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Una noche en el zoológico

Una visita diferente al zoológico municipal  Vesty Pakos, en la zona de Mallasa.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 28 de septiembre de 2014

Son las 18.20 de un jueves de septiembre y la fila de personas ya es considerable, tomando en cuenta que está lloviznando y hace frío. La plaza Humboldt, en la zona Sur de La Paz, es el punto de encuentro para esperar el bus que llevará a una comitiva al zoológico Vesty Pakos, como parte de Exploradores Nocturnos 2, un recorrido organizado por el Gobierno Municipal de La Paz con el fin de mostrar las actividades nocturnas de los animales.

Cerca de las 19.15, las primeras 20 personas ingresan en la instalación donde se exhibe parte de la fauna boliviana.

Faroles que tienen los colores de la bandera paceña conducen a los visitantes a los espacios preparados por la comuna. El cielo está cubierto por nubes que hacen presagiar que el mal tiempo va a continuar y que acompañará a la comitiva de visitantes.

“Soy Ximena”, se presenta la guía que dirige al primer grupo, entre quienes hay niños con sus padres, y personas de la tercera edad con sus parientes y parejas.

La lluvia ha aumentado de intensidad y parece que el tour no va a resultar como se esperaba. Pese a ello, Ximena se para frente a un mapa del recorrido y va señalando los puntos que van a ser visitados. Un paraguas y una linterna ayudan en esta tarea, mientras los visitantes miran atentos las indicaciones.

“Queda prohibido usar la linterna y el flash del teléfono celular para fotografiar a los animales, vamos a guardar silencio durante toda la visita y permanecer todo el tiempo con el grupo”, recomienda la guía. Muy poco se ha de cumplir.

La primera visita es a un ambiente cerrado, con luces rojas, con cráneos y cuerpos de murciélagos disecados. Estar dentro de esta habitación sirve como alivio al frío.

“Muchos creemos que son animales peligrosos, que nos asustan, pero son sensibles, pequeños, nos ayudan en el medio ambiente y son parte de la fauna silvestre”, explica una de las especialistas.  En ese momento se rompe el silencio, pues dos pequeños llenan de preguntas el salón. Pareciera que es un repaso de lo que aprendieron en el colegio.

Nuevamente toca salir de la especie de domo para caminar por el sendero del recorrido. Ha dejado de llover, pero la humedad hace sentir la baja temperatura.

“¿Escuchan?, ¿qué creen que son?”, pregunta Ximena. “Son las ranas que están croando porque quieren aparearse”, responde, mientras los menores, especialmente, aguzan el oído para distinguir el sonido de los batracios.

Unos metros adelante, luego de sortear los charcos en medio de la oscuridad, la comitiva llega a la jaula de los monos silbadores. Si bien son diurnos, los técnicos les dieron comida para que reciban a la gente, aunque aclaran que solo se trata de una noche en el año.

La siguiente parada es la visita a las martuchas Juan y Juana. Se trata de un animal nocturno mamífero llamado también perro del monte. Como no se los puede ver claramente, la gente apela a las linternas y ve a ambos animales en plena actividad.

Los cuatro primeros grupos de 20 personas se reúnen en una de las áreas más grandes del zoológico, inaugurada hace dos meses. Se trata de la fosa de los pumas. Son cinco, pero solo dos salen a la exhibición: Coba y su hijo Wayna.

El puma macho es el más inquieto, puesto que sube a los árboles, camina por las ramas,  juega con una colchoneta y se frota como si fuera un gatito. La atención se ha apoderado de los asistentes.

Para terminar, el grupo es llevado a otra fosa. “Atención, la presentación de los jaguares comenzará en diez minutos”, se escucha por el altavoz, mientras la gente se pone a hablar.

Yerko Cardozo, uno de los visitantes, comenta: “He traído a mis hijos para que conozcan un poco más de los animales. Siempre hemos venido al zoológico de día, pero hay muchos animales que son nocturnos”, mientras se escucha el rebuznar de un burro. “¿Por qué están los burritos aquí? ¿Es para alimentación? Ay, no, qué pena”, se lamenta doña Victoria.

Pasaron los diez minutos,  técnicos de la Alcaldía dejan un pedazo grande de carne. Ya no se sienten los cuatro grados Celsius. La atención está puesta en la fosa. Como aquellos videos de Animal Planet, uno de los jaguares sale corriendo de su jaula hacia su presa. Otros dos también quieren comer y se escucha el rugir de los felinos. “Uhhhhhhh”, se oye y los visitantes miran atentos el final del espectáculo.

Así es el recorrido que este año disfrutaron cerca de 750 personas durante los días 18 y 19 de septiembre, y que, según la Alcaldía, se repetirá, para otra noche en el zoológico.

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