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Madiba, líder de Sudáfrica con un legado para el mundo

Nelson Mandela permitió la construcción de una nación democrática e igualitaria

Soweto. Un joven sostiene un periódico que anuncia la liberación de Mandela (11 de febrero de 1990).

Soweto. Un joven sostiene un periódico que anuncia la liberación de Mandela (11 de febrero de 1990). AFP.

La Razón (Edición Impresa) / Andrés Tórrez Villa-Gómez

03:50 / 06 de diciembre de 2013

Nelson Mandela, líder mundial conocido en Sudáfrica como Madiba, fue el hombre más importante de este tiempo en el campo político, social, económico y humanista, según las conclusiones de al menos diez años de trabajo en los que estuve estudiando la experiencia de ese país.

El milagro de Sudáfrica y su lucha por superar un pasado de odio, discriminación y violencia estará en la historia del mundo como un ejemplo de libertad, reconciliación y quiebre entre la política de la dominación y la democracia moderna.

Madiba fue el primer líder mundial del siglo XX en iniciar una forma diferente de resolver los conflictos de una nación. Para él la concertación empezaba tras romper con las formas tradicionales de afrontar el conflicto. Para construir confianza debemos confiar, para construir amor debemos primero amar, para construir paz debemos primero dar paz y dar el ejemplo. Son conceptos simples pero difíciles de llevar a la práctica.

Fundada en 1910 por colonos ingleses y holandeses, Sudáfrica, uno de los países con más riqueza natural en el mundo, tiene una población de 47 millones de personas. El 79,5% es de raza negra proveniente de al menos 11 etnias distintas, el 9,2% es blanca, el 8,2% mulata y el 2,5% asiática e hindú. Con 11 lenguas oficiales, el inglés es la lengua de comunicación intercultural. Actualmente, es un país democrático donde la Constitución está por encima de todos los poderes y se ha convertido en la garantía de la paz y la igualdad del país.

Su historia es trágica. De 1910 a 1990, una minoría blanca gobernó el país en un régimen de separación racial denominado apartheid (“separación” en lengua Afrikaan). El apartheid se oficializó en 1945 con la ley que reglamentó la separación de negros y blancos estableciendo las normas para cada raza. Fue un régimen basado en la discriminación de privilegios con base en el color de la piel, en el que los mulatos y asiáticos también estaban contemplados como ciudadanos de segunda.

Vida. Durante este régimen, la resistencia de la mayoría negra fue permanente e inclaudicable (...). Sin embargo, no tuvo resultados exitosos, frustrando a sus líderes más jóvenes, entre los que se encontraba Mandela, joven abogado y boxeador, con gran carisma y dotes de liderazgo natural.

Mandela inició una lucha por los derechos de la mayoría negra primero con métodos pacíficos inspirados en Mahatma Ghandi, que no tuvieron resultados positivos. Luego, con  una estrategia armada de violencia y terrorismo, por lo cual fue tomado preso en 1962 y condenado a cadena perpetua (...). Su encarcelamiento sólo exacerbó los conflictos (...).

Estuvo encarcelado hasta 1990, año en que, con la promesa de elecciones interraciales, el nuevo presidente Frederik W. de Klerk inició con Madiba el proceso de negociación para una Sudáfrica libre.

Mandela salió de la cárcel para liderar al mundo con ejemplo y convicción. Al salir de prisión, fue a visitar a Betsie Verwoerd, viuda del expresidente Hendrik Verwoerd, quien lo encarceló por 27 años. Al llegar al pueblo de Verwoerd, de 460 personas blancas que no aceptaban negros, el líder más importante de los siglos XX y XXI dijo que no le guardaba rencor ni resentimiento ni a ella ni a su esposo ni a nadie del Gobierno, que sólo soñaba con una Sudáfrica unida y justa para todos, que él salía de la cárcel para ser un buen presidente para ella y todos los sudafricanos. Le dijo que su lucha no era para que los negros se liberaran de los blancos, sino para que todos se liberen del racismo y de la idea de pensar que son diferentes.

Su legado permitió a Sudáfrica superar su pasado para construir una nación democrática, libre y más igualitaria. En 1990, nadie pensaba que ese país tendría alguna oportunidad para sobrevivir como una nación unitaria y moderna, sin embargo, el liderazgo de Madiba permitió catapultar a esa nación al siglo XXI. Sólo gobernó cuatro años. No necesitó más para inspirar y formar a los futuros líderes de su país. Su legado es un legado universal. “Cuando hablamos de raza, si uno gana, todos pierden” (N. Mandela).

Empresario y académico

Andrés Tórrez es presidente ejecutivo de Andean Consulting Group. Fue director del Instituto para la Democracia de la UCB, secretario ejecutivo de la CEPB y director ejecutivo del Consejo Nacional Preconstituyente y Preautonómico, entre otros cargos públicos y privados.

Cinco mensajes de Mandela para Morales 

Desde 2002 vengo trabajando de cerca con Sudáfrica para destacar la relevancia de las lecciones de ese país para las democracias del mundo y en especial para Bolivia. A continuación comparto una experiencia importante de mi vida cuando organicé la visita de Evo Morales a Sudáfrica en enero de 2006. En esa ocasión visitó varios lugares y personajes claves del proceso de reconciliación, pero no se reunió con Mandela, quien se encontraba fuera del país. Se reunió con el presidente Thabo Mbeki, con ministros, con Desmond Tutu y con varios líderes políticos y sociales. Durante su visita, Mbeki transmitió a Morales cinco mensajes esenciales de Mandela sobre el proceso sudafricano.

El primer mensaje se refirió a la oportunidad de ser elegido con gran mayoría popular para construir una verdadera concertación nacional sobre el futuro del país. El segundo fue que aprovechara la visibilidad internacional de un líder popular, para convertirse en un embajador de Bolivia en el mundo con el propósito de buscar socios, amigos, aliados que crean y apoyen con inversión en el país, con las garantías de su gobierno y la legitimidad de su popularidad.

El tercer mensaje se refería a la importancia de sumar virtudes y complementar capacidades para ser más competitivos. El cuarto mensaje estuvo dirigido al proceso constituyente, donde Mbeki explicó que la Asamblea Constituyente debiera ser autónoma e incluyente, con una independencia que garantice su legitimidad y la aprobación de todos los bolivianos, especialmente de la oposición que vería con desconfianza la posibilidad de un proceso para todos. Y e l quinto estaba dirigido al poder político. El poder puede corromper, por lo tanto es imprescindible renovar los liderazgos.

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