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Los seguidores del Monstruo de Espagueti Volador

No se cree la única, ni es milenaria: la religión del pastafarismo nació como una crítica a la injerencia de la fe en la cosa pública.

Adeptos. El Monstruo de Espagueti Volador se representa como una masa de pasta con dos albóndigas. Sus seguidores visten como piratas o llevan un colador en la cabeza.

Adeptos. El Monstruo de Espagueti Volador se representa como una masa de pasta con dos albóndigas. Sus seguidores visten como piratas o llevan un colador en la cabeza.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas s. / La Paz

00:00 / 27 de agosto de 2017

Si una religión basada en que un Monstruo de Espagueti Volador (Monesvol o MEV) creó el universo parece un chiste, habrá que decírselo a sus seguidores, que en países como Nueva Zelanda pueden casarse legalmente o que son aceptados por el Estado en Holanda y República Checa. En España se buscó igual reconocimiento, aunque la solicitud fue rechazada cuatro veces. Pero la convicción del pastafari —mezcla de “pasta” con “rastafari”— parece no tener fin.

En junio de 2005 —reseña el diario La Vanguardia— la Iglesia del Monstruo de Espagueti Volador fue creada por Bobby Henderson, un físico de la Universidad Estatal de Oregón (EEUU) que protestó por la decisión del Consejo de Educación del Estado de Kansas de difundir en las escuelas públicas la doctrina creacionista, disfrazada bajo el nombre de Teoría del diseño inteligente, a la par que postulados científicos, como la evolución biológica.

En una carta abierta, Henderson condenó la norma que obligaba a impartir en clases el diseño inteligente y la evolución biológica por igual, considerando que el primero era una forma encubierta de enseñar el creacionismo sin mencionar la palabra “Dios”; burlando así el espíritu de la ley de separar Estado y religión.

Según su representación, el mundo fue creado por el monstruo —invisible e indetectable— en estado de ebriedad, así se explicarían los fallos y errores.

En la misiva el científico pidió formalmente que su postulado —denominado pastafarismo— recibiera el mismo trato y se enseñara en escuelas públicas. Su teoría afirmaba que el universo fue creado, tras una borrachera, por una masa gigante de espagueti con albóndigas flotante, a la que llamó Monstruo de Espagueti Volador, y pidió que se enseñara en las clases de ciencia. “Creo que todos podemos esperar con entusiasmo el momento en que estas tres teorías reciban el mismo tiempo en nuestras clases de ciencia por todo el país, y finalmente el mundo; un tercio del tiempo para el ‘diseño inteligente’, un tercio para el Monstruo de Espagueti Volador y un tercio para las conjeturas lógicas basadas en una abrumadora cantidad de pruebas observables”, cuestionó el científico en la carta abierta disponible en la web.

Las reacciones no se hicieron esperar: tres respuestas fueron de miembros del Consejo de simpatizantes de su postura —informa elmundo.es— y el Consejo como tal respondió tras que Henderson publicara la carta en su web.​ En dos meses, la disputa entre el científico y el Consejo fue llamando la atención primero de blogs y luego de medios de comunicación. El Monesvol se convirtió así en símbolo de la lucha contra la enseñanza del diseño inteligente en escuelas públicas de EEUU.

Un año después, Henderson publicó el libro Evangelio del Monstruo de Espagueti Volador: el mito de creación, las doctrinas y la ética de la religión pastafari, describe la revista digital Vice.

Sus seguidores ante todo difunden la convivencia pacífica, el disfrute de placeres —como la cerveza— y el hacer buenas acciones. Además se permiten sectas con distintas interpretaciones de sus libros sagrados.

En cinco años, la teoría sarcástica ha logrado miles de seguidores en el mundo, pues deja entrever hechos que las sociedades aceptan o rechazan como verdades en nombre de la fe sobre la lógica, como la subvención estatal a las iglesias o liberación de impuestos en varios países.

“La idea es precisamente esa: llegar al punto en que nos digan que nuestra religión es ridícula y responder que las otras no lo son menos”, reconoce Fergus Reig, líder pastafari en España, cuya petición de reconocimiento por el Estado ha sido rechazada por “la falta de credibilidad de sus fines y bases de fe y fines religiosos” y por notar en “sus dogmas, ritos y régimen de funcionamiento” una “evidente falta de seriedad que reflejaba claramente su intención jocosa, por no decir ofensiva”.

No todo el mundo piensa así: en Holanda el pastafarismo es religión legalmente reconocida desde 2016, en Nueva Zelanda se celebran bodas “legalmente vinculantes” por el rito pastafari y seguidores en países como México y Colombia buscan un similar reconocimiento. De hecho, en 2013 el pastafarista checo Lukas Novy consiguió aparecer en su carnet con un colador de pasta en la cabeza, uno de los distintivos de los fieles a este culto.

“Es importante establecer firmemente que la religión del Monstruo Volador de Espagueti es una religión de paz, probablemente la más pacífica de todas”, señala la doctrina desplegada en el portal oficial en español pastafarismo.es. Y es que su doctrina es clara: no se debe buscar pleito con otros credos, pues “es una religión laxa, a veces inconexa y que se toma la vida con mucho sentido del humor”.

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