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Polleras escaladoras: 11 cholas conquistan el Huayna Potosí

Así como la ascensión al nevado es dificultosa, el descenso es mucho más difícil y peligroso, según los guías de alta montaña de AAPTAM.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández

00:00 / 04 de enero de 2016

Cuando Ana Lía Gonzales vio una estrella fugaz pidió un deseo: llegar a la cima del Huayna Potosí. Era la madrugada del jueves 17 de diciembre, a más de 5.500 metros sobre el nivel del mar (msnm), y la travesía había empezado el día anterior. El frío de la noche arreciaba y el cansancio estaba mermando sus fuerzas. No obstante, el cielo permitía ver un mar de estrellas que parecía estar tan cerca de alcanzar, lo que le dio el impulso suficiente para completar la proeza.

Ana Lía forma parte de la comitiva de 11 mujeres que visten polleras y que llegaron a lo más alto del nevado Huayna Potosí (6.088 msnm), como una demostración de que son capaces de superar cualquier límite y más aún siendo orgullosas cholas. “La pollera es la identidad del pueblo paceño. Heredera del mestizaje, voluntariosa, incisiva en su parla cotidiana y melosa cuando quiere obtener algo, es el alma de su hogar y en ella radica la economía de su familia”. El escritor Antonio Paredes Candia describe así a la chola, quien además de estas características es luchadora y perseverante, como las que alcanzaron lo más alto del “Joven estruendoso”, la traducción al español del Huayna Potosí. Aparte de sus lazos familiares, las une un sentimiento común: el cariño por la montaña, porque nacieron y crecieron cerca de nevados, lo que con el tiempo les permitió trabajar como cargadoras de mochilas, cocineras o guías de turistas, llevando bultos de más de 40 kilos por sendas de roca y nieve, con el alimento para los guías y los visitantes, por encima de los 5.130 msnm.

Dentro de sus aguayos suelen transportar sopa de verdura, plato paceño, trucha criolla, sopa de quinua o phisara. “Creo que los extranjeros se aburren de su comida y por eso quieren probar nuestros platos”, comenta Lidia Huayllas, quien no dudó ni un momento cuando el conocido escalador Bernardo Guarachi le propuso que preparara los alimentos para un grupo de escaladores, hace más de 15 años.

Domitila Alaña está ligada al área turística hace 17 años, primero en la parte gastronómica y después como guía de senderismo o trekking. De repente, durante la charla sobre su experiencia, comenta un dato que para ella es, en apariencia, normal y natural. “He ‘hecho’ el Huayna Potosí dos veces”, revela con respecto a cuando subió por primera vez al nevado paceño, en 2004. “Antes era solo escalada, ha sido difícil, pero ahora se sube al Huayna caminando”, comenta. Un día, Lidia arengó a sus compañeras: “Si nuestros esposos (guías de alta montaña) van allá arriba, ¿por qué nosotras no podemos ir?”. De esa manera, en primera instancia se animaron cuatro, luego fueron siete, hasta que finalmente resultaron ser 11 las mujeres que decidieron emprender la aventura hacia el nevado ubicado a 25 kilómetros de la ciudad de La Paz.

La mañana del miércoles 16 de diciembre, ocho guías varones y las 11 mujeres se reunieron en la plaza Germán Busch, en la zona Alto Lima de la urbe alteña. Si bien la niebla hacía pronosticar un mal tiempo, la delegación se encontraba optimista de que el cielo se despejara por completo. “Como es temporada baja, pensamos que las señoras podían subir a la montaña”, cuenta David Mayta, uno de los 50 miembros de la Asociación Andina de Promotores de Turismo en Aventura y Montaña (AAPTAM).

Espere…

David informa que para ascender por encima de los 4.800 msnm se necesita al menos un día de aclimatación o práctica con todo el equipo que se usa en las incursiones. En el caso de estas mujeres, como su vida se desarrolla en las alturas, no tuvieron mayores inconvenientes.

Las vagonetas partieron a las 10 de la mañana hacia el campamento base, ubicado a 4.700 msnm, adonde se llega al mediodía para almorzar. La llovizna de la mañana se había convertido en lluvia, lo que significaba que estaba nevando en lo alto del cerro. Después de preparar todos los implementos necesarios, el grupo caminó dos horas hasta Campo Rocas, el segundo campamento (5.130 msnm), donde durmieron hasta la medianoche. David indica que lo recomendable es subir de noche porque las bajas temperaturas convierten la nieve en hielo, lo que facilita la ascensión a la cumbre. En cambio, durante el día, “con el calor del sol, la nieve se vuelve muy blanda y es difícil caminar, además que hace calor”.

Se debe poner mucha atención durante el recorrido nocturno, por las avalanchas o las grietas que aparecen en la ruta. “Durante la caminata se debe estar atento, no detenerse en cualquier parte para descansar o sacarse fotos, porque existen pendientes donde se pueden perder los enseres, las mochilas, las cámaras fotográficas y hasta la vida”, advierte David.

A la una de la mañana, cuando salieron del refugio, el cielo se había despejado, y desde lo alto Domitila pudo ver La Paz como si se tratase del cielo estrellado, con las luces blancas y amarillas que iluminan calles y casas. Las bajas temperaturas, el viento y la senda en la que se confundía la roca áspera y el hielo resbaladizo no amilanaron a las andinistas. “No solo los hombres pueden hacer cumbre, también lo podemos hacer las mujeres. No es difícil, es una bonita experiencia”, asegura Bertha Vedia, quien siempre tuvo la curiosidad por conocer lo más alto del nevado.

Sin embargo, hubo momentos en que el camino se tornó dificultoso, como cuando se encontraron con grietas, que pueden tener 20 metros de profundidad y dos metros de ancho, según cuenta Ana Lía, quien acompaña a sus padres en las subidas a los cerros desde que tiene 10 años. “Debes tener mucho valor para saltar las grietas, como son aberturas de hielo, tienes que acercarte a la orilla lo más posible”. Pala Chica es otro sector de riesgo, pues se trata de una pared de hielo alto y de difícil ascenso, “donde se necesita una buena condición física y mucho carácter”, cuenta Dora Magueño, con experiencia en gastronomía desde hace una década.

El hecho de vestir pollera también les dificultó la travesía, debido a que impide el movimiento con los crampones (pieza metálica con puntas afiladas que se fija a la suela de las botas de escalada). “Es dificultoso porque al cramponear se enreda la tela y perjudica”.

En un momento en que el frío arreciaba y el cansancio mermaba las fuerzas de las escaladoras, Ana Lía —quien cursa Turismo en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA)— vio en el firmamento varias estrellas fugaces. Fue cuando ella pidió un deseo: llegar a la cima del Huayna Potosí.

En el amanecer, como si la naturaleza quisiera poner una última traba a las mujeres, el viento soplaba con más fuerza y caía un poco de nieve. “Es cuando la pollera vuela hasta arriba”. A las seis de la mañana, atadas con una soga y bien abrigadas, Yanet Mamani y Cecilia y Rufina Llusco fueron las primeras en llegar a lo más alto, donde el frío pasa a un segundo plano, pues la vista es singular, con lagunas, una infinidad de picos, el Illimani al frente y la nieve que parece evaporarse al sentir a la comitiva. “Lo más lindo es pisar la nieve, es como estar sobre algodón, uno puede sentir esa emoción cuando está ahí arriba”, cuenta Lidia, a quien al recordar ese momento se le entrecorta la voz.

Eulalio Gonzales, presidente de AAPTAM —formado por especialistas en alta montaña—, informa que el próximo objetivo es que las cholitas suban ocho montañas de más de 6.000 msnm: Huayna Potosí, Illimani, Sajama, Acotango, Parinacota, Pumarapi, Janko Uma y Chachacomani, para luego subir al Illampu (6.368 msnm).

“La mujer de pollera siempre ha sido discriminada, pero queremos que vean que sí se puede y que vengan más para sentir esta aventura”, dice Dora, quien junto a las otras 10 valientes no necesitó que una estrella fugaz les otorgara un deseo, sino que les fue suficiente tener la fuerza y las ganas de acercarse al cielo. A los 6.088 metros del nevado.

Escaladoras

• 1.     Lidia Huayllas

• 2.     Dora Magueño

• 3.     Ana Lía Gonzales

• 4.     Bertha Vedia

• 5.     Pacesa Alaña

• 6.     Cecilia Llusco

• 7.     Benigna Quispe

• 8.     Yanet Mamani

• 9.     Domitila Alaña

• 10.    Marga Alaña

• 11.    Rufina Llusco

Vivir la aventura

AAPTAM ofrece la posibilidad de subir al Huayna Potosí, en una aventura que dura dos días con caminatas por roca y nieve, con escalamientos  y una aventura imperdible.

Costo. Bs 500 por persona, que da derecho al uso de los equipos y al acompañamiento del guía de alta montaña. No incluye la alimentación.

Entrada a la montaña: Bs 20.

Ingreso al refugio: Bs 70.

Contactos

• 2860669

• 71958606

• 71996869

Facebook: Asociación Andina de Promotores de Turismo en Aventura y Montaña.

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