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Critican mezquindad maderera

Los madereros no ayudan    a los indígenas que quieren construir una escuela

La Razón / Jorge Quispe / Trinidad

17:41 / 01 de diciembre de 2011

Por tercera vez en el año, un turbión se llevó el Puente Loco sobre el río Sécure y otra vez los comunarios de Santo Domingo quedaron incomunicados del resto de San Ignacio de Moxos, y lo peor, la construcción de una escuela en esa comunidad corre riesgo.

La tarde del miércoles 16 de noviembre un camión partió con material de construcción desde San Ignacio rumbo a Santo Domingo para iniciar las obras de una escuela de esa localidad comprometidas por el presidente Evo Morales en la visita que en septiembre hizo al lugar.

El vehículo tardó ocho horas en llegar hasta el puerto; luego cruzó el puente y a los pocos metros tuvo el primer problema: la lluvia que cayó hace dos semanas anegó el estrecho sendero y las llantas del motorizado quedaron bajo el barro. Con la amenaza de una nueva lluvia, los pobladores pidieron ayuda a la empresa maderera Suri, de Quintín Pérez, para que los pueda sacar con su maquinaria pesada, pero no los oyó.

“No podemos porque no tenemos autorización”, les dijeron los madereros, primero, para luego plantearles que les harían el favor a cambio de unos 40 litros de diésel. “Les dijimos que aceptábamos la propuesta, pero se echaron atrás y al final no nos ayudaron”, se lamenta el alcalde de Moxos, Basilio Nolvani.

Los 20 comunarios de la zona tuvieron que extremar esfuerzos para jalar el camión y sacarlo; después los albañiles y el maestro contratista bajaron los materiales y despacharon al coche para que retorne por más material desde San Ignacio.

PUENTE LOCO. Pasaron las horas y el río Sécure creció; luego vino un turbión que se llevó el Puente Loco y con él, la única posibilidad que existía de que el vehículo cruce desde Santo Domingo a San Ignacio.

“Ahora el camión se ha quedado en la banda y no hay puente para que cruce. Seguro que ellos (madereros) volverán a hacer el puente de aquí a dos semanas, porque aún tienen madera que recoger, pero nosotros debemos traer cemento, fierro, carretillas y 20 mil ladrillos”, explica Nolvani.

Para el corregidor de Santo Domingo, Mario Rocha, la actitud de los madereros no es una novedad, aunque cree que si hablaban con Pérez, uno de los dueños de la empresa Suri, quizás habrían recibido ayuda. Su padre Pinto Rocha piensa que los antiguos madereros eran más solidarios.

En Santo Domingo se construirá una escuela con tres aulas y una sala para la Dirección. En ese lugar hay por lo menos una veintena de niños, que en muchos casos deben ir hasta San Lorenzo, a cuatro horas en canoa, para estudiar en otra unidad.

Nolvani y su delegación —que fue a socializar los beneficios de la carretera que impulsa el Gobierno, dentro del TIPNIS— retornó a San Ignacio, pero el camión se quedó en Santo Domingo. “A este paso, vamos a tener que transportar en canoa los materiales, porque esos madereros no creo que nos ayuden”, afirma Mario Rocha.

Combustible en turriles

Senderos Existe un camino entre Monte Grande y el puerto de Santo Domingo que es utilizado por los madereros para transportar su combustible. El miércoles 16, un coche con al menos 600 litros de diésel y gasolina corría por esos senderos.

Única vía   Estos caminos, hechos por los mismos aserraderos, son en algunos tramos intransitables, pero son la única vía para proveer de combustible.

                             ‘A Jorori no nos llega ni una astilla’

Jorge Quispe

Hace dos meses, Verónica, una niña de ocho meses, se enfermó en Jorori, una comunidad del TIPNIS, y luego de una agonía de dos días falleció por falta de ayuda médica en ese olvidado lugar.

El corregidor de esa zona, Simeón Guaji, reniega por la insensibilidad de los madereros. “Ellos siempre pasan por estos caminos, pero si al menos nos hubiesen ayudado a sacar a la niña más antes, quizás se habría salvado”, sostiene apenado el indígena.

“A Jorori no llega ni una astilla de los madereros, para mí sólo son unos aprovechadores de nuestro territorio del TIPNIS”.En Jorori, una bolsa de sal cuesta Bs 3, mientras que en San Ignacio el mismo producto se vende en Bs 1. En Jorori, unos 18 niños van a la escuela que dirige la profesora Dairen Salinas Pinto Cuéllar, que vino desde Trinidad.

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