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La Entrada orureña lució toda su majestuosidad y su fe a la Mamita

Un espectáculo sin igual. La Entrada folklórica del Carnaval de Oruro cautivó nuevamente a propios y extraños.  Alrededor de 35 mil danzarines de 48 fraternidades desplegaron el ritmo y los pasos de 18 danzas autóctonas, acompañados de más de 10.000 músicos que hicieron retumbar las calles de la ciudad de Sebastian Pagador.

La Razón / Willy Camacho / Oruro

03:08 / 19 de febrero de 2012

El público no se ahorró aplausos y alegría para gratificar la coreografía y entrega de los bailarines que se dieron cita al evento para rendir pleitesía a la Mamita del Socavón. El ministro de Culturas, Pablo Groux, estimó que unas 300 mil personas asistieron a la cita con el folklore boliviano, declarada en 2001 Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

La música se apoderó de Oruro desde temprano, con la peregrinación de la imagen de la Virgen de la Candelaria hacia el templo del Socavón. Luego, los diablos comenzaron la algarabía general; aunque a esas horas, cuando el cielo no se definía entre mostrar la cara del astro rey o lanzar las primeras gotas de lluvia, todavía era escaso el público en las graderías.

Pasadas las diez de la mañana, el sol hacía soñar con una fiesta sin sobresaltos climáticos, pero a la una de la tarde la llovizna tenue y un amago de granizo preocuparon a los danzantes y espectadores. Por suerte, no pasó de un susto, aunque los rayos solares no retornaron y el resto de la jornada se caracterizó por el gris del cielo.

Pero el clima no bajó los decibeles de entusiasmo y ritmo. Diablos, morenos, negritos, caporales, llameros, tinkus, antawaras, suris sicuris, kullawas, tobas, kallawayas, potolos, doctorcitos, incas, zampoñeros, hicieron bailar a los presentes y muchos, prometieron a la Virgen milagrosa bailar por tres años consecutivos, para que les haga algún favor.

La diablada fue la mimada de los bailes, ratificando su calidad de símbolo de esta entrada. Fue así que los arcángeles Gabriel dominaron el escenario callejero con su espada en mano. Ellos cumplieron su papel de guías de las fuerzas del mal y estaban rodeados de los demonios que habitan el infierno, que lucieron atavíos coloridos en el trayecto de peregrinación que se alargó por seis kilómetros.

En la calle Velasco Galvarro, cuando el reloj marcaba las cinco de la tarde, las hermanas Claure, Paula y Fabiola, esperaban con impaciencia comenzar su participación en en evento, junto con su fraternidad de tinkus. “Somos de Oruro, pero estudiamos en Cochabamba. Todos los años volvemos para bailar por la Mamita del Socavón”, explicó la mayor, repitiendo un justificativo muy común en esta festividad, pues la fe es el motor principal de este Carnaval.

Una hora después, pero en la calle La Paz, la de los bordadores, David Luján devolvía su traje porque quería recuperar el importe de la garantía y, así, poder ir a la fiesta de su agrupación folklórica. “Además, es mejor devolverlo pronto, porque luego se puede arruinar con las espumas que la gente tira”, dijo Luján.

Cruzada. Y eso sí se vio y en abundancia, el comercio y el uso indiscriminado de espumas, lo cual molestó a quienes no están acostumbrados a este juego. Por el contrario, la nota alta fue la reducción del desperdicio de agua. En la denominada Zona Cero (la plaza principal y algunas cuadras aledañas), el control policial fue estricto y no se permitió ni siquiera el expendio de globos inflados, como se acostumbraba en años pasados. Al parecer, las campañas de concienciación, como los pasacalles de la Cervecería Boliviana Nacional en torno a este tema, dieron resultados positivos.

Incluso el primer mandatario Evo Morales expresó que es importante cuidar el agua y no jugar con ella. “Agua, agua”, coreaba, no obstante, un ruidoso grupo de muchachos apostados en una de las graderías de la zona de prohibición. “Es una tradición jugar con globos (de agua), no creo que por un día se dañe el medio ambiente”, declaró Ana Oblitas, secundada por el coro de sus amigos.

Aparte, si bien las enormes máscaras mecatrónicas resultaron llamativas, no fue sino hasta que comenzó a caer la noche que captaron plenamente la atención del público, pues los haces de luz que proyectaban añadían un plus al movimiento guiado por computadoras. Los niños, sobre todo, eran los más entusiastas con estos artefactos y los padres retrataron a sus pequeños junto a las, ahora, famosas caretas robóticas.

Aunque en esta versión de la entrada hubo mayor control de parte de la Asociación de Conjuntos Folklóricos de Oruro (ACFO) para evitar los “baches” (pausas prolongadas entre una y otra fraternidad), éstos igual se presentaron en varios momentos. Sin embargo, destacó este año el buen funcionamiento del sistema de penalización de banderas (roja, amarilla y azul) para castigar a los grupos que demoraban su avance, logrando que los “baches” sean cortos. Así, la fiesta se prolongó hasta la madrugada de hoy.

Apuntes en la capital del folklore

Comida

El pollo al spiedo fue uno de los platos “express” más requeridos por el público que se encontraba en las graderías del trayecto.

‘Baches’

Destacó que no hubo demasiada demora entre la participación de una fraternidad y otra; para castigar ello se usaron banderas de tres colores.

Bebidas

Lo que no se pudo evitar fue el excesivo consumo de bebidas alcohólicas, lo que se hizo más evidente en la noche de ayer.

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