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Existen posiciones encontradas sobre lo que viene en la región

En el Alba no se tendrá efectos negativos tras muerte de Hugo Chávez

Duelo. Simpatizantes de Hugo Chávez en Latinoamérica expresaron su dolor tras conocer el deceso del líder de la revolución bolivariana.

Duelo. Simpatizantes de Hugo Chávez en Latinoamérica expresaron su dolor tras conocer el deceso del líder de la revolución bolivariana. Pedro Laguna.

La Razón / Iván Paredes

03:22 / 06 de marzo de 2013

No cabe duda de que Hugo Chávez fue el principal líder político en América Latina. Su creciente ausencia generó un amplio debate sobre el futuro de la región. Algunos expertos dan por hecho que no habrá cambios, otros avizoran un cambio de timón en la geopolítica latina.  

El analista político Reymi Ferreira es partícipe de que la muerte de Hugo Chávez no traerá complicaciones a la relación en la región. Es más, da por hecho que Nicolás Maduro, sucesor del líder bolivariano, ganará las futuras elecciones, lo que mantiene un buen clima en América Latina.

“En América Latina no habrá cambios. No existe división interna dentro del partido de Chávez, por lo tanto no existirán cambios en la relación que se consolidó entre Venezuela y sus principales aliados”, señaló Ferreira.

El analista político argentino Rosendo Fraga, en su artículo Perspectivas de América Latina en 2013, señala que, aun ganando las elecciones Maduro, “difícilmente tendrá las mismas condiciones de liderazgo regional que ha mostrado Hugo Chávez”.

Lo mismo piensa el politólogo colombiano Fernando Giraldo, quien detalló a EFE lo siguiente: “El presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, o el vicepresidente Maduro, en el plano interno, cuentan con el suficiente liderazgo para asumir las riendas del país, pero más allá de las fronteras no tienen el talento para reemplazar a Chávez”.

Liderazgo. Es vital esperar los resultados de las elecciones en Venezuela. El analista Ricardo Paz consideró que Chávez “deja un vacío importante”. Esa dificultad afectará en la relación que pueda enfrentar Maduro, en caso de ganar las elecciones, con la región.

“Si gana Maduro y continúa el esquema bolivariano, no habrá cambios; si gana Henrique Capriles (líder opositor), se mantendrán los mecanismos de integración, pero la participación de Venezuela no tendrá los mismos efectos que tuvo con Chávez”, opinó Paz.

También se maneja el surgimiento de un posible sucesor de Chávez en esferas latinoamericanas. Se habla de Rafael Correa, presidente ecuatoriano, de Evo Morales, mandatario de Bolivia, o del propio Nicolás Maduro.  Pero también se suman dos nombres: Michelle Bachellet y Luis Inacio Lula da Silva, exmandatarios, de Chile y Brasil, respectivamente, quienes pueden volver a ser dignatarios de Estado.

Las interrogantes también se abren sobre el futuro de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba). En opinión de Giraldo, dependerá “de los recursos que Venezuela le siga entregando”, de lo contrario considera “que el bloque no durará más de cuatro años”.  Por el contrario, Ferreira afirmó que el Alba ya tiene un carácter institucionalizado, por lo que será difícil “romper” la ideología del bloque, que en lo principal difiere con la política neoliberal.

Los otros foros, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) o la Unión Suramericana de Naciones (Unasur) no se verán afectados luego del deceso de Chávez.  Los expertos coinciden en que estos bloques están consolidados y que no necesitaban, para su permanencia, de la presencia de Chávez. Aunque, dicen, sí se extrañará el discurso del líder bolivariano. 

Sobre todo, un genio de la palabra. Rafael Archondo

Hugo Chávez ha sido hasta ayer una de las figuras carismáticas más connotadas de América Latina.  Su influencia abarca dos décadas completas, desde que el 4 de febrero de 1992 fuera el único de los cabecillas del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MRB200) que incumpliera con su parte en la ejecución del golpe de Estado, organizado para cambiar el destino de Venezuela. 

A fin de asfixiar el golpe triunfante en todo el país, excepto en Caracas, el gobierno de entonces ordenó que Chávez apareciera en la televisión, llamando a sus camaradas a rendirse. Carlos Andrés Pérez exigió que se le concedieran escasos minutos, los suficientes como para evidenciar el fracaso. Aquella noche,  un completo desconocido de boina roja, tuvo la oportunidad de ser visto y oído por millones de intrigados espectadores. Sus palabras transformaron la derrota en triunfo:  Lamentablemente, por ahora, los objetivos planteados no fueron logrados. Aquello retumbó profundo en el alma popular. Sí, los sublevados estaban vencidos, pero aquel pestañeo no haría inviable seguir mirando hacia adelante.

Esta anécdota fundacional retrata bien las claves de su éxito impetuoso. Chávez fue, sobre todo, un genio de la palabra. Es algo que pocos valoran. Su oficio era persuadir y había que ver cómo lo lograba. Ese solo hecho me puso a mí en el deber de considerarlo, desde 1999, cuando publicamos el semanario Pulso, como un demócrata a carta cabal.  Sólo quien ha cambiado los tanques por las palabras puede merecer tal calificación.  Desde ayer este mérito ha dejado de ser momentáneo.

Rafael Archondo es comunicador social.

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