Escape

Los ojos nocturnos de la fotografía

Los miembros del colectivo  Photours son capaces de llevar su resistencia al máximo con tal de obtener una foto durante la noche.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R.

00:00 / 15 de noviembre de 2017

Eran las tres de la mañana cuando Marco Cazas recibió la llamada desesperada de su amigo Juan Carlos Bejarano. “Hermano, vení con tu camioneta a ayudarnos”. Tití —el minibús que suele transportar a los miembros de Photours— se había quedado enfangado en medio camino a la laguna Pampalarama, donde tenían planeado sacar imágenes hasta la medianoche. Así comienza una de las anécdotas que cuentan miembros de este grupo de fotógrafos, profesionales y aficionados, que desde noviembre de 2015 ha recorrido el país con el fin de inmortalizar la naturaleza, más que todo en horarios extremos, ya sea muy tarde en la noche o de madrugada, con historias irrepetibles y diferentes.

Una llamada, un mensaje por WhatsApp o una convocatoria mediante Facebook es suficiente para que los integrantes de Photours se animen a visitar algún rincón de La Paz, que tiene varios bellos paisajes a menos de dos horas de viaje.

Así ocurrió aquel jueves, cuando siete amigos subieron al Tití para ir a Pampalarama. Sin embargo, la época lluviosa provocó que el camino se tornara intransitable, que el minibús blanco que había llevado al grupo a todas las aventuras se atascara en el fango. Al escuchar la llamada, Marco se levantó de inmediato y salió con su padre en busca de sus amigos. La oscuridad y el mal tiempo impedían ubicarlos, pero decidieron continuar. A las 04.30 la señal de teléfono había desaparecido, mientras que el frío era más intenso. “En eso vi unas sombras pequeñas. Eran tres compañeros que habían caminado varias horas para obtener ayuda”. Todos fueron evacuados sanos y salvos, aunque sin fotos para contar mejor la historia y directo al trabajo.

“No importa el frío, no haber comido, con dolor de cabeza por la altura y la falta de oxígeno. ¿Preferiría estar en mi cama? No. Mis pies están hechos trapo, pero elijo estar caminando mientras cargo la mochila, porque es una experiencia linda”, comenta la arquitecta Elizabeth Carrión, quien los fines de semana, o cuando la convocan, se convierte en fotógrafa.

“No importa dormir unas cuantas horas, porque lo más importante es estar cuando las primeras luces salen en el horizonte. Son menos de 10 minutos que hay que saberlos aprovechar”, dice Max Berbetty, fotógrafo aficionado que comparte la pasión por las fotos nocturnas.

La especialista audiovisual Angie Salgar coincide en que la fotografía nocturna es un reto por los lugares de mucho frío y, a la vez, resalta que Photours “es un grupo para compartir, no para competir”.

“He aprendido casi todo con los amigos de Photours, desde ver los ocasos hasta despertar a las tres de la mañana para sacar fotos del alba o de la Vía Láctea”, destaca Marco, uno de los más jóvenes de la agrupación de 30 miembros activos.

Casi irremediable, la charla sobre las imágenes gira en torno a las bajas temperaturas, como Ingrid del Castillo, quien destaca que a esas horas la naturaleza “es inigualable, porque puedes ver el cielo con estrellas fugaces que cruzan cada momento. Son miles y parecen estar muy cerca. No puede haber mejor lugar para pasar la noche”.

Max considera que el nevado Sajama (Oruro) es el mejor lugar para contemplar la Vía Láctea, “donde comprendes el concepto de que no estamos solos”. Augusto Saavedra disiente, pues afirma que el mejor lugar es el salar de Uyuni, porque “es tan grande, tan oscuro, tan silencioso y, de repente, ves esa galaxia de forma espiral con mucha intensidad”.

“Durante la noche, el salar se vuelve otro espectáculo, el Sajama se convierte en otra cosa, el lago Titicaca adquiere otra dimensión que no había sido visto, y esa es la buena experiencia que se saca en este tipo de viajes”, resalta Víctor Hugo Ordóñez, uno de los fotógrafos más experimentados, quien junto con Edwing Romay, Pedro Laguna y Juan Carlos Bejarano es de los que más enseñan a los del grupo.

“Muchas veces, en la fotografía nocturna no necesitas sacar una foto, solo tienes que vivir ese momento”, asevera Pedro. “Cuando estamos con la cámara buscando una imagen, en ese momento no se escucha nada, es un silencio que te habla, te susurra, es algo que no puedes contar”, dice Elizabeth, mientras los demás asienten.

Todos coinciden en que hubo momentos en que dejaron de sacar imágenes para captar en sus retinas la naturaleza nocturna, otros relatan las aventuras que pasaron con el Tití y debaten si es mejor una cámara Nikon o una Canon, pero se enorgullecen de que a pesar de las noches de insomnio y frío, durante los fines de semana o cuando les convocan, se convierten en los ojos nocturnos de la fotografía.

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