Escape

Donde nace la música

La mayoría de las salas de ensayo ofrecen todos los instrumentos necesarios para una sesión. Cobran, en promedio, Bs 30 por una hora.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Basualdo

00:00 / 27 de septiembre de 2015

Afuera llueve y por dentro también. Arturo, el bajista del grupo, interrumpe la ejecución de su instrumento y se dirige al resto. “¡Qué pasa pues viejo!”.

Rodrigo, el baterista, deja sus palillos a un lado y habla en descargo. “Éste pues, se pelea con su chica y no se concentra”. “Hermano, a todos nos pasa, pero tenemos una hora para ensayar y esto cuesta, no es gratis”. Marco, el aludido, no responde a los reproches y hace que afina, una vez más, una de las cuerdas de su guitarra. Y luego da la señal para empezar, de nuevo, esa canción que se han propuesto sacar desde hace algunas semanas. El grupo se encuentra en la sala de ensayos Hash Rock, de propiedad de Ronald Mendoza, porque “tiene buenos instrumentos, buen sonido y porque el cuate es full buena onda”. Entonces, la estridencia y el ritmo vuelven a fluir en aquel cuarto de cuatro por tres donde se transpira pura música.

Hash Rock es una de las tantas salas de ensayo de la ciudad de La Paz. Allí, músicos profesionales y aficionados se dan cita para afinar los mínimos detalles de lo que sueñan interpretar. Nació en 2013 por iniciativa de Ronald, un fanático del rock desde sus días de vivencia en Viacha, donde en una de sus discotecas empezó a admirar y apreciar la poderosa música de bandas como Queen.

“La sala la armamos con el resto de los integrantes de mi actual grupo Bruhash. Antes ensayábamos en la sala del Milko (Terrazas) y en el Instituto Latinoamericano cerca de El Prado”, recuerda. El presupuesto que significaba los dos ensayos semanales los obligó a dar vida a “su sede”. “Alguna vez improvisamos en la casa de alguno, pero el ruido y las molestias con los vecinos nos obligaron a decidirnos por inaugurar nuestra propia sala, para tocar nosotros en principio y también para alquilarla y de esa manera generar recursos”. Él, como músico, sabe muy bien de la importancia de estos reductos para ensamblar una idea y hacerla canción. “Uno llega con la idea, pero es en la sala donde probamos con el resto de los instrumentos, sobre la base que se le puede haber ocurrido a cualquiera del grupo. Es en la sala de ensayos donde los temas van tomando forma”, dice el sonidista. “¡Ronald!, nos das más bajo por favor”, se escucha gritar a Arturo. “Claro hermano”. El encargado de Hash Rock controla el volumen de los instrumentos, además de administrar el lugar. Como músico sabe de las necesidades para sonar bien. “Aquí llega de todo, desde changuitos que vienen a hacer chacota hasta grupos consagrados como los Efecto Mandarina o Armadura”. También ha sido testigo de la reunión de agrupaciones gloriosas como Trueno Azul, “tocaron acá, yo pensaba que se iban a juntar otra vez y eso era alucinante, yo había crecido con su música y tenerlos ensayando en mi sala, fue alucinante”, señala Ronald de su local ubicado enfrente de la cancha Zapata y donde atiende prácticamente de lunes a domingo de ocho de la mañana a once de la noche.

Algo que es común entre los músicos principiantes, expresa, es la impuntualidad. “Hay peleas por eso, los profesionales llegan incluso antes de lo previsto.

También es común que se ‘roben’ músicos, entre un grupo que termina y el otro que está esperando, se piden teléfonos”, indica riendo.

Gustavo Castillo es el administrador de Rec & Roll, otra sala de ensayos que queda en la calle Díaz Romero esquina avenida Argentina. “Estamos hace poco en esta dirección, antes estábamos por la avenida Simón Bolívar y ya son ocho años que nos dedicamos a esto”.  Gustavo también integra un grupo, el suyo se llama Adagio, con cuyos integrantes igual pensó la mejor manera de contar con un espacio para ensayos donde pulirse como banda y de paso financiar sus gastos. “En los años 90 había pocas salas, recuerdo la del Instituto Latinoamericano y alguna más, pero después eran muy escasas”. Gustavo y los suyos compraron sus instrumentos y tras algunos cursos de sonido decidieron que era necesario contar con un ambiente propio y cubrir la creciente demanda de las agrupaciones paceñas que buscaban un lugar donde practicar. “Tenemos todo tipo de clientes, desde grupos amateur a algunos con mayor recorrido y sin distinción de géneros. Te puedo nombrar a Jacha Mallku, El Último Cocalero, grupos cristianos, en fin”.

Según afirma, los grupos vienen con sus composiciones y en el estudio le dan la forma y los detalles con los que finalmente hacen arreglos a la composición. “La sala de ensayo es para darle vida a esa idea primaria que traen los integrantes. Aquí se pule lo que es finalmente la canción que no puede ser ejecutada en casa por la bulla o porque no cuentan con el espacio. Las salas están pensadas para ello, por un precio tienen todo, incluso no es necesario que traigan sus instrumentos porque aquí los tienen. Si tienen que venir de su trabajo vienen nomás”.

Intermusic es una escuela de formación creativa que queda en la avenida Arce y cuenta con una sala de ensayo para alumnos y público en general. Milko Terrazas es una de las leyendas del ambiente musical paceño. Formado en el Conservatorio Nacional de Música e integrante de bandas pilares del movimiento rockero paceño como Argos de los años 80, ofrece toda su experiencia para que las bandas encuentren en Intermusic lo que andan buscando: Un sonido pulcro a la vez de poderoso.

“Para ello es, sin duda, muy importante la acústica. Por años, muchos creímos que el forrar el cuarto con muplets (cajas de huevos) era la mejor manera para el aislante de sonido, pero no había sido así. Ésta es una ocupación donde uno nunca termina de aprender, por suerte”, refiere Milko.

El músico y productor aconseja que estos ambientes tengan  varios revestimientos como ladrillo en principio, un espacio de aire en el medio, además de una capa de fibra de vidrio con cartón yeso, lo que forma una pared sonora de unos 30 centímetros de espesor. “La sala de ensayos es imprescindible no solo para los que empiezan, sino para mantenerse en forma. En mi sala estuvieron Sombras de Argentina, Los Tetas de Chile, los grupos que actuaron en el Festiblues de este año, en fin. Es como un gimnasio para músicos”.

En Hash Rock, el grupo de Arturo, Rodrigo y Marco sacó, por fin y tras seis intentos fallidos, la canción que habían imaginado en sus cabezas. “Con este tema vamos a abrir nuestro concierto”, dice uno de ellos y se abrazan y sonríen en aquel pequeño cuarto del hoyo paceño donde todo es júbilo. Afuera sigue lloviendo. Pero por dentro ya no tanto.

Cuna de los hits

No existen datos concretos de dónde y cuándo nacen las primeras salas de ensayo. Los principales enciclopedistas de la música coinciden en afirmar que seguramente éstas fueron improvisadas en las mismas casas de los precursores del blues y del rock & roll en Estados Unidos, donde la música empezó a ser tratada como una verdadera industria cultural. Lo cierto es que muchos de los himnos del rock mundial han nacido entre cuatro paredes y con sus músicos probando, discutiendo y ensayando las notas para sus composiciones. La historia señala que una de las canciones más exitosas del planeta, Smoke on the water del grupo Deep Purple (foto), considerada por la revista Rolling Stone en el listado de las “500 mejores canciones de todos los tiempos”, nació entre los pasillos del estudio de grabación, después de que el conjunto contemplara al grupo Frank Zappa and The Mothers of Invention.

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