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El Alto festeja 29 años y enarbola su espíritu combativo

Creada el 6 de marzo de 1985 como capital de la cuarta sección de la provincia Murillo, El Alto fue en sus inicios una seguidilla de propiedades privadas pertenecientes a hacendados.

La Razón (Edición Impresa)

00:55 / 06 de marzo de 2014

La popular expresión “¡El Alto de pie, nunca de rodillas!” refleja no solo el espíritu aguerrido de los habitantes de esa urbe, sino que marca también momentos históricos que dieron paso a su desarrollo y crecimiento económico.

Creada el 6 de marzo de 1985 como capital de la cuarta sección de la provincia Murillo, El Alto fue en sus inicios una seguidilla de propiedades privadas pertenecientes a hacendados como Julio Téllez, Jorge Rodríguez Balanza, Adrián Castillo Nava, Raúl Jordán Velasco, Francisco Loza o la familia Zalles, según datos proporcionados por la Alcaldía.

En el afán de “urbanizar” esos predios comenzaron a surgir las primeras zonas como Villa Dolores, “Allpaquma, Achupalla, Yunkuyo, Qallpani, Ingenio y Alto Lima”, entre otras. En los años 70 el crecimiento de la población se aceleró y aunque se la consideraba una extensión de La Paz, consiguió de a poco consolidarse como una ciudad aparte.

Con la “relocalización” minera de 1986, el flujo migratorio del campo a la ciudad cobró fuerza. El Sur se expandió hacia Ciudad Satélite y también a la carretera a Oruro. La zona Norte se extendió en dirección a Alto Lima y a la carretera Panamericana.

Y a la par, el número de habitantes también aumentó. El Censo 2012 reporta 843.934 ciudadanos, mientras que el anterior, de 2001, daba cuenta de 649.958, es decir que el crecimiento intercensal fue 29%. Hoy El Alto es la segunda ciudad más poblada del país, después de Santa Cruz.

Johnny Fernández, investigador y especialista en la historia alteña, advierte de que en 29 años de vida, el municipio aún no logró consolidar un “norte” pues carece de una verdadera política de desarrollo a largo plazo. Sin embargo, destaca que es una ciudad fuerte en sus objetivos circunstanciales ante la falta de líderes locales que la interpreten en su real dimensión. “Se incuba una situación que probablemente no pueda controlarse a futuro, particularmente en el ámbito comercial”, apunta.

Fernández considera que una particularidad del municipio es “el carácter chauvinista del alteño”, que encara el proceso de construcción de su identidad cultural afirmándose en la popular frase “¡El Alto de pie, nunca de rodillas!”, que desde hace poco más de dos décadas les impulsa a ejecutar sus demandas sociales con resultados exitosos, en general.

“Ello es fruto de su osadía y su improvisada entereza, mezclada con la efervescencia coyuntural, tal como ocurrió en los hechos de 2003”, dice.En efecto, el conflicto generado en octubre de 2003 ante el anuncio de la exportación de gas a través de puertos chilenos y la demanda de la nacionalización de este recurso, tuvo como principal escenario la urbe alteña y como protagonistas a sus organizaciones vecinales que salieron a enfrentar a las fuerzas militares desplegadas por el entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, quien renunció y huyó a Estados Unidos en medio de la tensión.

Valiente pese al fatal saldo de víctimas, el pueblo alteño salió triunfante y se posicionó aún más como un bastión de las reivindicaciones sociales en el ámbito local y nacional. A partir de ese proceso, la categoría de ciudadano alteño fue asumida con mayor “propiedad” en la última década, opina Fernández. Así, no es extraño que un alteño empuñe el orgullo de pertenecer a un pueblo de lucha y empoderado con “pretensiones de decidir el futuro del país”.

Sus ‘héroes’ son los líderes vecinales

Lejos del concepto convencional que se tiene de un “héroe”, en la ciudad de El Alto los personajes que han destacado por su lucha y compromiso son los dirigentes de las organizaciones vecinales.

Al menos así lo considera el especialista en historia de esa urbe, Johnny Fernández, para quien figuras como Manuel Chávez Ticona son claves para entender  el desarrollo social alteño. El líder mencionado inició su vida dirigencial en 1948 como cofundador del Consejo Central de Vecinos (1957) y fundador de la Subfederación de Juntas Vecinales (Fejuve) —de la “gloriosa Fejuve alteña”, como sus mismos habitantes la reconocen— en 1966.

Otra personalidad es Juan Cruz Mamani, que destacó como dirigente vecinal por su carácter visionario pues entre los años 50 y 60 instó a que la urbe fuera considerada legalmente como la capital de la cuarta sección de la provincia Murillo, título que hoy goza.

El cofundador de la Confederación Nacional de Juntas Vecinales (Conaljuve) del país, Guillermo Gutiérrez Villegas, también fue importante en la historia alteña al igual que Gregorio Romero Morales, líder de la Fejuve y “defensor incondicional de la demarcación territorial”, dice Fernández.Desde otros ámbitos también destacó la labor que desarrollaron Pascual Alave Turco y Teresa Paco.

Según el historiador, el primero impulsó la creación de unidades educativas desde el activismo en las juntas escolares para después dedicarse a fomentar la Universidad Técnica Laboral de El Alto (UTLA), la actual Universidad Pública de El Alto (UPEA).

En tanto que Paco emprendió destacados avances en la educación popular junto a los clubes de madres, con los que lideró una organización vecinal.

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