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El Gobierno ocultó su temor de que podía ser el fin para Tokyo

11-M. La catástrofe sísmica y nuclear de Fukushima Daiichi pudo acabar con la capital

Especialistas. El equipo de la central atómica trató de evitar la fusión del material nuclear tras el sismo.

Especialistas. El equipo de la central atómica trató de evitar la fusión del material nuclear tras el sismo. Foto: AFP

La Razón / AFP, Tokio

11:57 / 09 de marzo de 2012

La capital japonesa de Tokio, que integra el conurbano más grande del mundo, con 35 millones de habitantes, estuvo amenazada de desaparición. Así lo creyó hace un año el Gobierno japonés.

El Gobierno japonés consideró en cierto momento la posibilidad del “fin” de Tokio, tras las explosiones nucleares consecutivas al accidente de la central nuclear de Fukushima, Admitió la comisión independiente que investiga el manejo de la crisis, en vísperas de cumplirse el primer aniversario del tsunami.

El portavoz del Gobierno en el momento del accidente, Jukio Edano, dijo a los investigadores: “pensé en una sucesión de hechos diabólica” en la cual los reactores nucleares habrían explotado uno tras otro. “Si eso sucede, es el finde Tokio”, dijo haber pensado el responsable, en el momento de la catástrofe causada por el tsunami del 11 de marzo de 2011. Se establecieron planes para el caso en que fuese necesaria una inmensa evacuación de la capital a mediados de marzo, cuando el control de la crisis nuclear resultaba todavía muy incierto.Megalópolis. La prefectura de Tokio cuenta con 13 millones de habitantes. Si se suma la población de las tres prefecturas vecinas, el conjunto constituye el “gran Tokio”, la megalópolis de 35 millones de habitantes que forman la aglomeración urbana más importante del mundo. Esas informaciones habían sido reveladas por primera vez hace varios meses por el entonces primer ministro Naoto Kan, que luego renunció. Los detalles más precisos están incluidos en el informe de la comisión de expertos encargada de investigar el desarrollo de la peor catástrofe nuclear del mundo desde la sucedida en Chernobyl (Ucrania) en 1986.

Obligados a abandonar sus domicilios tras la catástrofe nuclear de Fukushima, decenas de miles de desplazados siguen enfrentados a un futuro de incertidumbre, sin saber si podrán volver a casa.   Refugiados. Algunos que huyeron de las nubes radioactivas expelidas por los corazones de los reactores en fusión tras el paso del tsunami el 11 de marzo de 2011, podrían ser autorizados a regresar dentro de unos años, una vez descontaminadas las localidades.   Pero otros corren el riesgo de esperar decenios, porque ciertas ciudades se han vuelto demasiado peligrosas.

Doce meses después del desastre, pocos refugiados han recibido las indemnizaciones esperadas de la compañía Tokyo Electric Power (Tepco), que gestiona la central Fukushima Daiichi.

Cerca de dos millones de personas deberían recibir indemnizaciones de Tepco, entre ellas los refugiados expulsados de una zona de 20 km de radio alrededor de la central accidentada. Los abogados de las víctimas acusan a Tepco de remolonear a la hora de compensar los bienes —terrenos y viviendas— ahora invendibles en el interior de la zona de exclusión.   

Para los consumidores japoneses, la seguridad alimentaria estaba garantizada hasta el accidente de la central nuclear de Fukushima, pero actualmente muchos temen una contaminación radioactiva.   Productos que en épocas anteriores hubieran sido eliminados recibieron una autorización temporal para la venta. La excepción será levantada el próximo 1 de abril.

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