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Entre hombres lobo y sirenas

Seres mitológicos inspirados en la fauna que habita el planeta moran hace miles de años en el imaginario.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández

00:00 / 11 de abril de 2016

Si se ha preguntado si algún día podrá ver una de las criaturas fantásticas de Harry Potter, creación de J.K. Rowling; de El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien; o de La historia sin fin, de Michael Ende, pues existen animales terrenales que tienen, por así decirlo, un “pedigrí” mitológico y que pueden ser contemplados en varias partes del mundo, señala una nota de El País.

Metafóricamente hablando, en este legendario recorrido se pueden hallar sirenas y unicornios marinos, calamares sedientos de sangre, al rey de las serpientes e incluso al afamado Hombre lobo.

Sirenas en Filipinas

Las leyendas indican que en el primer viaje de Cristóbal Colón a América, en 1492, su almirante vio tres sirenas que surgían del agua cuando se dirigían al Río del Oro, pero el capitán se sintió decepcionado al notar que no eran tan hermosas como describían los libros. Lo que el conquistador vio en realidad eran manatíes o digongos, mamíferos marinos herbívoros de la orden de los sirenios. En teoría se los puede encontrar por las costas del Índico o Pacífico, aunque no hay muchas posibilidades de hacerlo. Pero sí se los puede observar en la isla Busuanga, en Filipinas, y en las costas australianas, donde existe la opción de bucear con estas extrañas criaturas.

Hombres lobo en Rumania

Historias de condes de dientes puntiagudos se transmiten en los Cárpatos, en Rumania. Pero era el vârcolac, un Hombre lobo, quien obligaba a los campesinos de antaño a cerrar las puertas al anochecer. La visión de este lobo gris genera un miedo primigenio en muchos, por lo que no sorprende que varias supersticiones rodeen al temible depredador. Y a pesar de que ahora los rumanos mirarían a un vârcolac con desdén, mantienen una incómoda relación con estos animales salvajes. Se han constatado pocos ataques de lobos a humanos, pero las exageraciones de las películas y series de televisión ponen a estos caninos en peligro ante cazadores, quienes pretenden acabar con esta “amenaza”.

El kraken en México

Las historias del kraken —que la mitología escandinava definía como un calamar gigante aficionado a la carne humana— se extendieron desde Noruega por el mundo marino, hasta convertirse, con el tiempo, en una de las leyendas más grandes y truculentas. Es así como América Central y del Sur tienen los kraken más feroces. Muchos pescadores cuentan que han sido heridos por el pico afilado y serrado del diablo rojo o calamar de Humboldt. Estos cefalópodos carnívoros se desplazan a 25 kilómetros por hora, forman bancos de hasta 1.000 ejemplares y cuando se enfadan se tornan rojos. Pueden llegar a medir dos metros de largo, no tan grandes como una isla, como cuentan las viejas historias nórdicas, aunque con el tamaño suficiente para hundir una barca inflable.

Unicornios marinos en Groenlandia

De acuerdo con la tradición oral de los inuit, un pueblo esquimal de Groenlandia, el narval —también llamado unicornio marino— proviene de una mujer que fue arrojada al mar junto a un arpón lanzado por su hijo. Al estar dentro del agua, se le empezó a enredar el pelo y formó un cuerno, con el que surca para siempre los mares. Durante la Edad Media, los groenlandeses comercializaban los colmillos de estos animales a los colonos nórdicos como si fueran los cuernos de unicornio.

Dragones en Eslovenia

La primera vez que fue observada esta criatura translúcida con forma de tritón en cuevas de Eslovenia se aseguraba que se trataba de crías de dragón, muy parecidas a Fujur o Falcor, de La historia sin fin. Ahora se sabe que esos anfibios ciegos son proteos, el único vertebrado exclusivamente cavernario de Europa.

Vive hasta 100 años y habita en el mundo subterráneo de Croacia, Bosnia y Herzegovina, aunque solo en Postojna (Eslovenia) es posible que los turistas lo puedan contemplar.

Kappas en Japón

Un kappa es una criatura acuática de la mitología japonesa que es descrita como la mezcla entre un mono y una tortuga. Son seres con gran poder, gustan echarse flatulencias sonoras, espiar a las mujeres, robar hortalizas e incluso llevarse a niños, que son una de sus comidas preferidas. Eso sí, son fácilmente sobornables con fideos de soba o pepinos. En templos de todo el país asiático están representados como gnomos con caparazón, lo que sugiere que están inspirados en las tortugas bobas. Estos “kappas” reales habitan en las costas de las islas subtropicales del territorio japonés.

Basiliscos en la India

Narradores y naturalistas, como Plinio el Viejo, Geoffrey Chaucer y Leonardo da Vinci, escribieron acerca de esta serpiente maligna devoradora de seres humanos.

Al parecer, este monstruo milenario fue inspirado por la cobra real, un ofidio agresivo reconocido por su arqueo antes de atacar y su inquietante siseo. Se los puede encontrar en su hábitat natural durante un viaje por las húmedas junglas de India o en algún mercado local, donde se encuentran los encantadores de cobra.

El Yeti en Nepal

Tal vez su avistamiento se puede explicar por el aire enrarecido que se respira en las montañas del Himalaya (Nepal) o a una alucinación como consecuencia del cansancio y la escasez de oxígeno que prevalece en la altitud extrema, pero el mito del Yeti, también conocido como el abominable Hombre de las nieves, está respaldado por varios supuestos encuentros en los elevados pasos alpinos del continente asiático. El montañero Reinhold Messner —el primero en subir la cordillera sin necesidad de oxígeno y también en coronar 14 cerros de más de 8.000 msnm en el planeta— aseguró haber visto a este ser, aunque finalmente explicó que observó un oso pardo del Himalaya, que cuando se para sobre sus dos patas traseras puede confundirse con un Yeti. En algunos monasterios de Nepal presumen que conservan restos aparentemente pertenecientes al Yeti, aunque siempre se ha demostrado que pertenecen a restos óseos de un plantígrado.

Una leyenda para contar, el Hombre de las nieves

“El Yeti es un ser bípedo que camina ligeramente inclinado hacia delante. Tiene todo el cuerpo cubierto de pelo lacio y fuerte, excepto la cara, de piel blanca o rojiza; el pelaje es más corto por el pecho y por debajo de las rodillas y su cabeza es ovalada y puntiaguda”. Ésta es la definición en la que coincide la gente que asegura haber visto al abominable Hombre de las nieves. Leyenda o realidad, es parte del imaginario colectivo de multitud de generaciones.

Ya en 1921, el coronel Howard-Bury, jefe de la primera expedición británica al Everest, afirmó ver en las pendientes nevadas, a más de 6.000 metros de altura, unas siluetas. Al alcanzar la cota donde le había parecido ver aquellas grandes sombras descubrieron unas descomunales pisadas, describe la web Copos Skicenter. Muchos aseguran haberse cruzado o haber hallado pruebas (pelo, huellas, etcétera) de la existencia del Yeti. No obstante, la comunidad científica no considera que haya suficientes indicios para realmente concluir en la existencia de este ser. Las personas que afirman haber visto a este sujeto coinciden en que su aparición va precedida de un silbido agudo (que ningún oso es capaz de emitir), que siempre se mueve en solitario y que huye del lugar donde es visto con ágiles y rápidos movimientos en posición erguida, como la de un ser humano. Coinciden también en que sus brazos son largos y que su cabeza es desproporcionadamente grande y acabada en punta. El caso es que no se ha demostrado la existencia de este ser conocido como Yeti o el Hombre de las nieves del Himalaya.

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