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El movimiento MAR-TI

Manuel recuerda su visita a Chile, cuando conoció a un grupo de rebeldes con quienes compartió un grito de paz.

Foto: El papirri

Foto: El papirri

La Razón (Edición Impresa) / El papirri

00:00 / 28 de marzo de 2015

Tengo arenas en las patas, vengo del mar /traigo sones de mulatas, arena y cal /Pintan cielos los delfines, todo está en paz /caballitos de marfiles, conchas de sal (…) /Soy boliviano en Chile viendo la mar, qué nostalgia de años miles, ¡quiero llorar!”, dice parte de la canción Un boliviano en Chile compuesta en un cuartito, frente a la Casa de la Moneda de Santiago.

Era 2007, llegué allí convidado por los cumpas sobrevivientes de la izquierda genuina chilena que organizaban actividades político-culturales en apoyo a Bolivia. Fue una estadía de osadía intensa. Cuando llegamos al aeropuerto, dos comitivas esperaban: una oficial (con banda y parada) al Ministro de Defensa de Bolivia; la otra, (de ch’askosos exguerrilleros), al senador Antonio Peredo y a mí. Mientras ministro y senador al final se iban juntos con sus motos de sirenas, me metieron al minibús con los ch’askosos que me miraban fijamente, como queriendo descubrir algo.

Di recitales en disímiles lugares en una semana de diez días. En los barrios populares como Peñaloren, Lo Prado, en barricadas universitarias, en teatritos chulos, en cafés anarquistas, en pubs de la “wiskizquierda” de Bellavista junto a una diversidad de artistas chilenos. Por la calidad, resalta en mi evocación aquel concierto con el cantautor Pancho Villa en el auditorio de la Universidad Nacional de Chile y la noche dedicada a Brassens con Eduardo Peralta en el Rincón Nerudiano de Bella Vista. Por lo entrañable, el concierto en Peñaloren, donde conocí a María León, enérgica líder barrial que en su humilde casa dirigía tres reuniones simultáneas: la del sindicato, la del partido y la de la futura feria de Navidad.

Toqué en el medio de las tres. Al verme medio gordito, la María de Santiago, una dieta me ha enseñado: la dieta de la palmera, ¡el tronco pa’ dentro los cocos pa’ fuera! Luego, todo el barrio me despidió, tras el coche corrían los chiquillos villeros lanzando besos con las manitos y cantando mi canción Qué tal metal.

Recuerdo un acto emotivo en pleno comedor popular del mercado de Santiago. Mientras tomábamos una sopita de caracoles, aparecieron los ch’askosos con la alta dirigencia del Movimiento Popular Patriótico Manuel Rodríguez. Luego de breves discursos nos condecoraron con una medalla al valor, al senador Peredo y… a mí¡ Festejé el inmerecido reconocimiento con vino blanco de damajuana en vasito de plástico. Los dirigentes Julio, Damián, Riquelme, Osses pronunciaron palabras y vivas a la revolución. Fue allí que uno de ellos me obsequió un DVD y me dijo con sonrisa de roto chileno: tení que verlo en Bolivia pa’ que no te asustéi.

Volviendo a los conciertos, el más grande fue en un coliseo, había unas 2.000 personas, tocamos con Inti Illimani y otros cantautores. En el camerino conocí a dos zampoñistas y un charanguero chileno. Montamos sobre el pucho mis canciones Wiphala (1992) y la histórica Hasta ahurita. Salió bien. Recuerdo una visita a Valparaíso, qué lugar hermoso… La casa de Neruda, los cerros con ascensores, las paredes multicolores y… la mar! Recuerdo que Damián tenía una imprenta y el 50% de la producción la dedicaba al Movimiento Patriótico haciendo afiches, volantes y panfletos gratis. Ese Chile de Allende y Neruda aún late under, vive en los ojos y la esperanza de estos entrañables compañeros. Entonces, Damián al ver nuestra emoción agarró su auto y nos llevó hasta la otra casa de Neruda, en Isla Negra, unas cuatro horas de carretera por la costa. Con Antonio, mojamos nuestros pies en aquel océano frío y absoluto. Ya en la casa de Neruda me atreví a echarme en su camita, con la almohada parada estallaba el océano al frente. Por supuesto que las guías me sacaron de una oreja.

Una noche de concierto, en el Café Brasil, inventé el Pisté (pisco con té) dando una linda audición. Luego del show apareció un joven con lentes, pinta de letrado manchado de barricada, quien hacia firmar un libro de adhesiones a los presentes. Cuando llegó a mí con el libro, pude leer en la tapa del mismo: Movimiento MAR-TI (Mar para Bolivia, Tierra a los Mapuches). Agradecido, firmé el libro. Se sentó, se presentó como Marcelo, le invité un par de Pistés y en lo mejor me dijo: “Tengo que irme, acompáñame que quiero mostrarte mi auto”. Salimos y en la puerta esperaban dos carabineros pinochetistas con botas altas. Me miraron con asco, le pusieron  esposas y lo metieron al carro policial. Marcelo, líder de los estudiantes, estaba detenido y en su día libre lograba las adhesiones para MAR-TI.

Llegando a Bolivia pude ver aquel video que me entregaron en el mercado, era un documental muy bien hecho, sobre una fuga asombrosa de la cárcel de alta seguridad, los presos eran los cumpas que nos condecoraron. Habían hecho un hueco desde su celda, luego un túnel laaargo por debajo de un canal brotando en un parque hacia la libertad. Estuvieron presos varios años por haber realizado un atentado a Pinochet en el que murió toda la seguridad menos el dictador. Con semejantes amigos no veo la hora de volver a Chile y cantar: “Porque tengo arenas en las patas /traigo toallas y sanguches /soy del Movimiento MAR-TI /¡Mar para Bolivia, Tierra a los Mapuches!”… MAR-TI…MAR-TI¡¡¡

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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