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Migracióninterna, otra forma de hacer patria

Al dejar su tierra de origen, quienes emigran al interior hacen patria en el país, porque participan en su economía, fortalecen sus instituciones y refuerzan el sentido de la bolivianidad.

La Razón (Edición Impresa) / Christian Galindo / La Paz

15:05 / 10 de agosto de 2015

La historia de Bolivia se escribe también con las migraciones internas. Los bolivianos que nacieron en el occidente y llegaron al oriente o quienes son de los valles y viven por décadas en el Chaco. Todos contribuyen en el desarrollo de sus regiones adoptivas y las hacen más propias que las de su origen.   

Según los datos del Censo 2012, en el ámbito municipal, los nacidos en La Paz son los que más migraron a otras regiones de Bolivia en los últimos cinco años. 

En tanto, Potosí y Chuquisaca continúan como los departamentos más “expulsores” a otras regiones del país. Empero, no es extraño ver a un cruceño que tiene su empresa importadora en La Paz, a un cochabambino que dirige un reconocido restaurante en Santa Cruz o a un paceño que tiene sus tiendas comerciales en Pando.

En Bolivia no hay una región que tenga la totalidad de sus habitantes nacidos en su territorio, por lo que Santa Cruz, La Paz y Cochabamba son los tres departamentos más poblados y con mayor migración del interior.

Otra particularidad migratoria al interior del país es la tendencia de que los nacidos en el occidente opten por trasladarse al oriente para trabajar en los sectores agrícola, de la construcción y el comercio, lo que ha dinamizado la economía de dicha región.

De esa forma, se explica por qué Santa Cruz es el departamento más poblado de Bolivia con 2,7 millones de habitantes; y que Pando haya duplicado su población, de 52.000 a más de 110.000 habitantes según el último censo, la mayoría del interior.

La migración interna ha propiciado, además, el intercambio cultural de las regiones y una efectiva conjunción plurinacional que se refleja en la gastronomía de todo el país presente en cada ciudad y en las expresiones folklóricas y culturales de las regiones.

Al dejar su tierra de origen, quienes emigran al interior hacen patria en el país, porque participan en su economía, fortalecen sus instituciones y refuerzan el sentido de la bolivianidad, por lo que también se constituyen en bolivianos exitosos.

Demetrio Pérez, extitular de la Anapo

Iván Condori / Santa Cruz

Cuando se habla de migrantes exitosos en Santa Cruz, surge el nombre de Demetrio Pérez, un hombre nacido en el departamento de Potosí que ha encontrado la superación en suelo cruceño.

A los dos años junto a su familia llegó al municipio de Yapacaní. Dos décadas después se asentó en el municipio de San Pedro, ubicado a 120 kilómetros al norte de Santa Cruz, donde se dedicó al cultivo de soya, maíz y arroz.

Hasta hace poco, Pérez presidía la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), que congrega a 14.000 productores. Por su liderazgo y trabajo, fue electo por dos gestiones de manera consecutiva.

En un momento en que se generaba un quiebre entre el sector productivo y el Gobierno, por las restricciones a las exportaciones y limitación de entrega de carburantes para la siembra, Pérez acercó al empresariado agrícola y la administración de Evo Morales.

Al defender la visión de propietarios individuales que buscan mejorar el rendimiento de sus tierras a través de la incorporación del uso de la biotecnología, el potosino fue el abanderado del “modelo productivo cruceño”.

Ahora es uno de los agricultores medianos más influyentes en el oriente. Señala que su éxito se lo debe al trabajo incansable que se realiza de sol a sol en el campo, y fruto de ello es que Santa Cruz produce alimento para el 70% de la población boliviana.

Cristina Mamani,  magistrada

Yuvert Donoso / Sucre

Cristina Mamani llegó a Sucre como magistrada del Consejo de la Magistratura, tras haber participado en la primera elección por voto popular de las máximas autoridades judiciales de Bolivia. Desde esa instancia, generó políticas para tratar de cambiar la imagen de la justicia.

Mamani dejó La Paz y desde 2012, junto a su familia, radica en la capital del Estado Plurinacional de Bolivia. Durante su mandato, asumió la presidencia del Consejo de la Magistratura hasta marzo de este año. Fue la primera mujer de pollera que llegó a dicho cargo.

Señala que desde que asumió su cargo comenzó a trabajar en tratar de elevar la imagen de la Justicia boliviana, a través de una transformación integral erradicando los niveles de corrupción heredados del Poder Judicial y buscando  una justicia independiente y accesible al pueblo boliviano.

“La Justicia no es una misión sencilla ni se resuelve con el cambio de autoridades, es importante también cultivar la cultura de justicia, paz y servicio en los estantes y habitantes del pueblo boliviano”, afirma Mamani.

En ese contexto, indica que el mejor regalo en el Día de la Patria es el compromiso que tiene, de “seguir trabajando uniendo esfuerzos con el fin de erradicar los convencionalismos políticos y sociales, y lograr una justicia proba, pronta y oportuna, para que los bolivianos logren el objetivo de ser un país unido y desarrollado”.

Luis Vigabriel, emprendedor en la industria de la limpieza

Angélica Melgarejo / Cochabamba

Dejó el norte de Potosí a corta edad, su familia emigró de Llallagua a Cochabamba buscando mejores condiciones de vida, porque “el auge de la minería acabó para mi generación y tuve que dejar mi tierra”, así Luis Vigabriel Ramos, propietario de la empresa de Limpieza Industrial Vigabriel, recuerda cómo arribó a Cochabamba.

Gran parte de su vida transcurrió en el valle; de familia humilde tuvo que buscar empleo a sus 15 años, trabajó en el servicio de lavado de alfombras y paralelamente estudió en colegio nocturno para lograr el bachillerato, posteriormente ingresó al instituto Álvarez Plata y obtuvo el título de Contador General.

Según Vigabriel, con el título bajo el brazo buscó trabajo y no encontró. A sus 23 años y por falta de empleo decidió, en 1991, crear la empresa de limpieza “con solo 100 dólares”, indica. Este emprendimiento le obligó a capacitarse más y estudió Ingeniería Comercial. “Con eso potencié la empresa”, añade, tras explicar que también logró una maestría en Administración de Empresas.

Actualmente es propietario y gerente general de una empresa que cuenta con 140 empleados, la mayoría gente de escasos recursos, mujeres con problemas de violencia familiar, abandono, que además de trabajo reciben apoyo. Hace poco replegó las sucursales abiertas en La Paz y Santa Cruz, en breve abrirá oficinas en seis departamentos con apoyo de “socios estratégicos”.

Presta servicios al sector financiero, desde banca hasta cooperativas, empresas de seguro, AFP, entre otras. El 95% de sus clientes pertenecen a este rubro. En septiembre, la empresa que dirige cumplirá 24 años de servicio. “No fue fácil crecer; dos años casi muero de hambre, pero creo que si uno persevera puede lograr sus sueño”, sostiene.

En el aniversario patrio, Vigabriel dice estar contento con Cochabamba, pero piensa que si hubiera tenido oportunidades se quedaba en su tierra, por eso sueña con gente que no migre a otras ciudades.

“Quisiera que la gente esté en su lugar, que haga crecer su tierra, que los orureños crezcan más en su Oruro, que los potosinos crezcan más en su Potosí, que nadie deje su tierra. A mí me hubiera gustado crecer en mi Llallagua, pero terminó la minería y no hay nada. Y si llegan a Cochabamba u otra tierra tengan emprendimientos con visión de empresa, no hagan cosas sencillas, si venden fresco pónganle marca y así generarán empresa”, aconseja.

Aprovecha la oportunidad para pedir al Gobierno apoyo para el sector empresarial, pequeño y mediano, que también aporta al país.

Lucio Mamani, empresario de la gastronomía y hotelería

Juan Mejía / Oruro

El paceño Lucio Mamani Chura, de 70 años, radica en Oruro desde hace 36 años y se dedica a la actividad de la gastronomía y hotelería, negocio que comenzó en 1995, primero con un local de venta de platos típicos y desde hace cinco años amplió su actividad al sector de la hotelería.

“Cuando llegué de La Paz a Oruro a los 34 años me dediqué a la venta de huevos, llevaba a todas las empresas mineras de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) en grandes cantidades, era un gran negocio vender huevos desde Oruro a las minas”, cuenta el emprendedor.

Agrega que su éxito en los dos negocios se basa en la perseverancia y el esfuerzo que ha desplegado, por lo que hoy en día tiene latente que es fruto de su trabajo desarrollado junto a su esposa Victoria Oporto, quien es orureña.

Llegó a Oruro en 1979, justo cuando estaba en auge Comibol y de la minería. “Hasta 1985 vendí huevos en las minas y luego vino la relocalización con el Decreto 21060, bajaron mis ventas y empecé a dedicarme al restaurante. Primero en la calle Bolívar, luego me vine a la zona de la Terminal de Buses, compramos un lote casi abandonado. Hoy en día mi hotel y mi restaurante se encuentran en una excelente ubicación. Tuve suerte, porque tenemos una buena clientela”, asegura.

El secreto es supervisar todos los detalles desde la compra de los alimentos y especies, la preparación de la comida y la atención a los clientes. Todo para que vuelvan al restaurante o al hotel. Se trata de una atención personalizada, como si se tratara de la familia, dice.

En ocasión de las fiestas patrias, Lucio comenta que ser boliviano es como nacer en un gallinero, cuando uno sale afuera, siente nostalgia por Bolivia, la cultura, comida y música, por su tierra. Por eso, cuando uno está fuera del país y escucha el Himno Nacional extraña más a su país.

“No interesa dónde nazcas, sino que eres boliviano; como lo hice yo, vine de La Paz, pero soy un orureño más, tengo amigos y mucha gente me conoce, y cuando voy a La Paz soy un bicho raro, nadie me conoce, pero aún así soy un boliviano”, comenta.

Lucio nació en Huatajata (provincia Omasuyos, del departamento de La Paz), con su esposa Victoria Oporto tiene cuatro hijos: Edwin (35 años), ingeniero y casado; Adolfo (32), médico y casado; José (21), estudiante y Kantuta (23), ingeniera. Todos radican en Oruro y trabajan por este departamento.

Édgar Valda, historiador y destacado autor

Yuvert Donoso / Sucre

Édgar Valda Martínez decidió dejar su tierra potosina hace ocho años y afincarse en Sucre. Como historiador, escribió el libro Bolivia-Chile, la verdad histórica anula la validez del Tratado de 1904. Con base en su experiencia, propone que el Gobierno nacional motive a la población para que sea parte activa de una salida soberana al océano Pacífico.

Valda es uno de los pocos historiadores potosinos con un título académico de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz.

También realizó estudios de maestría en Educación Superior en la Universidad José Enrique Varona, de Cuba; y actualmente cursa el doctorado en Historia de América con la Universidad Internacional de Andalucía y Huelva, de España.

En su ciudad natal fue director de la carrera de Turismo en la Universidad Tomas Frías; y durante diez años dirigió la Casa Nacional de la Moneda. En la Capital del Estado Plurinacional asumió el cargo de director de la carrera de Historia de San Francisco Xavier; y además es el director del Archivo y Biblioteca de la Arquidiócesis del Arzobispado de Sucre.

Entre sus principales obras están El santísimo sacramento patrono de Potosí; La Virgen de Guadalupe de Sucre; Pueblos chuquisaqueños en la Independencia de Charcas; Bolivia y Chile, la verdad histórica anula la validez del Tratado de 1904; Potosí durante la independencia de Charcas y La Virgen de Copacabana y Potosí.

Valda dijo que el mensaje en ocasión de las fiestas patrias es que los bolivianos mantengan, sobre todas las cosas, la unidad como Estado, y, además, que los órganos Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral realicen su trabajo con mucha más coordinación con el pueblo y de acuerdo con sus necesidades. “En el caso del litoral, se debería buscar que también la población sea parte activa en buscar una salida soberana al océano Pacifico”, recomienda.

Carlos Sequeiros, dueño de una librería

Juan Mejía / Oruro

Carlos Daniel Sequeiros López es un yacuibeño-orureño exitoso que vive en la ciudad de Pagador desde hace 33 años. Pese a ser economista, se dedica a la actividad de la venta de material escolar y de escritorio en la librería y papelería “Comercial Macaral”, ubicada en la calle 6 de Octubre.

Recuerda que llegó a Oruro muy joven en busca de una profesión y estudió Economía, pero se dio la oportunidad de abrir una librería. “Sin duda me ha ido muy bien, no me quejo, tuve éxito en este negocio y estoy feliz de servir a la gente de Oruro y en especial a los estudiantes”, comenta.

Asegura que uno no decide dónde nacer, pero dice que si pudiera escoger, elegiría varias veces Oruro. “Estoy orgulloso de ser un orureño, que es todo un mito por su majestuoso Carnaval, es toda una historia, es un pueblo valeroso, minero, patriótico, luchador, industrial, pero siendo en todo el primero, hoy no se encuentra en primer lugar a nivel nacional”.

Además, afirma que del amor a un terruño nace el orgullo de ser boliviano, “que es un privilegio, no tanto por el gusto ni por la región sino por un país como Bolivia, defenderla con la intelectualidad y el apoyo a la industria nacional, a la cultura, al deporte y a todo lo que signifique progreso”.

Es coleccionista de obras de arte pictórico, de música nacional y de obras clásicas, trabajó alrededor de 20 años en radio Gente con un programa de música chaqueña. “Somos pioneros en la difusión de esta clase de música en Oruro, además de haber organizado el Primer Festival Chaqueño”, comenta orgulloso.

Sequeiros nació en Yacuiba, provincia del Gran Chaco, el 6 de diciembre de 1950; vive en Oruro desde hace 33 años, economista de profesión; está casado con la orureña Magda Suaznábar, concejala por el MAS; tiene dos hijos: Carla (31 años) arquitecta y Álvaro (28) administrador de empresas, y dos nietas: Catalina (dos años) y Renata (dos meses).

Jesús Cahuana, gremialista y concejal

Iván Condori / Santa Cruz

Jesús Cahuana nació en Oruro, fue representante de los gremialistas y llegó a ser alcalde interino de Santa Cruz de la Sierra, ciudad que lo recibió con los brazos abiertos y donde expresa toda su bolivianidad.

Se dice que la esperanza toma la forma de la migración para quienes se desarraigan voluntaria o involuntariamente. Jesús Cahuana pisó suelo cruceño en 1975 y desde entonces hizo raíces y estructuró una familia.

Tras cuatro décadas, es uno de los personajes más influyentes en el sector gremial y en las últimas elecciones fue electo concejal municipal. Para Don Jesús, como le llaman sus amigos, el trabajo y la perseverancia son los pilares fundamentales para alcanzar el éxito, ya sea en su tierra o fuera de ella. Señala que el liderazgo alcanzado se lo debe principalmente al sector gremial, al que considera una familia grande.    Cahuana recuerda que, una vez que concluyó el bachillerato y el servicio militar, salió de su tierra natal en busca de mejores oportunidades.

“Cuando uno es joven, generalmente piensa en nuevos horizontes, y eso dio resultado en mi caso”, asegura.

Al principio no le fue nada fácil abrirse camino, era una tarea pendiente; inicialmente incursionó en la construcción, porque en esa época el rubro estaba en su auge; luego se dedicó al transporte y finalmente al comercio, en este último sector encontró una vocación de servicio en la lucha por los derechos de los gremiales.

En 1995 saltó a la arena política a invitación del extinto Max Fernández, y ganó una concejalía por la tienda política Unidad Cívica Solidaridad (UCS) y en esa gestión fue nombrado alcalde interino de Santa Cruz de la Sierra.

Luego se alejó de la política y se dedicó de lleno a la dirigencia gremial, incluso llegó a alcanzar una representación a nivel nacional. En 2015 nuevamente fue invitado por la UCS y una vez más ganó una concejalía.

Tito Montaño, el primer Ministro de Deportes

Yuri Flores

Es el primer Ministro de Deportes, luego de que el presidente Evo Morales creara esta cartera en 2014 para fomentar el deporte en el país. Nacido en Cochabamba en septiembre de 1963, desde los ocho años Tito Montaño ya jugaba al fútbol, estuvo en equipos de su barrio, luego formó parte del club Enrique Happ y de la selección de su departamento.

A los 21 años debutó profesionalmente, primero en The Strongest donde jugó seis años y luego en Bolívar, por cinco años. Posteriormente pasó por Aurora, de Cochabamba, y la selección nacional.

Paralelamente estudió en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de La Paz, la carrera de Economía, donde obtuvo la licenciatura. Antes de retirarse del fútbol tuvo un paso por el primer plantel de Wilstermann y luego fue director técnico del mismo equipo y de Real Potosí.     

 “Al mismo tiempo y gracias al apoyo familiar desarrollé una actividad de formación académica, creo que hice una combinación perfecta. La vida del futbolista es bastante corta y hay que seguir formándose y haciendo un esfuerzo tanto en lo personal como en lo familiar”, recuerda.

Afirma que de niño sus padres siempre le incentivaron a la práctica deportiva y de igual manera la dedicación a los estudios.

Antes de ocupar el cargo de Ministro de Deportes fue director del Servicio Departamental de Deportes (Sedede), luego por invitación del presidente Morales ocupó la dirección del Fondo de Inversión para el Deporte (FID). Ya en enero de 2014, el Mandatario le posesionó como el primer Ministro de Deportes.

En este 6 de agosto, la autoridad de Estado pide a los bolivianos “que sigamos trabajando y de manera permanente por el engrandecimiento de nuestro país, al mismo tiempo apoyando la gestión de nuestro Presidente, porque consideramos que es el proceso de cambio más importante que ha tenido nuestro país”.

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