Especiales

México, donde cultivó su obra

En 1965, en el sur mexicano, sintió la inspiración definitiva para ‘100 años de soledad’

Carácter. Le atraía el poder; en la foto, con el expresidente mexicano Vicente Fox.

Carácter. Le atraía el poder; en la foto, con el expresidente mexicano Vicente Fox.

La Razón (Edición Impresa) / AFP, EFE / México

04:33 / 18 de abril de 2014

Si según el refrán hay que escribir un libro, tener un hijo y plantar un árbol antes de morir, el Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez se fue con los deberes hechos de México, el hogar al que llegó de forma “macondiana” en 1961. “Sin nombre y sin un clavo en el bolsillo”, así recordó una vez el fallecido Gabo cómo llegó a México con su esposa Mercedes Barcha y su hijo Rodrigo para ganarse la vida, dijo, como “intelectual”.

Dos semanas tardó la familia de García Márquez en cumplir su “travesía heroica” en autobús desde Nueva York, donde el colombiano malvivió como periodista de la agencia de noticias cubana Prensa Latina. La estrecha amistad con su compatriota y poeta Álvaro Mutis (1923-2013) y con el intelectual catalán Luis Vicens impulsó su viaje a Ciudad de México donde acabó pasando más de la mitad de su vida alternando temporadas en Cartagena (Colombia), Barcelona (España) y La Habana. “A México le hice llegar yo”, sostenía Mutis.

Fama. Un viaje circunstancial que estaba previsto que durara una semana se convirtió en definitivo para García Márquez, quien recordó que su llegada coincidió con “el día que se mató (Ernest) Hemingway”, el 2 de julio de 1961. “Lo sé porque exactamente en la mañana me llamó (el escritor mexicano) Juan García Ponce y le dije, ‘qué hay de nuevo’”. Éste me contestó: ‘¡¡Qué hay de nuevo!! ¡Que el cabrón de Hemingway se partió la madre de un escopetazo!”, recordó el autor de Crónica de una muerte anunciada (1981).

Alejado de la calidez caribeña de su natal Aracataca, el padre del “realismo mágico” halló en México un refugio en el que escribió gran parte de su obra, cultivó su fama y recibió en 1982 el anuncio de la entrega del premio Nobel de Literatura, que lo abrumó al punto de que se fue a casa de Mutis para esconderse del mundo. “Gabo llegó con una mano delante y otra atrás a México y fueron los amigos los que le ayudaron a sentirse en casa, a salir adelante. Era una especie de desamparo en el que llegó”, explicó su amigo, historiador y autor mexicano Jorge Hernández.

Sus primeros encargos en agencias publicitarias, como escritor de guiones cinematográficos o editor de pequeñas revistas apenas le daban para sacar adelante a su familia, que en 1962 se amplió con el nacimiento de su segundo hijo, Gonzalo. Amigos incondicionales como el matrimonio de escritores Jomi García Ascot y María Luisa Elío se volvieron clave para la subsistencia física y moral de “Los Gabos”.

Les llevaban comida a su casa del barrio de San Ángel, al sur de la capital, compartían animadas noches de tertulia y escuchaban hipnotizados los textos literarios de García Márquez.

“Mientras hubiese whisky, no había miseria”, ironizó nostálgico García Márquez. La situación económica de los García-Barcha era tan delicada que, cuando el escritor decidió dedicarse en cuerpo y alma al universo de Macondo en su obra cumbre Cien años de soledad (1967), debían nueve meses de alquiler y no tenían ahorros para el envío completo de la novela a la editorial en Argentina.

“Tan acostumbrados estábamos a esos tropiezos cotidianos (...) que no pensamos demasiado la solución. Abrimos el paquete, lo dividimos en dos partes iguales y mandamos a Buenos Aires solo la mitad”, sin darnos cuenta de que por equivocación enviamos la parte final del libro, relató el colombiano. Gracias a algunos empeños pudieron reunir más dinero y enviar el resto de la pieza que le aupó a la gloria literaria.

Como contó García Márquez en varias ocasiones, fue en 1965 en el sur del territorio mexicano cuando sintió la inspiración definitiva para escribir la novela que relata la historia de la familia Buendía ambientada en el pueblo imaginario de Macondo.

Paseante habitual del centro histórico de Ciudad de México, Gabo acostumbraba a desayunar en el restaurante de un conocido hotel y tomar una copa en la histórica cantina La Ópera.

Siempre atraído por el poder, trató a personalidades mexicanas como el expresidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) o el magnate Carlos Slim, para quienes fue un “bonito adorno”, según recordó la escritora Elena Poniatowska.

La ganadora del Premio Cervantes 2013, quien lo describe como un hombre “cariñoso”, “sonriente” y “muy accesible”, fue testigo privilegiado de uno de los episodios más sonados y misteriosos de la vida del Nobel ocurrido en 1976 cuando, tras una proyección de cine en Ciudad de México, el escritor peruano Mario Vargas Llosa “le dio un puñetazo y lo tiró al suelo”.

Salvo ese encontronazo, el culto y bohemio México de Gabo fue un campo de cultivo de amistades, que lo unió a los mejores escritores de la lengua castellana como Octavio Paz, Carlos Fuentes, Juan Rulfo y José Emilio Pacheco y cineastas como el español Luis Buñuel. “Cuánta vida mía y de los míos se ha quedado en esta ciudad luciferina”, expresó el propio autor en 1983 al reconocer: “Aquí he escrito mis libros, aquí he criado a mis hijos, aquí he sembrado mis árboles”

Recuerdos de Colombia

Cartagena

Amigo de sus amigos, Gabriel García Márquez solía decir que viajaba por el mundo para visitarlos. A Barcelona llegó en 1967 y se quedó siete años enamorado de una ciudad que le recordaba a Cartagena de Indias (Colombia).

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia