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Esteban Arze, precursor de la autonomía cochabambina

Fue héroe de la Revolución del 14 de Septiembre

La Razón

00:00 / 14 de septiembre de 2012

Nadie reconoce que fue el anticipador de las ideas de autonomía e independencia, el visionario de una nueva patria, pero independiente, soberana y unida’. Las palabras son del historiador Juan Edmundo Arze, descendiente de Esteban Arze, el “caudillo de los valles” que fue uno de los líderes de la revolución cochabambina del 14 de septiembre de 1810, que salió victorioso en la célebre Batalla de Aroma y que lideró otras tantas que dieron origen a la independencia del Alto Perú. Un héroe que, posteriormente, fue sentenciado con el destierro y murió en el olvido.

El general Esteban Mariano Arze Alba y Uriona era criollo, hijo del arequipeño Esteban Arze Ruiz y Castro y la tarateña Mauricia Alba y Uriona. Tal vez nació en Chilón (Vallegrande), en 1766, ya que su madre visitó entonces a su hermano: el cura Anselmo Uriona; otros dicen que cerca de Totora o en Tarata. La fecha en que vino al mundo es otro misterio, pero se maneja que fue un 19 de agosto, en honor a la fiesta de San Mariano, porque su primer nombre fue heredado de su padre.

Rebelde. Al pertenecer a una familia acomodada, fue educado en la religión católica, aprendió a leer y escribir en el Convento Propaganda Fide de San José de Tarata; allí también le enseñaron aritmética, gramática latina, filosofía, teología y conducta política. A la muerte de sus progenitores, heredó bienes que lo convirtieron en terrateniente; fue agricultor, empresario minero, comerciante y militar de carrera. En 1790 fue nombrado rematador de diezmos y en 1801, alcalde de San Pedro de Tarata.

Dos años después, ingresó a la milicia. Pasó de alférez real del Regimiento de Caballería a teniente, capitán y, tras la insurrección cochabambina, fue general en jefe y comandante de las tropas auxiliares de la milicia urbana. El 29 de octubre dirigió la llamada “segunda revolución”, cuando los hombres a su mando —el primer ejército rebelde criollo-indígena—, derrotó a las fuerzas españolas en las pampas desiertas de Aroma y Sica Sica.

“Destacó por la consecuencia en sus ideales, hacia su pueblo, a la gente que lo acompañaba; por su capacidad de estratega, porque organizó los combates con técnicas guerrilleras, con un ejército rudimentario en sus tres guarniciones: infantería, artillería y caballería. Combatió junto a indígenas y campesinos, criollos y mestizos. Y se impuso a las tropas de la Corona en la Batalla de Aroma, que significó el primer triunfo patriota en la guerra de la independencia”, manifiesta Arze.

Se casó dos veces. Enviudó de Petrona Nogales, con quien tuvo tres hijos: Andrés, Gregoria y María Gertrudis. Su siguiente esposa fue Manuela Rodríguez Tercero; matrimonio que fue bendecido con seis retoños: Manuel Mariano, Juan Bautista, Manuel, Manuela, Julián y Margarita. “Dos de sus hijos le ayudaron en las correrías independentistas: Andrés y Manuel Mariano, y Juan Bautista se quedó a cargo de sus hermanos menores porque Manuela Rodríguez colaboró a su marido en la guerra, le daba apoyo moral y provisiones a sus soldados”.

En junio de 1813 se produjo la denominada “tercera revolución”, cuando Arze y sus huestes militares instauraron como gobernador a Miguel José de Cabrera, quien en diciembre dispuso que el “caudillo de los valles” marche a Santa Cruz para reforzar la división del comandante Ignacio Warnes, bajo el liderazgo del general Juan Antonio Álvarez de Arenales. Fue en ese transcurso que surgieron los primeros desacuerdos en las filas de Arze. “Es que empezó a pergeñar futuros de independencia, quiso una patria sin Buenos Aires y sin Lima, una patria nueva”.

Una vez en Vallegrande, ya en tierras orientales, estalló la crisis y la traición. Espada en mano, Arze intentó retornar con sus tropas a suelo cochabambino, bajo el alegato de que era coronel y comandante general de su provincia. Pero fue arrestado, procesado y el 26 de diciembre fue llevado a Santa Cruz, donde compareció ante  Warnes. Éste ratificó la sentencia y determinó su retiro del ejército patriota para, posteriormente, desterrarlo. Primero fue enviado a una provincia cruceña, San Pedro el Viejo, luego a Santa Ana de Yacuma (Trinidad), al antiguo colegio de los jesuitas, cerca del Templo de Nuestra Señora de Santa Ana.

“Desde finales de 1813 hasta 1815, Arze fue alejado de su familia, estaba solo y en cautiverio. Enfermó, contrajo el paludismo y falleció el 24 de febrero, a sus 49 años”. De acuerdo con los registros del escribano Rafael Durán, murió en posesión de varios vestidos viejos, un tomín (dos reales de plata) en una bolsita de seda y un libro de máximas y oraciones cristianas.

Sus allegados no pudieron hacer nada. Sus hijos no pudieron verlo. “Uno lo acompañó hasta Trinidad, pero retornó a Cochabamba. Su esposa fue perseguida, le quitaron sus bienes, que pasaron al erario del Rey, tanto sus casas como su hacienda. Ella huyó con sus retoños y se refugió en los alrededores de Totora. Sólo regresó a la ciudad cuando llegó la independencia. Por orden del libertador Simón Bolívar y del mariscal Antonio José de Sucre, su hijo Mariano recibió una medalla en reconocimiento a la lucha de su progenitor y a Manuela Rodríguez le devolvieron sus tierras de a poco”.

La familia Arze vivió en Tarata. Por ejemplo, Juan Bautista figura en documentos como notario y terrateniente y ayudó a su madre, que falleció a los 55 años de edad. Mariano se graduó como abogado y su residencia estuvo entre Chuquisaca y Cochabamba. Julián igual fue abogado y se instaló en Chuquisaca. Y se sabe que una de las hijas de Esteban Arze se convirtió en monja y otra no tuvo descendencia.

Según su partida de defunción, el prócer fue enterrado “en el pueblo de Nuestra Señora de Santa Ana, el 24 de febrero (de 1815), en el Santo Templo del oficio cantado y Cruz Alta, en el costado izquierdo junto al primer horcón de la Virgen”. “Así murió aquel hombre impetuoso, de temperamento inquieto y animoso, que de rico terrateniente se convirtió en el Comandante del primer ejército popular patriota contra el colonialismo español del siglo XIX. Así fue el caudillo de los valles que en su momento tuvo gran influencia en el territorio de Charcas o el Alto Perú, hoy Bolivia; murió proscrito pese a ser precursor de la autonomía cochabambina”, dice Juan Edmundo Arze.

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