Escape

En llojeta

Partidos de fútbol inolvidables, tardes correteando perdices, los recuerdos que se acumulan 45 años después.

Vista de Llojeta. Foto: El papirri

Vista de Llojeta. Foto: El papirri

La Razón (Edición Impresa) / El papirri

00:00 / 13 de septiembre de 2015

Veo desde abajo, apenas, la arena me tapa las pestañas, arden los ojos, tengo los rulos polvorientos, las canillas raspadas, mis nudillos con verrugas sangran, el corazón late como bambi herido, se rompió el pantalón en la rodilla, era nuevo, me van a cascar. La luz está leeejos, es difícil calcular los metros hacia arriba, hago un esfuerzo por saltar como cohete, apenas entra mi cuerpito en el hueco, tengo diez años, soy un buen arquero, me dicen Gatty en el barrio, soy arriesgado, me tiro a los pies de delanteros más viejos y gordos, doy unas voladas espectaculares que desportillan mis codos con los guantes que traje de la Argentina. Salto de nuevo en el fondo del hueco, me imagino que soy Batmaaan, me acuerdo del autito que recién me regaló mi pagrino Fernando, es el auto de Batman en dinky toys, negrito, le sale un volcán del escape, y lo más lindo se abren las puertas... trato de reptar  por las paredes, limo la tierra, me sangran las uñas, eso maaas... mi mamá  se va a enojar grave, por el pantalón y por las uñas, tenemos concierto en 15 días y debo tocar Tarrega impecable, como ella quiere. Veo otra vez hacia arriba, es como un túnel en vertical, está atardeciendo, desde mis ojos hasta la salida del túnel hay un círculo cuya luz anuncia las cinco de la tarde.

Lo que pasa es que estábamos caminando, correteando por Llojeta con mi amigo Marcelo que es un jodido y quiere disparar a unas perdices con su fusil máuser que le sacó a su papá, -tengo permiso, ríe el Marcelo con su mueca de dibujo animado de los últimos, los japoneses, los más modernos. Yo quería  corretear Llojeta nomás. Entonces mientras él dispara por otros cerros cercanos me interno en el paisaje lunar, la tierra es porosa, desértica, pero rico ronceas con las kits Manaco, rrrrronceasss shempre, y bajas la subida como surfista paceño en el marco de una gloriosa tarde de Sopocachi alto con un cielo galáctico esplendoroso y un Illimani absoluto disparado al frente. Entonces me doy cuenta de que me estoy alejando demasiado, que el ronceo veloz me llevará a tener que trepar jodidamente otra vez todo, freno, me asusto, escucho el disparo cada vez más lejano, imagino la perdiz sangrante dando sus últimos nalgazos. Constato que estoy cansado mirando sentadito desde una roca la zona sur paceña que se vislumbra como un pubis virginal adolescente. Entonces corro hacia arriba, medio asustado, la tarde va cayendo, corro, corro y pluuun¡¡¡ me entro al hueco de mierda éste, empiezo a caer de quijada como supositorio de bajada, era como una volada de arquero pero hacia abajo, infinita, sin control, solo espero el golpe final como aquella vez que volé al ángulo y mi ceja dio con todo en el poste abriéndose una boca rotunda que parió sangre.

Y ahoooraaaa….que hagooo…digo, mientras me lamo las rasmilladuras. Suena el disparo del Marcelo como un remedo del aire. Algo con alas causa alboroto cerca de la salida del túnel…me quedo callaaaaro nomás…(para qué me habré metido en esto, me puteo solito)… otro disparo del Marcelo suena a recuerdo… el círculo de la salida del túnel se va pintando de azul, de gris, está por llegar la noche, más aleteos suenan en mi cabeza, parece que son… murciélagos¡¡ (Batman se caga de miedo). Se escucha un último disparo, no tengo otra que repasar la partitura de Recuerdos de la alhambra, la veo en el centro de mi frente: la menor, tremolo, la melodía es mi, re, do, re , miii... ya no se escucha nada, nada shempre, todo está negro menos los ojos rojos de las alas... entonces me desespero, empiezo a gritar, carajoooooooo... Marcelooooooo... no sé si el grito sale a la realidad, a la tierra, al planeta, estoy dentro del planeta, mamaaaaaa…ayudaaaaaa….y de pronto viene el picotazo en un ojo, es fuerte, contundente, siento que me chorrea algo tibio por la mejilla, duele carajo...

El túnel se cerró de noche entera, el frío entra como un bisturí de plata, me acuerdo de Plata, el caballo del Llanero Solitario, los aleteos persisten, más picotazos me parten el cráneo, me buscan los ojos, me aturden el oído, entonces cuando empiezo a ser calavera se siente un: Manueellll¡¡¡ sííííí, respondo herido... estás abajoooo?... sííííí, sollozo... llega ruido de motores, luces que dejan ciego, cae una soga bailando como una bendición coqueta, el Marcelo grita: agárrate de éstaaaa... llega otro picotazo en la oreja, puñeteo las alas, me aferro como Gatty a la soga, las Manaco se resbalan por el borde de la pared de tierra, me jalan muy rudo, me raspo la nariz, caigo de culo otra vez al fondo, va otra vezzz, agarrate bien, cojudoooo... grita el Marcelo...

De todo esto me acuerdo porque apareció en el ‘watsap’ mi amigo Marcelo luego de 45 años, vive en Londres, acaba de tener una bendición de nena que se llama Victoria, ambos recordamos desde un smarth esa tarde casi trágica, callada durante 45 años de complicidad.

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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