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El misterio de la Virgen de Chijipata: El batán y la llajua milagrosos

Podría decirse que en Laja le pusieron sabor a la historia de la Purísima Concepción con un poco de ají y fe.

La Razón (Edición Impresa) / Gabriela Behoteguy

00:00 / 19 de enero de 2014

La imagen de la Purísima Concepción de Chijipata apareció misteriosamente en una piedra batán del altiplano. Se formó milagrosamente con los colores de la piedra. La gruta donde reposa la Virgen con vestido blanco y túnica azul está como si hubiese sido pintada. Las personas devotas aseguran que apareció naturalmente en la colina que le da el nombre, en el pueblo de Laja.

Don Félix Valencia Siñani, vecino de Laja, me contó en mayo sobre el milagro de la aparición de la imagen: “Más allá del pueblo, en una montañita que se llama Chijipata, una señora había tenido pues su marido, entonces, en ese lugarcito dice que vivían: ‘Ay, mi marido va a llegar borracho, sabe querer llajua para comerse’, y se había molido en su batán. En eso había aparecido la Virgen pues en su batán, después la señora había venido a avisar al pueblo ‘una estrella ha aparecido’; y toda la sikureada había ido al lugar donde el milagro ha hecho la Virgen. Después de unos años han traído a la Virgen (el batán) a la iglesia grande de Laja, pero luego han construido su capilla, no aquí en Chijipata, sino más allá en la colina de Santa Bárbara”.

Podría decirse que en el pueblo de Laja le pusieron sabor a la historia de la Virgen María con un poco de ají. El batán es un instrumento de cocina, fundamental en la preparación de la comida criolla. Son dos piedras con las que se muele no solo ají, sino también granos de maíz, cebada o quinua. Los alimentos y el batán son parte del contexto doméstico y cotidiano, entonces la aparición de la Virgen de Chijipata corresponde a lo que culturalmente en los Andes es relativo a lo femenino.

La Virgen se apareció a una mujer que machucaba locotos, tomates y kirkiña (yerba aromática) para preparar la llajua (salsa picante) que despertaría de la borrachera al marido. Si bien la embriaguez puede ser un aspecto problemático, el relato no delata ningún conflicto al respecto. Al contrario, se menciona como una conducta natural que forma parte de lo cotidiano. Al respecto, Thierry Saignes en 1993 analiza que los prejuicios y el desprecio por el estado de embriaguez son parte de la mentalidad colonial y que en Los Andes los comportamientos culturales respecto al alcohol son parte del diálogo religioso: “el alcohol representa un vehículo privilegiado para comunicar con lo sobrenatural” . Esta borrachera costumbrista es fundamental en el culto a la Virgen de Chijipata.

La embriaguez se encuentra presente en el milagro de la aparición de la imagen y también durante los festejos que realizan cada 8 y 9 de diciembre los pobladores de Laja y los peregrinos que allá llegan desde la ciudad de La Paz. Durante la fiesta del 8 de diciembre de 2013, me senté a compartir algunos tragos en una de las carpas que se arman como pequeños bares donde solo venden cerveza. Primero invité medio vaso a don Elio, que se encontraba a mi lado; después su esposa me respondió con otro medio vaso. Al acabarse las cervezas, su cuñado compró unas más y nos las ofreció para que nos encargásemos de servirlas. Existe una serie de reglas para compartir, comprar e invitar la cerveza que deben seguirse en las fiestas religiosas. Por ejemplo, los vasos no deben quedar llenos para poder “secarlos” o acabarlos de un largo trago y así no atraer a la mala suerte, siempre se deben comprar las cervezas en número par y antes de tomar se debe invitar (“contigo” o “te invito”) a alguien para que tome después de que lo hace uno. Definitivamente, en Los Andes no solo se trata de emborracharse, sino compartir la embriaguez como parte del culto.

En 1548 se redactó el acta de fundación de la ciudad de La Paz en el templo de Nuestra Señora de la Concepción de Laja. En esa época ya se celebraba a la Inmaculada en el lugar. La imagen antigua de la Virgen es de bulto, se encuentra al centro del altar mayor y es sacada en procesión cada 8 de diciembre; pero el culto religioso más grande y representativo de Laja se dirige a la Virgen de piedra o Mamita de Chijipata del batán que se encuentra en la capilla de la colina de Santa Bárbara. Se festeja cada 9 de diciembre y desde hace varias generaciones participan también devotos forasteros. Entre las fraternidades destacadas están los Morenos Kollas de Laja, que participan desde hace 65 años; los “Negritos Rosados” desde hace 57 y los “Wakas 8 de diciembre” desde hace 55.

La advocación de la Inmaculada Concepción (como la del batán) recuerda el momento en que la Virgen María concibió a Jesús en su vientre. Por tanto, sus representaciones no sostienen al Niño Jesús entre los brazos. Otra de sus características es que la imagen suele encontrarse dentro de una gruta, que simboliza la gestación. Por tanto, el principal atributo de esta imagen es la fecundidad.

El padre Felipe López Menéndez dató el milagro de aparición de la imagen de Chijipata hacia 1854. Llama la atención que ese mismo año, el Vaticano publicó el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Se trata de la reafirmación del primer culto a la Inmaculada en Laja fortalecido con el poder andino de la piedra.

En los andes, el culto a lo pétreo se practica desde tiempos precolombinos. Los pequeños ídolos de piedra reciben el nombre de illas y sus poderes se relacionaban con la fecundidad y la abundancia. Según Ludovico Bertonio (1612) y Víctor Maurtua (1790) las illas eran símbolos protectores de los carneros de la tierra —llamas, alpacas, huanacus y vicuñas—: “sacan una figura del carnero o llama, nombrado así en su idioma que es de piedra o de cobre, la colocan en lugar superior, y le ofrecen hojas de coca, granos de todos los colores de maíz y mucha chicha, suplicándole, en palabras, que ayude a la procreación de aquellos animales y fomente la fecundidad”. (Maurtua T. 11; [1790] 1906: 333). Existe cierta similitud entre el culto a la Virgen de Chijipata y el poder reproductivo de las illas. Si bien el concepto de fecundidad y abundancia cambió a través de los años. Antes se suplicaba por la fecundidad de los animales y ahora se pide terrenos, camiones, minibuses, dinero y hasta bebés. Aún se trata de la fortaleza dotada a la piedra andina para transmutar las miniaturas en objetos, animales y hasta en personas.

Durante la fiesta de la Virgen de Chijipata se arma una feria de miniaturas similar a la de Alasita, que se realiza cada 24 de enero en La Paz y donde se mantiene la creencia sobre que las miniaturas —casas, autos, billetes, animales, comida, electrodomésticos, etc.— que se compran este día se harán reales a lo largo del año.

La feria de la festividad de Chijipata se arma en todo el camino que sube a la colina de Santa Bárbara y alrededor de la capilla. Particularmente sobresalen las pequeñas casas de piedra con techo de paja que se arman en la pampa, la que se transforma en una ciudadela de miniatura. Éstas pueden comprarse desde 5 hasta 50 bolivianos, luego son ch’alladas por sus dueños con la fe de que se convertirán en viviendas reales.

El mismo día de la celebración en Laja pregunté a don Anatolio Ticona sobre los pequeños terrenos. Me explicó que éstos son comprados por peregrinos que llegan a la fiesta y que son las personas del pueblo quienes se encargan de prepararlos y venderlos: “Poderosa dice que es la Virgencita, cuando con toda fe hacen la casa, se compran el terreno, camión. Se compran también después de verdad. Bien harto quiere la Virgen al forastero, esos que vienen con harta fe, esos son sus hijos más queridos, más predilectos. Así es la Virgen, al forastero todo le da, a nosotros no es así”.

En Laja, el culto a la imagen de la Virgen de la iglesia mayor y el culto a la Virgen de Chijipata están claramente separados. Son las personas del pueblo quienes se encargan de “pasar” el preste de la Inmaculada de Laja. La misa para esta antigua imagen se celebra en la iglesia grande, después se realiza la procesión alrededor de la plaza y, por último, los pobladores se dirigen a sus locales para compartir. No existen fraternidades folklóricas del pueblo durante esta fiesta. La otra celebración se realiza cada 20 de octubre, en conmemoración a la fundación de la ciudad de La Paz. Son las personas forasteras quienes organizan los prestes de la imagen del batán, cada fraternidad de estos visitantes organiza uno propio. Primero ingresan al pueblo y danzando dan una vuelta alrededor de la plaza para posteriormente dirigirse a la capilla de Santa Bárbara: saludar a la imagen, escuchar misa y encender velas. Existe la creencia de que únicamente las personas que sienten verdadera fe pueden ver la imagen de la Virgen. Después de saludar a la imagen, el sacerdote celebra misa para cada una de las fraternidades. Otra de las particularidades del culto está dentro del velatorio, donde no solo se encienden velas, sino que además existe la tradición de dibujar en las paredes con cera los bienes deseados, pueden observarse casas, autos, terrenos y réplicas de billetes pegados. Este lugar expresa de manera creativa que el dinero no meramente es indispensable, sino que se ha convertido en un fetiche para la sociedad.

La imagen apareció milagrosamente en una piedra batán del altiplano: la Madre fecunda de la Inmaculada Concepción fortalecida con el poder de la illa protectora y reproductora. La Virgen de Chijipata es un poderoso símbolo de abundancia, suerte, fertilidad y vida: “Madrecita bella de la Concepción, joyada en la piedra, oye mi oración. (…). Te labran pucaras excelsas los andes, con bellos cristales de hora matinal; Reina de los Andes, tú, siempre serás belleza y sustento que traes la paz”. Cantiga de Gonzales Bravo a la Virgen de Chijipata, en revista Khana Nº 9 y 10; 1955)

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