Especiales

Ana María extiende su mano a los presos

 Ana María Leaño, cristiana adventista: “Algo que he aprendido en estos años es que toda ayuda, todo auxilio que se pueda brindar a otra persona, tiene que darse en el momento”. Sin embargo, “hay bastantes ideas y proyectos (de apoyo a los privados de libertad) truncados por las limitaciones establecidas en los centros penitenciarios y por el cambio de sus autoridades”.

La Razón (Edición Impresa) / Wálter Vásquez - La Paz

00:00 / 20 de septiembre de 2014

Estar tras las rejas se ha convertido en un calvario para miles de privados de libertad en Bolivia, excepto para los que reciben la visita de Ana María Leaño, una mujer que desde hace 14 años lleva gratuitamente ayuda económica y espiritual a las peligrosas cárceles del país.

“El Señor ha puesto en mi corazón el deseo de visitar las cárceles para extenderle la mano al prójimo”, explica Ana María, tupiceña de 52 años con esposo, tres hijas, dos nietas y un nieto, quien reproduce en La Paz la labor social que realizó años anteriores en centros penitenciarios de los departamentos de Potosí, Tarija y Cochabamba.

“Buscamos un cambio de actitud en los privados de libertad, de manera que cuando salgan (de la cárcel) puedan reintegrase a la sociedad. Queremos que sepan que, aparte de lo que hayan hecho, tienen una oportunidad”, comenta. Ella presta este apoyo con la ayuda de organizaciones como la Sociedad Dorcas (grupo de damas voluntarias de la Iglesia Adventista).

Además de entregarles herramientas de trabajo, alimentos, artículos de aseo y ropa, Leaño y los demás “corazones de oro” organizan para los presos cursos de capacitación para iniciar un negocio propio; talleres, sobre la salud y la familia; y charlas motivacionales. En todas participan expertos. “Hay mucho por hacer”, subraya Leaño.

Según la Pastoral Penitenciaria, entre 2005 y 2013 el número de privados de libertad en Bolivia aumentó de 6.000 a 14.000, cifra que refleja la precaria situación de los presos, que viven con problemas de hacinamiento, insalubridad, además de pugnas de poder.

Los delincuentes comunes, narcotraficantes, asesinos y violadores recluidos en las cárceles del país —algunos de los cuales padecen trastornos mentales— viven expuestos a enfermedades comunes y contagiosas como la hepatitis y la tuberculosis. “Nunca me he sentido en riesgo, porque sé que estoy entrando a mostrar el amor de Dios”, manifiesta.

Ana María, secretaria de profesión, representa consuelo y esperanza para varios presos que han sido abandonados por sus familias. Ella, que visita la cárcel de San Pedro de La Paz y el Centro de Orientación Femenina (COF) de Obrajes al menos dos veces por semana, ha tenido que renunciar a pasar más tiempo con su familia. “Mientras Dios me dé vida y mantenga estos sentimientos que él mismo me puso en el corazón, voy a seguir firme”, dice. Leaño planea extender su “red de ayuda” hacia otros penales del departamento, como el COF de Miraflores y el Centro de Rehabilitación Qalauma.

‘Para Dios no hay  diferencias entre las personas’

Para algunas personas, la gente que está en las cárceles no merece ayuda, pero para Dios no hay diferencias entre las personas (...). La oportunidad es para todos”, afirma Ana María Leaño, una tupiceña que desde hace 14 años visita las cárceles del país para prestar apoyo material y espiritual a los privados de libertad.

Ana María escuchó el llamado de Dios en su natal Tupiza (Potosí), cuando visitó una cárcel que recluía a 50 personas (entre hombres y mujeres) en solo dos habitaciones pequeñas.

“Comencé a realizar esta tarea llevándole desayuno a 20 personas, después el número fue aumentando y aumentando. Gracias a Dios muchos corazones buenos han creído en mí y muchos otros más me han apoyado desde que soy parte del grupo Dorcas (voluntarias de la Iglesia Adventista)”.

Ana María y el grupo de voluntarios que presta su apoyo en la cárcel de San Pedro de La Paz y el Centro de Orientación Femenina de Obrajes organizan, entre otras cosas, cursos de capacitación para que los presos generen ingresos con los que puedan ayudar a sus propias familias. Además, les regalan herramientas de trabajo, alimentos, artículos de aseo y ropa, “siempre comprobando” que el apoyo llegue a quienes realmente lo necesitan. “Hemos visto que muchas veces la ayuda no tiene que ser emocional”, dice.

“Lo gratificante es que hay una buena respuesta. El fruto se ve en su comportamiento, cambian su conducta y dejan de ser ásperos por la misma situación en la que viven”. Actualmente, agrega, la situación en las cárceles es más dura para los hombres que para las mujeres, especialmente en el aspecto económico, puesto que ellas tienen más opciones de obtener los medios para trabajar por sus seres queridos.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia