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La línea de la vida

Carmen de Chicalulo apuesta por el zip line para su desarrollo.

Osadía. Un visitante se cuelga con las piernas arriba. Foto: Marco Aguilar

Osadía. Un visitante se cuelga con las piernas arriba. Foto: Marco Aguilar

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R.

00:00 / 21 de mayo de 2017

El siseo de la polea que recorre los 500 metros de cable de acero es lo único que une la realidad de la tierra firme con la experiencia onírica de estar colgado a 350 metros del suelo yungueño. Desde el mirador se observa que el osado está desapareciendo de a poco, hasta quedar como si fuera solamente un punto en el horizonte, al otro lado de una curva por donde no cesan de pasar los ciclistas que retan al Camino de la Muerte.

Zip line, canopy, tirolina, tirolesa o también llamado dosel, es un deporte extremo que consiste en una polea que está suspendida por cables montados en un declive, de tal manera que el usuario es impulsado por la gravedad y se desliza desde la parte superior, mientras disfruta, en este caso, del paisaje del norte paceño.

Interminable. El cable de acero desaparece entre la niebla y la vegetación de Nor Yungas, mientras dos visitantes observan desde uno de los miradores de la posada Mono Zipline & Café.

Como si se tratara de un tesoro, este lugar está escondido en medio del denominado Camino de la Muerte, la vía antigua que comunica la sede de gobierno con el municipio de Coroico, que se ha convertido en la ruta preferida para practicar biking o ciclismo de montaña, con decenas de deportistas —nacionales y extranjeros— que bajan todos los días desde La Cumbre hasta las regiones yungueñas.

David Pinedo, oriundo de la comunidad Carmen de Chicalulo (municipio de Coroico, en Nor Yungas), notó desde hace algún tiempo que entre 100 y 150 ciclistas pasan por su comunidad cada día, por lo que pensó la manera de aprovechar estas visitas para el desarrollo de su pueblo. Así fue como junto a sus vecinos planificó la instalación de un zip line en una de las innumerables curvas del camino de tierra, además de un espacio donde el visitante descanse, coma algo y beba un delicioso café de la región.

Una mujer está a punto de finalizar el recorrido.

Comunitario

Vanos fueron los intentos por convencer a ejecutivos de organizaciones multinacionales de que este proyecto podría funcionar, hasta que el Viceministerio de Turismo (dependiente del Ministerio de Culturas) lanzó el Programa Nacional de Turismo Comunitario, mediante el cual aprobó en 2014 la idea de Carmen de Chicalulo.

A través de un financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Gobierno destinó Bs 942.000, con una contraparte de la comunidad del 20%, bajo el objetivo de hacer realidad este sueño.

Moisés Yonyun Hur, gerente general de Suyana S.R.L., empresa que se encargó de materializar el proyecto, dice que contrataron a especialistas peruanos para la instalación de todo el equipo de zip line, con el fin de garantizar la seguridad de los usuarios. El resultado es que este circuito está habilitado, incluso, para organizar campeonatos internacionales de este deporte.

Una vista al refugio, mirador y restaurante de Carmen de Chicalulo.

La idea es que los ciclistas que descienden desde La Cumbre hagan una pausa en esta curva y se relajen con la práctica de la tirolesa. Como complemento de esta actividad, Suyana construyó un refugio de dos ambientes amplios, donde ofrecen sándwiches y variedades de café orgánico.

El feriado de Semana Santa ha sido propicio para la inauguración de este emprendimiento. La tradicional y pegajosa saya afroboliviana se ha apoderado por un instante de la fiesta de Carmen de Chicaloma, a la que también ha llegado la ministra de Culturas, Wilma Alanoca. “La idea es generar un turismo comunitario vivencial, que los turistas que llegan a Nor Yungas tengan un punto de descanso para tomarse fotografías y hacer turismo de aventura”, comenta mientras los guías le ajustan el equipo de seguridad para pasar 500 metros de cable.

Abel Barra es un apasionado del zip line, que pasó cursos de primeros auxilios, escalada y canyoning para convertirse, desde hace siete años, en guía de este deporte de aventura. “Hay harta gente. Cuando ven el cable, todos los que bajan en bici se animan a descender y les encanta”, asegura uno de los responsables de la seguridad.

Su afirmación se confirma de inmediato, cuando el primer grupo de ciclistas llega al refugio con el fin de descansar. Todos dejan sus bicicletas a un lado del camino, se acercan a la estructura de metal con pernos del tamaño de un puño; observan a los primeros practicantes del zip line y cambian sus uniformes de ciclistas por un arnés, polea, cinta, mosquetones, guantes y casco.

Intimida observar el final de la ruta, ya que se encuentra al otro lado de una curva del camino angosto, que desde arriba se asemeja a la cicatriz de una herida verde. Si bien el recorrido no es de los más largos de los Yungas, Mono Zipline se precia de ser el más alto, ya que en la parte más profunda hay una distancia de 350 metros de alto, lo que confirma el temor.

Miguel Oporto, el otro guía de este entretenimiento, comprueba que todo el equipo esté bien sujeto. “La seguridad que damos a la gente es 100% garantizada. Lo primero que tienen que hacer es quitarse el miedo, confiar en el equipo y disfrutar”.

La principal recomendación es sujetarse de la parte superior de la polea o de la cuerda que está debajo, pero no del cable, pues puede causar heridas en las manos. Mediante un handie, Miguel se comunica con Abel, quien está en el otro extremo, para confirmar que la línea esté despejada. Al recibir la afirmación, mediante un empujón, el guía suelta al cliente, quien siente el vacío  y la emoción de depender de una polea y un cable de acero, ante un precipicio que parece no tener fin. En ese momento, el siseo aumenta como volumen de radio, lo que hace tomar conciencia de que ese cable es la línea de vida en la aventura del zip line en Carmen de Chicalulo.

Deporte extremo, seguro y comunitario

Como soldados en apronte, los equipos de zip line están acomodados sobre una mesa, antes de que sean sujetados en los cuerpos de los clientes de Mono Zipline & Café.

Con el objetivo de brindar la mayor seguridad posible, este emprendimiento utiliza implementos de la marca francesa Petzl, una de las más importantes del mundo.

Para quienes recorran el camino antiguo a los Yungas y lleguen al refugio de la comunidad Carmen de Chicalulo, pueden disfrutar de la tirolesa por Bs 60, que incluye el préstamo del equipo, apoyo de guías especializados y retorno en vehículo al refugio. Para reservas y contactos se puede llamar a los teléfonos 72599925 y 70185514.

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