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Defensor de la revolución en Cuba e íntimo de Fidel Castro

El líder cubano lo definió como ‘hombre con bondad de niño y talento cósmico’

Compañerismo. Gabo y Fidel Castro, el 12 de marzo de 2007 en La Habana, Cuba.

Compañerismo. Gabo y Fidel Castro, el 12 de marzo de 2007 en La Habana, Cuba. AFP.

La Razón (Edición Impresa) / EFE, AFP / La Habana

04:30 / 18 de abril de 2014

Amigo íntimo de Fidel Castro, Gabriel García Márquez era “un hombre con bondad de niño y talento cósmico”, según el líder de la revolución cubana que lo ha evocado como “un hombre de mañana, al que agradecemos haber vivido esa vida para contarla”. Ambos —el cubano es siete meses mayor— se conocieron en los primeros días de la insurrección, en enero de 1959, cuando Gabo llegó a la isla como periodista a cubrir la llegada al poder de los guerrilleros “barbudos” que comandaba Castro.

Siguieron decenios de amistad, con algunos desacuerdos entre dos hombres a quienes les gustaba tacharse mutuamente de “desmesurados” y “exagerados”. Crítico de las dictaduras y los regímenes autoritarios de derecha de América Latina, García Márquez permaneció siempre fiel a esa amistad con Castro, incluso a veces a riesgo de ser criticado. Como su natal Colombia, México o España, Cuba se convirtió en uno de los puertos de la vida del famoso novelista.

“No es que yo viva en Cuba, es que viajo tanto aquí que parece que estoy permanentemente”, afirmó el Nobel colombiano en 2007, a propósito de sus frecuentes visitas, la mayoría de carácter privado. Gabo, quien recibía en su hogar de La Habana frecuentes visitas nocturnas de Castro, destacaba a su vez “su devoción por las palabras, su poder de seducción”. “Fatigado de conversar, descansa conversando”, escribió sobre el político.

Una de esas noches, contó el autor en 1988, le preguntó qué era lo que más le gustaría hacer en el mundo. “Pararme en una esquina”, le respondió inmediatamente un Castro agobiado por las responsabilidades y más aislado que nunca en la cima del poder. García Márquez evidenció su admiración y respeto por su amigo en entrevistas, artículos y semblanzas en los que alabó su “inteligencia política”, su “instinto” y su “curiosidad infinita”, y lo acompañaba en discursos, fiestas y eventos.

Inseparables. El propio Castro se preció del valor de su amistad cuando en 2008, en plena convalecencia, calificó una visita de García Márquez y su esposa Mercedes Barcha como las “horas más agradables” desde que enfermó en 2006 y tuvo que delegar todos sus cargos. Una década antes, en 1998, el escritor acompañó a Castro en la histórica misa que el papa Juan Pablo II ofreció en la Plaza de la Revolución de la capital La Habana.

Esa leal intimidad con el Gobierno cubano lo puso en el centro de polémicas y acusaciones: el expresidente argentino Carlos Menem lo mandó “a vivir a Cuba” si no le gustaba que criticaran su régimen; la escritora estadounidense Susan Sontag lamentó su “pasividad” ante la situación de los Derechos Humanos en la isla y el Nobel peruano Mario Vargas Llosa lo calificó como “cortesano de Castro”.

Lo cierto es que en la isla Gabo realizó algunas “incursiones” políticas. Cuando Cuba y Colombia restablecieron relaciones diplomáticas en 2004, Bogotá llegó a calificarlo como su “embajador sin título”. En 2005, Castro reveló que el autor fue portador en 1997 de un mensaje suyo para el entonces mandatario de Estados Unidos, Bill Clinton, en el que alertaba sobre actos terroristas contra Cuba. Además, participó en conversaciones en La Habana con delegados del Gobierno colombiano y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en un diálogo exploratorio para abrir un proceso de paz en su natal Colombia.

Cuando Cuba celebró los 80 años de Castro, en 2006, García Márquez viajó a la capital e incluso acompañó al entonces presidente interino, Raúl Castro, en la inauguración de un mural dedicado a su hermano en el Museo Nacional de Bellas Artes. “Después vendré a su centenario”, comentó el escritor en aquella ocasión, cuando el estado de salud del artífice de la revolución cubana aún era una incógnita.

Pero quizás su “misión” más importante en Cuba estuvo relacionada con el cine, su gran pasión junto a la literatura y el periodismo. Fue fundador en la isla del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, de la Escuela Internacional de Cine y Televisión y de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, que presidía.

Mediación en crisis de ‘balseros’

En 1994 participó en la solución de la crisis de los "balseros", cuando millares de cubanos agobiados por las penurias económicas se lanzaron al mar en precarias embarcaciones para alcanzar la costa de Estados Unidos, que culminó con un acuerdo migratorio entre La Habana y Washington.

Gabo y Vargas Llosa, dos amigos enfrentados

Fueron grandes amigos hasta la mediana edad, pero una pelea por motivos que nunca explicaron alejó para siempre al Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, aunque siempre remarcaron el respeto y la admiración por la obra del otro.

Fue el joven y talentoso Vargas Llosa quien asestó, hace 38 años, el golpe sorpresivo a su, por entonces, gran amigo, cuando el 12 de febrero de 1976 ambos se encontraron a la entrada de un cine en Ciudad de México. En medio de numerosas especulaciones, fue la versión del periodista hispano-peruano Francisco Paco Igartua la que mayor asidero tomó y que se remite a discrepancias entre Vargas Llosa y su esposa, Patricia. Afirmó que fue testigo de cómo el peruano se enfureció al ver al colombiano, se acercó y le asestó un puñetazo que lo sorprendió con los brazos abiertos. En su libro Siempre un extraño, el periodista dejó entrever que entre los motivos estuvieron los celos, por unos supuestos consejos que había dado Gabo a Patricia cuando tenían problemas conyugales.

Luego fue el británico Gerald Martín, en Gabriel García Márquez: una vida, quien dio otra pista. Asegura que Vargas Llosa le dijo a Gabo: “Esto es por lo que le dijiste a Patricia” o “Esto es por lo que le hiciste a Patricia”. Otros aseveran que el golpe también fue el culmen de las discrepancias ideológicas que comenzaban a tener ambos, por la defensa del liberalismo que hacía Vargas Llosa, y del régimen cubano de Fidel Castro, de García Márquez.

Y a pesar de que se pensaba que no existía ninguna evidencia del incidente, hace siete años el fotógrafo Rodrigo Moya publicó en México dos tomas en las que se ve a García Márquez con los efectos del golpe recibido, y señaló que tomó la imagen el 14 de febrero de 1976, dos días después del puñetazo, porque García Márquez “quería una constancia de aquella agresión”.

Recordó que le preguntó al escritor qué había pasado y éste fue “evasivo” y “atribuyó la agresión a las diferencias” que ya eran insalvables en la medida en que el autor peruano “se sumaba a ritmo acelerado al pensamiento de derecha”.

Sin embargo fue Mercedes Barcha, la esposa de Gabo, quien hizo un comentario más elocuente: “Es que Mario es un celoso estúpido, repitió Mercedes varias veces, cuando la sesión fotográfica había devenido en charla o chisme”, según Moya. Ante las preguntas insistentes que se le hacen sobre este tema, Vargas Llosa siempre señaló que tenía “un pacto tácito” para no hablar sobre García Márquez, con la intención de “darle trabajo a los biógrafos”.

A pesar de ello, más allá de las discrepancias, sus vidas y sus carreras siempre confluyeron desde su lejana juventud de afanes literarios y seguirán unidas para siempre en el parnaso de la literatura universal.

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