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Un trío para la improvisación

Estos treintañeros formados como compositores en la universidad, articulan sus sueños y talentos para traducir sus ideas en música

La Razón / Mabel Franco

00:00 / 01 de julio de 2012

El trío que forman Sebastián Zuleta, Canela Palacios y Miguel Llanque tenía nombre, pero ya no. Están buscando uno, pero mientras tanto se identifican como “trío de improvisación”. “Amigos”, podrían llamarse si no sonase tan cursi. Porque amigos y músicos, son. Canela y Miguel se recuerdan de muy niños en una fiesta de cumpleaños. Y Miguel y Sebastián compartieron aula ya en primero de Primaria. Claro que por esos años, ninguno de los tres se reconocía como íntimo. Eso llegaría años más tarde, una vez que los tres abrazaran la carrera musical y decidiesen que de eso y sólo de eso quieren vivir.

“Para nosotros, la composición es una cosa seria”, dice Miguel, sentado en medio de la primera sala de las dos que tiene la Casataller, el espacio que ha habilitado en el que era el garaje del domicilio familiar, en la calle General Lanza de La Paz. Le acompaña Canela, una de sus socias en este emprendimiento abierto al público desde marzo.  Sebastián no es socio, pero es como si lo fuera, pues se une a las actividades o arrastra a Miguel a su grupo, La Burkina, que hace “rock mutante”.

Cuando se les consulta, los tres afirman que jamás dudaron acerca de que iban a ser músicos. Sebastián compuso ya a los nueve años y pronto aprendió a tocar instrumentos de manera autodidacta o con ayuda de algún profesor. Así que, cuando se abrió la carrera de Dirección de orquesta y composición, en la Universidad Católica Boliviana (UCB), simplemente el agua siguió su curso.

Canela ingresó al Conservatorio Nacional de Música, siendo una adolescente, para estudiar guitarra. Y la suerte quiso que, al salir bachiller del colegio, la UCB la estuviese esperando con la carrera abierta de manera excepcional.

Miguel tocaba guitarra desde niño, de manera autodidacta. Entre 2002 y 2005 estudió Composición en Santiago de Chile y, al retornar, se integró durante un tiempo a la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos (OEIN) que dirige Cergio Prudencio, de la que también fue parte Sebastián y para la que compuso Canela.

Como sea, lo cierto es que los caminos de estos jóvenes treintañeros se han cruzado tantas veces como el azar ha dispuesto y ellos mismos han buscado. Lo que hace que se sientan más acompañados que, sospechan, los compositores que han sido sus maestros: Alberto Villalpando, Carlos Rosso, Ramiro Soriano, Cergio Prudencio. “Ellos han debido sentirse solos en su momento. Nosotros nos reunimos y hablamos de cómo debe ser la música y tocamos”, describe Sebastián la dinámica que les permite comunicarse también con otros músicos y sentir que, pese a lo difícil que se hace vivir de la música, se puede.

“Sí, se puede”, confirman Canela y Miguel, “aunque no vamos a hacernos millonarios”. Por ahora, cada quien vive, ante todo, de dar clases; para otros de sus proyectos, inclusive ponen dinero. “Está bien porque no tenemos hijos, no pagamos alquiler o éste es muy bajo; otra cosa sería si nos casamos... podemos decir que somos solteros porque no tenemos dinero”, bromean con algo de verdad.

Un lugar para el intercambio

La Casataller está concebida como el lugar para el intercambio entre artistas y con los públicos. Por una parte, ofrece clases a niños de 4 a 6 años y Canela literalmente juega con ellos, los instrumentos y los sonidos. También recibe a compositores jóvenes de diversos géneros en un taller dictado por Sebastián y Miguel. Éste último está coordinando un ensemble de música contemporánea y trabaja, asimismo, en Muruqu (del aymara, piedra redonda), un equipo de estudio de la música nativa.

Por otra parte, el diálogo pretende ser más amplio. También con otras disciplinas, como sucede con El amarre, un programa mensual que tiene lugar en la Casa Taller y que consiste en encuentros con videastas, literatos, artistas visuales... Ayer mismo, Daniela Rico hizo una intervención del espacio con música electrónica de Lluvia Bustos (otra de las compositoras) y Miguel Llanque. 

Estas actividades atraen a un público todavía pequeño en número. Pero hay otra posibilidad que aprovechar. Adriana Aramayo, compositora también, tiene un programa de música contemporánea en radio Deseo, La inaudita, y una vez al mes, un concierto es grabado en vivo para ser transmitido en el programa. El público que esté presente en la sala podrá formular preguntas a los  creadores de las obras, y los oyentes seguir estas intervenciones y la música.

A propósito de Adriana, ella junto con Canela forma el dúo Abrelata de música contemporánea. Y Canela con Miguel, Verónica Guardia y Milton Villaroel arman Ramona y los Paradigmáticos, grupo que tiene su esencia en la música popular fronteriza con lo contemporáneo, mientras se funden instrumentos de la más variada naturaleza: voces, guitarras, aerófonos, percusión, charanguito de juguete, etc.

Y así, los proyectos, las concreciones, las ideas se multiplican. ¿Cómo es que no se conocen más ampliamente?, ¿cómo es que el grueso del público puede enterarse?

Sebastián, que lleva bregando con sus composiciones experimentales como solista, pero también con La Burkina que busca al público en boliches y escenarios, coincide en que los medios de difusión carecen de espacios para hacer cobertura de este tipo de acciones. Pero también admite que hay una cierta corresponsabilidad en el artista que no se comunica lo suficiente. “No tocamos muchas puertas, ciertamente; pero también pasa que uno se cansa de tener que hacerlo todo: desde componer hasta la publicidad, pasando por cargar los instrumentos para un concierto”.

Canela y Miguel han percibido otro riesgo aun: el de la fugacidad y dispersión de los esfuerzos. Se ha hecho bastante en el último tiempo, reflexionan y recuentan, y los referentes, a la hora de hablar de música, de composición, siguen siendo únicamente el Conservatorio y la OEIN. ¿Cómo situarse, pues, en el mapa con mayor fuerza? “Registrando y acumulando”, es la respuesta, y para eso está la Casataller: “Un lugar donde trabajar y crear, un lugar para ofrecer calidad, un lugar para invitar a escuchar sin prejuicios, con atención, en profundidad”.

Para conocer de las múltiples actividades de estos profesionales, ahí está la dirección en Facebook: Casataller Lapaz, y el correo electrónico: casatallercasataller@gmail. com.

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