significativo, señala el estudio.

“A veces hay conflictos entre el jucumari y los cultivos; en los valles se siembra maíz y al oso le gusta el maíz, este es un problema y hay que saberlo manejar.

Por ejemplo las comunidades pueden minimizar este problema sin afectar al animal, entonces se debe ver cómo delimitar su espacio de cultivo”, dijo. “La situación del oso andino puede ser menos prometedora, dada la presión que existe sobre los ecosistemas del área norte de su distribución por la alta densidad de la población humana”, se lee en el trabajo.

Entre las recomendaciones que la WCS propone, se podría formar un grupo binacional para desarrollar un plan de acción para la conservación del oso, actividades de educación ambiental y comunicación dirigidas al público en general, además de programas de manejo de conflictos humano-vida silvestre que involucren a estos animales. Wallace señaló que este 2015, la WCS realizará estudios sobre vicuñas, jaguares y primates. Mientras tanto, este animal de actividades diurnas, excelente trepador, tímido y solitario permanecerá en los ojos de los biólogos para avanzar a la par de su desarrollo y la zoología.

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