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La portada del Perdón

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Chávez

00:00 / 20 de abril de 2014

La fundación de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz como señal de pacificación entre bandos que tomaron territorios como parte del botín entre conquistadores de la primera y la segunda generación, que vinieron de la mano del clérigo Pedro de la Gasca, no se limita a los actos del 20 de octubre en Laja y del 23 en Churubamba; como símbolo de los nuevos tiempos de obediencia a la Corona se hacía menester implantar sobre las ruinas del lavadero de oro pizarrista el rollo, la picota con el escudo español y levantar la Iglesia Mayor, y mejor si ésta era portadora de un mensaje claro en caso de otra rebelión, al menos del lado español.

Esa es la tesis que expone el arquitecto Juan Francisco Bedregal Villanueva al referirse al arco de ingreso de la iglesia de San Sebastián, la misma que se levanta a un costado de la plaza Alonso de Mendoza, en la zona de Churubamba. El doctor en Arquitectura asegura que el edificio religioso no sería el primero. “Para entonces ya se habían levantado las capillas de San Francisco y de Santa Bárbara, eran parte del Pueblo Nuevo, que era como se denominaba a la urbe en tiempos de Francisco Pizarro. Pero ésta sería producto de la nueva administración y tendría que tener una arquitectura acorde con el rol de una ciudad intermediaria entre Cuzco y Potosí. Así la arquitectura debería traducir en el espacio este reto en el mundo de lo visual y lo simbólico”, explica.

Para argumentar esta tesis Bedregal acude a las Actas Capitulares de La Paz, que revelan que “en 1552 llegó un cantero y hábil albañil que había ejercido el cargo de Maestro Mayor de la ciudad de Lima, que traía los pergaminos y constancias de ser examinador de arquitectos en la ciudad de los reyes. Sería contratado para la construcción del frontispicio de la Iglesia de San Pedro”. El investigador detalla que la puerta llevaría el nombre del Perdón, en clara referencia al indulto que hizo La Gasca a los que se arrepintieron de haber militado en el bando independista de Pizarro, y recuerda que la Iglesia Mayor se hacía en honor al Presidente Pedro de la Gasca consagrada a la advocación de San Pedro; es la que hoy se llama San Sebastián, la misma que ya estaba en construcción en un terreno del fundador Alonso de Mendoza, quien falleció en 1551.

Las actas también revelan que “…Gerónimo Delgado cantero y maestro mayor de esta ciudad y truxo (sic) una muestra en un papel de la manera y obra que ha de llevar la portada perdón de la iglesia, con el beneplácito de los justicias y autoridades del Cabildo. Y parece por dicha muestra llevar más obra que está obligado y los dichos señores justicia y seguimiento se concentraron con él que haga la portada de dicha iglesia conforme a la muestra y que por ello le añaden doscientos pesos de plata corriente y el concierto de lo que ha de poner en las espaldas de dicha muestra para que se ponga meta en la caxa (sic) del Cabildo para que conforme a ella se haga y así quedó concertado entre los dichos señores justicia y regimiento y el dicho Gerónimo Delgado y por no haber otra cosa de que tratarse en el dicho Cabildo se concluyó con esto”. Firman Lorenzo Estupiñan, Diego de Uzeda, Johan Vedrel, Juan de Rivas, Martín de Olmos, Juan de Espinoza, Melchor Despinoza, escribano.

 A diferencia de los templos que se alzaron después, como San Francisco, Santo Domingo, Santa Bárbara, en el estilo barroco, Bedregal describe que la portada, al igual que la del Carmen, tiene una tesitura típicamente renacentista, con un estilo jónico, una composición muy graciosa con dos columnas a cada lado, con un sobrio arco de medio punto. Se realizó con piedra de Churubamba, es decir de la del río Choqueyapu, por eso tiene una tonalidad amarillenta, como la del oro que se sacaba, también afirma que se celebró otro contrato con Gerónimo Delgado para la construcción de la picota y la fuente.

Es así que este elemento entra en uno de los debates, no del todo resuelto, en la historiografía de Nuestra Señora de La Paz sobre el lugar físico donde tuvo lugar la fundación de la ciudad por parte de Alonso de Mendoza el 23 de octubre de 1548. Sin embargo, Bedregal  recalca que es urgente decir que la llamada fundación no fue el inicio de la existencia de la urbe andina, y acude al cronista Pedro Cieza de León, quien se refiere a esta región como “la mayor comarca a mi ver de todo el Perú”. La polémica es abordada ampliamente por Bedregal en su libro Tras el oro de Chuquiabo: en busca de un tiempo olvidado.

El arquitecto recuerda que Pedro de la Gasca ordenó fundar La Paz para dar por finalizada la larga guerra civil que se inició en 1537, con la toma violenta de la ciudad del Cuzco, por parte del adelantado Diego de Almagro, hasta entonces compañero y amigo de Francisco Pizarro. “Larga y cruel fue la guerra y consumió cuatro mil vidas de españoles y cuántas más de naturales, entre ellos, claro, Almagro y Pizarro”.

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