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¡Qué lindo Mundial!

Este Mundial recuperó  al fútbol, revivió el juego  limpio, la gambeta, el toque, mostró un territorio sin arreglitos.

Dani Alves (izq.) y David Luiz (der.) consuelan a James Rodríguez luego d ela eliminación de Colobia de la Copa del Mundo. Foto: EFE.

Dani Alves (izq.) y David Luiz (der.) consuelan a James Rodríguez luego d ela eliminación de Colobia de la Copa del Mundo. Foto: EFE.

La Razón (Edición Impresa) / El Papirri

00:00 / 20 de julio de 2014

Desde aquel Mundial México 86 que no disfrutaba tanto, che. Y eso que, como oficinista, el asunto se pone muuuuy difícil, pero me alquilé un aparato para grabar los partidos que apaciguó mi alma futbolera. ¡Qué lindo Mundial este Brasil 2014! Lleno de goles, sorpresas, júbilo, colonias que se revelan, poderosos excampeones europeos retornando en puchero, magníficos afros en casi todos los equipos y enormes latinoamericanos demostrando técnica y garra.

El grupo A trajo la sorpresa de México: hizo tambalear al poderoso local. España la decepción del B, parece que los boys de Barcelona se jubilan antes de tiempo, mientras Chile demostró estar en su mejor momento. Colombia —sin Falcao— nos regaló buen fútbol, habilidad, regocijo, el niño James fue el goleador, metió uno de los mejores tantos y Pekerman se consagró como técnico. Entrañable Costa Rica ¡qué serenidad en el juego! ésta sí fue la gran revelación, clasificando invicta, eliminando nada menos que a Italia e Inglaterra: el patito feo del grupo D tapó la boca a los lógicos, a los calculadores, a los apostadores, a los predecibles, a los pecho frío, a los que no creen en la esperanza. Uruguay clasificó a los octavos arañando (y mordiendo), pero luego Colombia se ocupó de su retorno a Montevideo. Francia mostró un tridente ofensivo simpático, sin embargo, el técnico se equivocó sacando a Giroud y le costó caro. Ecuador se quedó en el camino, grave se sintió el bajón en Quito: del desmedido nacionalismo a la depresión total. El grupo F mostró que Sabella tuvo… suerte. Enfrentarse a Bosnia, Irán, Nigeria, Suiza y Bélgica dio al técnico gaucho un camino de privilegios. Sin embargo, no convocar a Tévez, el más importante goleador argentino de las ligas europeas (más aún con Agüero y Palacio a media máquina), demostró un lamentable nivel de problemas personales. Con Biglia y Pérez el genio Messi se quedó sin proveedores inteligentes. El grupo G concibió el desengaño de Portugal mostrando una Alemania impecable e implacable: gran estado físico de los teutones, la triada defensiva (centrales y arquero) de lo mejor de este Mundial, un medio campo sólido, ordenado, inteligente y un Müller categórico. El grupo H no sonó, es que la letra es muda.

Entre los cuatro mejores equipos del mundo quedaron Brasil, Argentina, Alemania y Holanda. Un Brasil que se consolidó a partir del triunfo ante Colombia, pero que en súbito pasó del anhelo a la tragedia: el desorden, la lentitud, el exceso de confianza hicieron que el local se llevara diez goles en dos partidos y un cuarto lugar de llanto. Holanda se quedó con el bronce, tuvo una hermosa triada ofensiva con los dos peladitos Robben y Sneijder más el gigante Van Persie. Con juego rápido, de pases largos casi, casi fue eliminada por… ¡Costa Rica! Eso fue lo más lindo de este Mundial, la sorpresa diaria y la fofa FIFA callada ante tanto júbilo y asombro. La suerte de Sabella en las manos de Romero llevó a Argentina a jugar la final frente a una Alemania dura, organizada, de gran velocidad y técnica. Argentina nos hizo corear la esperanza, pero no alcanzó la pasión: Alemania es campeón del mundo 2014.

Este Mundial recuperó al fútbol, revivió el juego limpio, la gambeta, el toque, mostró un territorio sin arreglitos, destronó dirigentes y empresarios, regaló un deporte nítido, nos hizo gritar, llorar, emocionar de verdad. Porque el fútbol es como la vida, nada está dicho, la sorpresa está a la vuelta de la esquina, y aunque quieras calcular, prever, ahorrar, toda lógica es trocada por el honor, el amor, el asombro, la garra.

Esta fue la versión 20 de la Copa Mundial. La vida me ha regalado poder ver y sentir 12 mundiales —más de la mitad— pues me acuerdo bien desde aquel hermoso México 70. Creo que fue suficiente, gracias a la vida que me ha dado tanto , además el próximo en Rusia y el de Qatar 2022 huelen a frío y a petrodólares.

El Papirri: Personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta.

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